Orquesta Verdi: la construcción del sonido

El prestigioso director italiano Riccardo Chailly regresa al país al frente de la agrupación sinfónica milanesa, que actuará en el Teatro Colón
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31 de mayo de 2003  

MILAN.- La semana próxima llegará una orquesta de nombre extraño y con un director titular que, para no desentonar en cuanto a contrasentidos, no parecería que estuviera ocupando el podio adecuado. Desde Italia, en el marco de Latina 2003, con su plantel de un centenar de músicos jóvenes, para actuar en el teatro El Círculo, de Rosario, y en el Colón, partirá para su gira sudamericana la Orquesta Sinfónica de Milán Giuseppe Verdi, tal su extensísimo nombre y cuya denominación no deja de llamar la atención.

Después de todo, a nadie se le ocurriría crear una Filarmónica Wagner ni, mucho menos, un teatro de ópera con los nombres de Chopin o de Brahms. Pero además, y las rarezas se siguen sumando, Verdi ni siquiera era milanés. Por supuesto, cada hecho tiene su origen y su razón.

Hace exactamente diez años, cuando se decidió fundar una orquesta sinfónica para Milán, fueron convocados ciento quince músicos de las principales academias y conservatorios italianos y cuyas edades fluctuaban entre los dieciocho y los veinticinco años. Su centro de acción fue el Conservatorio Verdi de la ciudad y su sala albergó el primer concierto. Más allá de la voluntad política y los recursos con los cuales se disponía para su financiamiento, el horizonte de la orquesta no parecía ofrecer demasiadas expectativas para un desarrollo muy diferente del de tantos otros organismos juveniles que no son sino terrenos de acumulación de experiencias para poder arribar, con buena fortuna, a alguna orquesta ya formada.

Sin embargo, así como a la Cenicienta le llegó su príncipe, a la Verdi, que así es como se la conoce y se la llama, le llegó Riccardo Chailly. Este director, él sí auténticamente milanés, con una historia riquísima en los campos sinfónico y operístico y amante de los grandes desafíos, decidió aterrizar sobre su ciudad natal y hacer con la orquesta un trayecto que, hasta ahora, ha demostrado ser sumamente exitoso y francamente prometedor.

Disputa beneficiosa

Por qué el titular de la celebérrima Orquesta del Concertgebouw de Amsterdam y, desde 2005, de la Orquesta de la Gewandhaus y de la Opera de Leipzig, y que ha obtenido decenas de premios y distinciones internacionales resolvió sumarse casi quijotescamente a un proyecto que no le agregaba ningún laurel -que, además, no los necesita- puede tener varias respuestas. Pero esencialmente una. Por más de que él no lo diga en voz alta, se sabe que Chailly quiso integrarse a la vida de Milán desde afuera del Teatro alla Scala, el cual es manejado casi discrecionalmente por Riccardo Muti.

Más allá de las versiones, en definitiva, Milán se ha visto ampliamente favorecida con esta supuesta disputa. La Scala, cerrada por reformas y funcionando en el Teatro degli Arcimboldi, sigue siendo uno de los teatros líricos más famosos del planeta. Ahora, a él, se le suma la que será, casi seguramente, la primera gran orquesta italiana de la historia, afirmación tal vez un tanto altisonante, pero que no se aleja demasiado de la realidad.

Como las grandes

El mismo Chailly confirma esta hipótesis cuando se le pregunta por qué nunca hubo una gran orquesta italiana como las alemanas, austríacas, inglesas, rusas, francesas o estadounidenses, hecho que llama la atención, además, por la presencia de una muy célebre y afamada escuela de directores italianos. "Es una conjunción de, por lo menos, dos causas. En primer término, en Italia ha faltado largamente una auténtica cultura orquestal. Incluso en la preparación de los estudiantes de instrumento de los conservatorios siempre se ha privilegiado la carrera concertística antes que el trabajo en ensambles. Pero también la carencia de buenas salas de concierto ha contribuido a esta situación. Los buenos auditorios han sido obra de los últimos años, como el nuestro (ver nota aparte). Y sólo con una buena sala se puede trabajar consistentemente en la construcción de una identidad de sonido."

Condiciones

Para poder seguir avanzando en el desarrollo de una orquesta sinfónica de excelencia, la primera que Italia podría poner sobre el paisaje mundial, Chailly agrega otras condiciones que él juzga imprescindibles. "Cuando acepté la dirección musical de la Orquesta Verdi, me fijé objetivos cronológicos por cumplir. Primero, había que adquirir un muy buen nivel cualitativo y demostrarlo largamente en el ámbito local. Después de tres años, ese objetivo fue cumplido y, el año pasado, hicimos nuestra primera gira internacional en España. Es absolutamente imprescindible que una orquesta se ubique con suficiencia en el concierto mundial. Esta gira sudamericana va a contribuir también a nuestro crecimiento." E, inmediatamente, aclara que "no vayan a creer los argentinos que iremos sólo para adquirir experiencia. Ustedes podrán observar la flexibilidad estilística y el gran funcionamiento de conjunto que ya tiene nuestra orquesta".

