
Nalé Roxlo y el amor contrariado
La popularidad en tiempos de los próceres
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Durante el Carnaval de 1898, en el barrio porteño de Palermo nació Conrado, el tercer hijo de Carlos Ricardo Nalé y Consuelo Roxlo. La capacidad narrativa del vástago asomó ya en sus primeros años. Su pasión sentimental emergió a los 14. Fulminado de amor, y algo enceguecido, buscó la aceptación de aquella niña que le había trastornado todo su equilibrio. Sin embargo, no fue correspondido.
Conrado Nalé Roxlo entendió que el mundo era cruel o que, tal vez, no había espacio para los dos, es decir, para el mundo y para un hombre tan enamorado. En 1912 decidió quitarse la vida. Analizó distintas opciones y resolvió ahogarse en los lagos de Palermo. Es inevitable pensar en qué medida pudo haber influido la muerte reciente de Armando Roxlo, su tío preferido, ahogado en un balneario de San Fernando, a pesar de haber sido un excelente nadador.
Al igual que su querido tío, Conrado partiría desde las profundidades, en este caso, de un lago en Palermo. Ya resuelto el sistema, se dedicó a escribir un soneto póstumo a su amor imposible, cuyo final decía:
"Perdón por si tu clámide impoluta/ salpicara mi sangre de suicida./ Mas ¡ay! Señor, equivoqué la ruta./ Y ya no hay vida para mí en la vida./ Perdóname, Señor, mas soy la fruta/ que antes de madurar ya está podrida".
Ya no se ven por ahí clámides (capas cortas como las que usaban los romanos), y, menos, impolutas (sin manchas). Sí románticos desbordados como Conrado Nalé Roxlo, que se mostraba decidido a ponerle punto final a su historia. Pero eso no significaba que las últimas horas debieran ser desaprovechadas. ¡Para qué dormir, si ya habría una eternidad para hacerlo! Salió a caminar. "Tras una noche dramática vagando solo de café en café escribió, llegué a la orilla del lago cuando comenzaba a amanecer. Nadie andaba por allí que pudiese salvarme. Todo andaba bien. Corté una ramita para cerciorarme de la profundidad del lago, pero ¡ay!, por más vueltas que di, en ninguna parte había más de 60 y 70 centímetros. Agua insuficiente para una muerte digna. La ironía de la situación me hizo desistir. Verdad es que había trenes y tranvías bajo cuyas ruedas arrojarse. Pero cuando uno ha resuelto morir ahogado..." Vivió 59 años más. Se casaría 13 años después de aquel desesperado trance que estuvo a punto de ubicarlo en un insignificante espacio de la sección policiales de los diarios.
Cuando bastante tiempo después evocó aquel episodio de los lagos de Palermo, hizo un esfuerzo por recordar el nombre de la dama que le había partido el corazón. Fue inútil. En su nivel de prioridades, la señorita se había ido al fondo y él había olvidado su nombre por completo.





