Una cita con Josef Gielen
Formado en la Argentina, el director trabaja en Europa
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BERLIN.- Llegó a la Argentina siendo un niño en la década del 40, huyendo de la Alemania nazi y la persecución a los judíos. Su padre, el famoso Josef Gielen, se convirtió entonces en el régisseur de la temporada alemana del Colón, acompañando a celebridades de la época dorada del coliseo porteño. Allí creció y se formó musicalmente en un cerrado círculo de inmigrantes germanos, sin contacto con intelectuales argentinos, como reconoce en la actualidad. Con sus 78 años, Gielen goza de prestigio internacional; es respetado como compositor y está considerado una "institución musical" en Alemania. Luego de ocupar importantes cargos en su carrera es, desde 2001, principal director invitado de la Staatsoper de Berlín, el segundo en importancia después de Barenboim. Su nombre está asociado a la Segunda Escuela de Viena, pero también a los grandes clásicos, y es reconocido, entre otros aspectos, por su rigurosidad de estilo y erudición.
Tras la première de "La forza del destino" en la Staatsoper y la presentación de su autobiografía en la que dedica un capítulo a la Argentina y sus comienzos como asistente de Kleiber y Busch en el Colón (además de sus interesantes apreciaciones del trabajo con otras leyendas, como Furtwängler, Karajan y Klemperer, y de varios capítulos con temas puramente musicales), el director dialogó con LA NACION.
-Con relación a las puestas en escena y sus promociones publicitarias, se dice despectivamente que la ópera se está convirtiendo en un "event". ¿Qué opina Ud?
-Un conductor de TV dijo que yo tengo poco de "event". Lo que sucede es que hago la música sin mover demasiado el trasero... pero la ópera, si no tiene buenos cantantes, orquesta y director, nunca es un "event".
-En teoría los directores reconocen al público como destinatario, pero en el fondo muchos lo consideran ignorante. ¿Por qué se interpreta la música?
-Por mi parte, porque es mi profesión y tengo un interés didáctico tocando los clásicos como Beethoven, para corregir los errores de, por ejemplo, Furtwängler. Personalmente no tengo mucho respeto por el público porque tiene poca cultura y en lugar de chiflar una puesta vulgar la aplauden como locos. Sin público no existimos, pero no me arrodillo frente a él.
-¿Qué sentido tiene el concepto de realización objetiva de la partitura?
-¡Todos dicen que hacen objetivamente lo que está en el texto! Pero las objetividades aparecen siempre filtradas por el cerebro y la cultura del señor X. No existe interpretación sin subjetividad. Puedo tocar Beethoven sólo como creo que se debe tocar. Pero ¿que ése sea el único modo? En absoluto.
-Adorno escribió: "Los grandes directores son raras veces los más precisos".
-El hablaba de Furtwängler, cuya concepción tiene gran "allure" y fuerza. Pero compare la misma sinfonía de Beethoven por Toscanini y verá que el Adorno joven no había llegado a una convicción muy fundada. Es su pecado de juventud. Los más grandes directores, como Kleiber padre e hijo, poseen una gran idea de interpretación y son exactos hasta el extremo.
-En el pensamiento germano la tonalidad se percibe asociada a ciertas ideas, ¿por qué?
-Las asociaciones vienen por las grandes obras que están escritas en cada tonalidad. Si digo Mi bemol mayor ¡es el sol! por el final de "La flauta mágica", la sinfonía de Mozart, la "Heroica" de Beethoven... ¡Do menor, la Quinta de Beethoven!, el 3er. concierto y la Sonata Pathétique, prototipo de lo heroico y del ritmo de la marcha fúnebre. La asociación de ideas es inmediata. No es casualidad que ciertas obras estén escritas en ciertas tonalidades. Yo tengo asociaciones de color con músicas más modernas: "Lohengrin" es un azul diáfano; Do sostenido menor son esas trompetas en "Salomé" en la escena que habla de la sangre.
-Ud. aplica las categorías de "claridad, transparencia y sentido de la forma" como bases de la dirección ¿Por qué ésas y no otras?
-[Risas] Es lo que se me ocurrió cuando escribí el libro... Transparencia implica que las partes de una partitura (verticalmente, en la armonía) deben ser audibles. Claridad es cómo se comportan las partes del movimiento musical entre sí (horizontalmente, en la melodía). Si esas relaciones están precisamente establecidas, las cosas no suceden solas.
-¿Y el sentido de la forma?
-Me refiero a las formas grandes, como los actos wagnerianos, Bruckner y especialmente Mahler. En esos movimientos el tempo debe evolucionar en su velocidad y el director debe crear una jerarquía de planos para la unidad. La manera en que lo hace es como la visión de un general en la colina observando la batalla.
-¿Qué hace hoy que un teatro tenga rango internacional?
-El dinero para pagar grandes cantantes y grandes directores y que sus músicos ganen excelentes sueldos. En la Argentina no es así, por desgracia. Un país rico pero siempre mal administrado... Una desgracia colectiva.