Se lo consulta si hay diferencias en la elección del repertorio que él selecciona para las dos orquestas de las cuales es el director titular. "Hay una idea común que es la de conjugar la tradición y la innovación, el gran repertorio y la música del Novecento. Pero, además, existe una historia orquestal distinta y una tradición cultural diferente que yo trato de relacionar e intercambiar. Dentro de la temporada de Milán hemos instalado algunas rutinas que son habituales en Amsterdam o en otras capitales europeas. Cada año, en Pascua, hacemos una de las pasiones de Bach y a fin de año, la Novena de Beethoven. Fuera de abono, además, todos los años hacemos grandes obras sinfónico-corales como el "Réquiem", de Verdi, o el "Réquiem alemán", de Brahms. Asimismo, desde la inauguración del auditorio, venimos haciendo una sinfonía de Mahler por año. En sentido inverso, desde aquí hemos llevado hacia Holanda al sinfonismo italiano, como el de Respighi, por ejemplo, que no se hacía casi nunca. Por otra parte, ésta es una orquesta joven que debe trabajar arduamente en la construcción de un repertorio, algo que no tiene sentido de ser concebido en esos términos con los músicos de Amsterdam."

Experiencia fascinante

Observarlo a Chailly al frente de la Verdi en su auditorio es una experiencia fascinante y diferente. Sin entrar en especificaciones interpretativas o en el análisis de lecturas musicales (aunque no puede dejar de mencionarse que el resultado general es altamente positivo, verdaderamente óptimo y muy estimulante), llama la atención la comodidad y la soltura con las cuales el director se maneja sobre el escenario. Estimula constantemente con aprobaciones ostensibles a los músicos y si bien desde la platea no se le ve el rostro, no cuesta figurarse las miradas de aprobación y las sonrisas que les debe dispensar a sus músicos. Hasta se siente tan suelto con la Verdi y tan en casa en el auditorio que, en un concierto sinfónico dedicado a Puccini, con obras instrumentales y la versión de concierto de "Il tabarro" -en el cual participó, con muy buena aceptación, Darío Volonté -, se permitió conversar con el público y agradecer los aplausos por el "Preludio para orquesta", una desconocidísima obra escrita por Puccini a los diecisiete años, diciéndoles, muy abierto, que si tanto les había gustado, pues que lo iban a tener que escuchar de nuevo.

En los programas que van a ofrecer en el Colón, habrá obras de la tradición europea occidental (Verdi, Beethoven, Brahms) y de la oriental (Stravinsky, Chopin, polaco al fin de cuentas, y Rachmaninov). En ambos conciertos, el solista será Nelson Freire y, según Chailly cree, "el público argentino podrá comprobar las bondades de nuestra orquesta, el potencial que yo creo que podemos todavía seguir desarrollando y la gran flexibilidad estilística que ya hemos adquirido". También se podría agregar que con un director como él, absolutamente dotado, emprendedor e infinitamente musical, no es de imaginar que el resultado pudiera ser otro.

Con espacio propio

Al principio, a la orquesta le alcanzó con la sala del Conservatorio Verdi de Milán. Después, anduvieron deambulando entre este recinto y el Teatro Lírico de la ciudad, un lugar decadente y de mala acústica. Cuando el proyecto comenzó a tomar forma y la orquesta juvenil pasó a ser la gran esperanza sinfónica italiana, con recursos privados y mucha voluntad, se recicló un viejo cine abandonado de los años 30, frente a una plazoleta, el largo Mahler, muy cerca del centro de Milán. La inauguración tuvo lugar en 1999, con la interpretación, todo un símbolo, de la "Sinfonía de la Resurrección", de Mahler. Con viviendas habitadas en su frente e inimaginable desde el exterior, la sala es un prodigio de belleza arquitectónica, de diseño impactante y de muy buena acústica que consta de mil cuatrocientas butacas. En el auditorio, la orquesta ofrece su centenar de conciertos anuales. Pero también la misma orquesta organiza una temporada de jazz, un ciclo de música barroca, conciertos sinfónicos pedagógicos y treinta conciertos de cámara, dominicales y matinales, de los cuales, un 70% está a cargo de miembros de la orquesta.

Para agendar

  • Orquesta Verdi. Para el ciclo Nuova Harmonia. Teatro Colón Libertad 621. Tel. 4378-7100 Miércoles y jueves, a las 20.30
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