Una puerta a los misterios del científico John Dee
Se publicó la obra conceptual del cantante Damon Albarn
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Si Blur, Gorillaz o Rocketjuice and The Moon fueron/son proyectos singulares, el cantante Damon Albarn no puede menos que ofrecer, en su labor solista, un trabajo singular. Acaba de lanzar Dr Dee , un disco inspirado en el multifacético asesor de la reina Isabel I, John Dee (1527-1609), que fue concebido como pieza conceptual a pedido del Festival Internacional de Manchester, el último año.
Parece que este buen hombre era matemático, alquimista, astrónomo y astrólogo, apasionado por la filosofía hermética, la adivinación y la invocación de ángeles. Quizá no fuera tan buen hombre si era uno de los que le decían cosas al oído a la reina. Pero más allá de su calidad como persona, se puede afirmar que hizo de todo menos música. O sea, que el trabajo de Albarn pudo tener, en sus primeros compases, tanto de complicado como de arbitrario. Tal vez no sea un dato menor el modo como este músico descubrió al misterioso doctor Dee (¿casualidad? ¿libros de historia? ¿algún comic?); aunque los caminos de la inspiración son insondables y esto quizá no fue algo determinante de la forma y la estética que utilizaría.
Por el carácter devocional de homenaje y por el órgano que suena en la primera pieza y las voces solistas que surgen en las siguientes, se puede sospechar que en un principio hubo una intención de componer una cantata. Sin embargo, la morfología de esta criatura inventada por Albarn atraviesa estéticas de casi medio milenio y muchos dogmas y credos. Porque entre la estética renacentista (contemporánea de John Dee) y la música concreta que abre y cierra el disco hay un inmenso collage de recursos que van de la tradición europea a una pincelada minimalista y tribal.
Damon Albarn no ha inventado nada con esta grabación. Pero lo interesante es que cada track será para el oyente un hallazgo, una nueva cámara secreta para acceder (o al menos intentar) al misterioso mundo del Dr Dee.
Por como canta, por como suenan algunas instrumentaciones, el disco parece transcurrir dentro de una atmósfera sonora neoprogresiva (o neosinfónica) con referencias a cómo sonaba esta música en los setenta. Pero también hay muchos otros elementos a los que supo echar mano y amalgamar sin que por eso suene a pastiche.
Probablemente como el Dr Dee, Albarn es hermético y misterioso, ya desde los primeros versos, donde describe una situación en la colina Silbury (como las pirámides egipcias, un de esos grandes misterios de la humanidad). Veamos qué más hay: "O Spirit, Animate Us", es una especie de salmo psíquico. "The Moon Exalted" tiene los guiños de un recitativo vestido de música antigua y una tercera parte de canción popular del siglo XX. "A man Of England" podría ser la escena de un singspiel. "Saturn" es una pieza casi olvidable (no por la composición sino por la interpretación). Tampoco son demasiado logrados pasajes como "Wathching Comes In The Arternoon", donde Albarn quiso ser más ambicioso con la orquestación. En cambio, "Coronation" es todo lo contrario; brevísimo, resulta una mezcla de coral y pieza del Exposure de Fripp.
La marcha continúa. Al promediar el álbum suena "The Marvelous Dream", una canción popular, totalmente de esta época, o de hace treinta o cuarenta años atrás, que rompe con todo lo anterior. Después expone una pieza contemporánea, para referirse a Edward Kelley, otro esotérico compañero de viajes de John Dee. Y de ahí pasa a una estructura minimalista de tambores, en las antípodas de lo que venía desarrollando.
Es una pena que, al menos en la edición local, el libro interno del CD no traiga las letras. La información que ofrece es escasa. Sobre todo, por tratarse de un álbum tan interesante, que no es de una sola escucha.




