
Omar Cerasuolo: en la radio, la poesía se quedó sin voz

"La música es información", dijo Omar Cerasuolo en el programa Radionauta, por Canal (á) en 2004 cuando le preguntaron acerca del oficio de "pasar discos". Después, la pausa como si mirara a los ojos. El efecto estaba logrado: toda la radio estaba en esa respuesta.
Anoche murió alguien que creía en el poder de la poesía y del silencio, una cara que no se hizo famosa en la televisión, que no ascendió a otras ligas, alguien que eligió habitar el sonido, como decía, y encontraba el arte en las palabras. A los 70 años, en Río Segundo, Córdoba, el lugar donde nació el 29 de junio de 1945, murió Omar Cerasuolo, anuncio que hizo público ayer la nueva directora de Radio Nacional, Ana Gerchenson: "Es y será un ejemplo para todos los que estamos detrás o delante de un micrófono", dijo sobre el conductor de Malambo, por la Nacional Folklórica, emisora que él mismo fundó. Su deceso ocurrió producto de una "patología hepática crónica".
Maestro normal y locutor egresado del ISER, su primer amor de la infancia fueron los poemas, que recitaba en la plaza en las fechas patrias; en la adolescencia su voz clara y cordial colaboraba con el fomento del comercio local desde la propaladora del pueblo, una usina de talentos radiales para los de su generación. Cuando nadie creía en la frecuencia modulada, en 1975 empezó sin ningún tipo de prejuicios en la FM de Rivadavia con un programa mítico, El tren fantasma, la cátedra de música que estuvo al aire hasta 1989, capaz de unir a Sandro con Pink Floyd y a Gardel con los Beatles.
A Cerasuolo, erudito amable, voz de pisada firme, sin apuro para las eses y las comas, le gustaba citar la definición de Daniel Grimbank que consideraba a El tren fantasma como la génesis de la Rock & Pop. Y Bobby Flores, actual director de Nacional Rock, reconoció esa paternidad: "A Omar lo conocimos todos los de mi generación, todos éramos fanáticos de El tren fantasma". En un período donde la censura y el autoritarismo reinaban en la vida cotidiana y en los medios de comunicación, ese programa era una especie de refugio donde se podía disfrutar de la música, conocer mucho de lo que no llegaba y, al mismo tiempo, descubrir -desde esa "cueva" paradójica que menta el nombre- que todavía había un mundo ahí afuera y que en cualquier momento iba a ser nuestro.
"Hay cosas de ese programa que no pudieron ser superadas. Por ejemplo, el armado de las cortinas. Hoy, por la tecnología, se puede llegar a donde quieras, pero nosotros lo hacíamos con una máquina precaria. Y en el ciclo poníamos a los Rolling Stones, AC/DC, Kraftwerk, U2. Fijate que al programa venía de panelista Miguel Abuelo y traía a su hijo, Gato Azul. También venía Luca Prodan. Los Cadillacs eran entonces un grafiti en el Hospital Alemán. Nosotros inauguramos el Café Einstein, con una banda que manejaba Daniel Morano (el productor del programa), Alphonso S'Entrega", contaba a la nacion en 2008.
Pero Cerasuolo nunca fue una viuda del rock. Entró y salió por los géneros musicales con el mismo respeto y curiosidad. Antes de El tren fantasma, había participado junto a Antonio Carrizo -quien murió recientemente- en Los intérpretes, un programa de música clásica; condujo La noche que me quieras, por Continental, ese entretenimiento que permitía "conocer a los camioneros, a los campesinos y a los presos grandes obras -decía-, como Casa tomada, de Cortázar; Misteriosa Buenos Aires, de Manuel Mujica Láinez, o El hombre de la esquina rosada, de Jorge Luis Borges"; y fundó La Folklórica (FM 98.7), en 1999, donde continuó hasta ahora.
Ganador de cinco premios Martín Fierro y dos Santa Clara de Asís por su labor en radio, en 2009 recibió el Premio Fondo Nacional de las Artes (PK) a la Trayectoria. Siempre la poesía, "esa arma cargada de futuro", fue su marca: publicó diez discos con recopilaciones de sus autores preferidos y los libros Xanaes, poesías, canciones y otros relatos, Cartas a la radio y Palabras esenciales. Siempre el afán por compartir con la audiencia en lugar de llevarla de las orejas: la voz al aire del desconocido que escucha, el teléfono al lado, sin filtro, una costumbre que patentó.
Con la muerte de Cerasuolo, la poesía se queda sin voz en la radio argentina. "No hay nada más salvífico que la poesía. Es la gran comunicación con arriba ¿O tu mamá no te acunaba con un cantito rimado? Empecé a hacer poesía porque pensé qué podía hacer que ya no hubiera en el medio. Buscando en el dial, me encontré con que faltaba poesía", dijo alguna vez en una entrevista con este diario.
"Mi meta es que el oyente vea con los oídos. La radio es el teatro de la mente, y todos tenemos nuestro propio libreto", le dijo el maestro a nuestra colega Alicia Petti. Y no hay ni habrá otra metáfora mejor.





