Una voz oriental para cantar los tangos
Recital de la cantante Lágrima Ríos , en el marco del espectáculo "Dos orillas", junto a Alberto Podestá. Con acompañamiento de Hugo Rivas (guitarra). El viernes, en el Torquato Tasso, Defensas 1575. Ultima función: hoy, a las 22.
Nuestra opinión: muy bueno
Hace algunos años, y en especial con el éxito de Compay Segundo, el público tomó especial cariño por los cantores veteranos, esos que rondan los 80 o los 90 abriles.
En eso se mezcla la admiración y el respeto con otros síntomas que tienen que ver con la búsqueda de identidad, de las raíces. Cosas inimaginables en las décadas del sesenta, setenta y ochenta, porque para los que en esos años eran jóvenes lo interesante estaba en el presente y en el futuro. Rara vez en lo que podían traer los mayores, a menos que propiciaran un cambio de posta directo y espontáneo, cosa que no sucedió en el tango. A estas alturas es casi una obviedad hablar de las generaciones de músicos y de oyentes que perdió el tango cuando otros géneros captaron el interés de la gente.
Pero como la música popular siempre es reflejo de los síntomas de cada época quizá se pueda ensayar una explicación para el hecho de que ahora los veteranos se hayan puesto de moda.
Está bien que la admiración y el respeto se manifiesten como un sentimiento que expresa el público cuando uno de estos artistas sube al escenario. Pero en este espacio (la sección Espectáculos de un diario) no hay que dejar de lado otras cosas más relacionadas con el show en sí.
Dueto tanguero
Entonces hay que decir que por estos días -el último fin de semana y hoy, que será la última función- dos cantantes veteranos, el argentino Alberto Podestá y la uruguaya Lágrima Ríos están presentando juntos un espectáculo llamado "Dos orillas", donde cada uno, a su turno, ofrece un repertorio tanguero.
Podestá es, prácticamente, un habitué del escenario del Torquato Tasso y en los últimos años varias veces apareció en las páginas de LA NACION. Lágrima, en cambio, aunque no es una novedad para el público porteño, tuvo la oportunidad de que volvieran a prestarle atención a partir de su participación en el disco "Café de los maestros", publicado a mediados del último año, y en la edición en la Argentina de un disco grabado en Montevideo en 1997, "Canción para mi pueblo".
Por lo mencionado en los últimos párrafos, la calificación que figura al principio de la nota y los comentarios que vienen ahora son para el trabajo de Lágrima Ríos.
"A lo mejor esperaban a una chiquilina rozagante de 18 años y subió al escenario una vieja con el 18 al revés [81]", bromea la morena oriental entre un tema y el siguiente de su show. Y al promediar el recital entona esa frase de "Con permiso" que dice: "Volví porque me llamaron (...) Volví con todas las ganas".
¿Cuál es realmente la Lágrima Ríos que regresa? Es una que tiene la voz gastada y dulce por el lógico paso del tiempo. Es la que sabe de los recursos con los que cuenta en su garganta porque tiene oficio y alma para la interpretación. Dos cualidades que, unidas, definen el encanto de su voz.
Ríos aumenta el caudal cuando la melodía va hacia los graves y se acerca a la media voz cuando anda por la mitad del registro y sube a los agudos. Es elegante y sutil en el bolero o el tango romántico e impone su temperamento para la milonga o el verso lunfardo.
Canta bien acompañada por el guitarrista Hugo Rivas temas como "Padre nuestro", "Absurdo", "Tormento", "Quiero verte una vez más". Después, el bolero "Nosotros". Más tarde, "Vieja viola", aunque aquello de que "la gola se va y la fama es puro cuento" (como dice el estribillo de este tango) sean palabras que, al comenzar 2006, poco tienen que ver con la oriental Lágrima Ríos.






