
Pablo Echarri: pequeño tratado sobre el arte de besar
Luego de la pesadilla, el actor le pone el pecho a "Resistiré", la nueva telenovela de Telefé
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Tiene 33 años, ha dejado de fumar, dice que, por eso, a veces se pone tan nervioso que le dan ganas "de romper todo", pero ciertamente no ha dejado de ser el tipo macanudo que siempre fue. No obstante, algo ha cambiado: hay ahora en él cierta pizca de apuro, de lejanía y de impaciencia (incluso para hacer las fotos de esta nota) que antes no existía.
Habrá que comprender. Pablo Echarri viene de una pesadilla, la de haber sufrido el secuestro de su padre y la de haber soportado el abuso mediático hasta límites insospechados. Tal vez quiera, de una vez y para siempre, darle una vuelta de página a ese capítulo de su vida para enfrentar un desafío más grato: ponerle garra a la telenovela "Resistiré", que protagonizará junto a Celeste Cid, para Telefé.
Así que en la quietud de su camarín, LA NACION le pedirá que hable del vendedor de ropa que alguna vez fue y volverá a ser para la ficción, de la belleza de su compañera Celeste Cid, de esos besos que hacen suspirar a la platea femenina y, oficio obliga, también le pedirá que hable de aquello que quiere olvidar.
Tirar abajo un pantalón
Pero comencemos desde el principio. Desde los días en que Pablo Echarri era vendedor en un local de ropa y se sentía "un vendedor de ilusiones", un tipo capaz de "tirar abajo un pantalón para poder ponderar una pollera"...
-¿Te quedaron los gajes del oficio?
-Quedó la esencia y la estrategia, pero lo interesante es rescatar la energía de un vendedor. Yo quería un personaje energéticamente muy arriba. A Diego Moreno le pasan, de entrada, cosas muy negativas, como que su ex mujer lo estafa y lo deja en la calle. Pero él es un vendedor. Y cuando tiene que vender no puede pensar en su mujer, tiene que clavarse una sonrisa. Eso es resistir. Y en la TV no me gustan los galanes tristes. Hacer 200 capítulos a un tipo triste es saber que vas a sufrir todos los días. No me gusta sufrir tanto en televisión. Y no quería mostrar a un tipo al que lo estafa su mujer y se mete en la cama y no sale por una semana.
-Es inevitable asociar el título "Resistiré" con tu vida personal y el secuestro de tu papá.
-Y... la ligazón está. Acá hay gente (mira hacia arriba y se ríe) que piensa mucho. Y me parece muy bien. Es un poco estúpido que yo quiera desligar mi vida personal de la de mi profesión porque el medio se encargó de juntarla. Después hay que ver en qué punto dejo que se junte o no. Pero la línea no es tan clara.
-Después de la cobertura periodística del secuestro de tu papá, ¿te replanteaste el periodismo televisivo?
-Hubo gente que hizo macanas y gente que no, pero no podría hablar del "periodismo". ¿Cómo decirte? Cuando la TV empezó a vender un muerto, te digo que a mi viejo yo ya lo tenía muerto en mi cabeza desde el primer día. Lo que correspondería es la autocrítica del periodismo, que va a ser difícil porque los que hicieron las cosas mal están buscando un responsable a quien pasarle la culpa. El límite, digo yo, debe ser la vida de una persona. A la gente no le gusta que se traten algunos temas tan livianamente...
-Y esa gente demostró el cariño que te tiene...
-Eso fue una gran alegría. Y no quiero ponerme místico, pero creo que mi viejo vino sano y salvo porque el amor de la gente lo trajo.
-Cuando pediste que se fueran la prensa y la policía, ¿estabas actuando o estabas siendo?
-Si llegué a ese punto, sin haber dicho una palabra en siete días, fue porque era lo único que se podía hacer. Si fue una actuación o fue efectivo sin serlo no importa. Si no hubiera hecho ese pedido o si no se hubiera ido el periodismo, habría subido a la terraza y les habría dicho a los vecinos: "¿Me ayudan por favor a sacarlos?", y habría sido una batalla campal.
-Para salir de esa vivencia es bueno que en "Resistiré" frente a la desgracia pongas una sonrisa.
-Y esa sonrisa también está porque este vendedor, como muchos argentinos, espera que alguien lo descubra y le diga: "Sos un capo, te voy a llevar a laburar conmigo, te voy a levantar el sueldo y vas a tener la vida que querés".
-¿Cómo influye en esto Celeste?
-Celeste es un ángel que entra por la puerta.
-Ella es un ángel. Pero la gráfica de la novela es fuerte.
-Son fotos.
-Ya lo sé. Digo que la gráfica es erótica y con una sensualidad centrada más en ella que en vos.
-Por supuesto. Con esa belleza, tiene que estar centrada en ella. No puede centrarse en otra persona. Donde entra una mujer en danza se terminó todo. La tensión erótica la llevan las mujeres. Para vender un coche nunca vi a un tipo así... tirado.
-Brad Pitt.
-Pero manejando. ¡Y Brad Pitt! (Se ríe socarronamente) ¡El Celeste Cid de los hombres! Yo pongo todas las fichas a lo que ella le va a aportar a la historia. Es de lo mejor que puede haber hoy para protagonizar una novela.
-Además, hay un juego de oposición: ella es angelical y vos estás cada vez más inflado.
-No, estoy inflado como siempre. Imaginate con tantos pibes atrás ascendiendo, ¿qué querés, que coma guiso todos los días? Ahora, en serio, me estoy haciendo cargo del paso del tiempo, y es bueno que lo haga a los 33 años y no a los 40, cuando por ahí es tarde. Me hace bien correr, hacer gimnasia, haber dejado de fumar. Dejé de fumar porque me estaba muriendo, se me dormían los brazos, me despertaba ahogado. No quiero la sorpresa de un infarto o un cáncer.
-La cuestión es que tu imagen es muy masculina y las mujeres te imaginan como un gran besador. Incluso hiciste esa publicidad de yogur en la que cuando la mujer comía una cucharada, vos aparecías en la cocina y la besabas.
-No me vas a preguntar a mí si las mujeres creen que beso bien...
-Bueno, por lo menos no estoy preguntando si tenés caspa.
-¡El más casposo! Gracias a Dios, no. Bueno, sí, dicen que lo de los besos es así.
-Siendo así, con la fragilidad de Celeste...
- (Interrumpe riéndose) Me querés decir que le puedo comer la cabeza con esta boca... No te creas. Como galán, a medida que fue pasando el tiempo me preocupé por el tema de los besos porque tienen que dar bien en cámara. No beso igual que el primer día que besé en cámara.
-O sea: hay un entrenamiento.
-Noooo. No es un entrenamiento. Es mirar y decir, por ejemplo: "Uyyy, qué gruesa salió la boca". Aprendés que a veces da para abrir los labios, a veces no, a veces da para usar mucha fuerza, a veces no, a veces siendo suave es más interesante. Y a la hora de hacerlo, decís: "A ver..."
-Acá va un B4. ¿Tenés catálogo de diez o quince besos, digamos?
-No los tengo catalogados, pero ponele que es así, aunque no tan consciente. Una escena de amor suena como una canción y si el beso tiene un tono que no corresponde, desafina. Lo sentís en el cuerpo.
-Pero van a jugar con tu fuerza y la fragilidad de Celeste.
-Sí, vamos a jugar con eso. Celeste es frágil, pero aparentemente: labura como loca y quiere que las cosas queden bien. No la voy a revolear por los aires, o sí, pero voy a tratar de que no se lastime. Ahora, en la relación de los dos personajes...
-... El pobrecito vas a ser vos.
-No te quepa la menor duda. Porque ella no necesita fuerza para hacerme sufrir a mí. Y eso es lo más maravilloso de la vida.
-Es la fortaleza de la fragilidad.
-¿Qué otra cosa necesita una mujer con esa cara? Los músculos son para los giles.
Nace un amor...
Diego Moreno: tiene 30 años, es soltero y trabaja como vendedor de ropa masculina. No termina de armar su proyecto de vida y, ante una ruptura amorosa después de una larga relación de pareja, vuelve a la casa de sus padres. En verdad tiene un doble dolor: su mujer no solamente lo ha abandonado, sino que lo deja en la calle y, por si fuera poco, lo estafa en más de siete mil pesos. Sueña con que alguien lo salve, lo descubra. Mientras tanto, apuesta a su familia, a sus amigos y a su barrio. Hasta que un día, por la puerta del local de ropa, ve entrar a un ángel, ve entrar a... Julia.
Julia Malaguer Podestá: es estudiante de Psicología y le faltan dos materias para recibirse. Es de clase alta venida a menos y comparte un pequeño departamento con una amiga. Su novio, con quien está comprometida, es la posibilidad de recuperar su posición social y económica. Ella cree que está enamorada y que su vida está bajo control. Hasta que al entrar en un negocio conoce a... Diego.
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