Pato Galván, a la deriva y sin nuevas propuestas
"El animador", programa humorístico conducido por Pato Galván, con la participación especial: Edda Bustamante. Realización: Carlos Abdo. Dirección: Juan Pablo González. Por América, de lunes a viernes, a las 23.30.
Nuestra opinión: malo
En una de las emisiones de la semana inaugural de "El animador", Pato Galván recordó con uno de sus invitados ocasionales, Horacio Cabak, el paso de éste por el anterior ciclo nocturno del animador que acaba de instalarse de nuevo en ese horario "a pedido" de un segmento de la audiencia todavía no especificado.
Al ver el tape, un guiño cómplice unió a Horacio Cabak y a Pato Galván en el recuerdo de aquellos viejos tiempos de aquel programa que fue "Atorrantes", ciclo de fines de la década del noventa probablemente más recordado por su título que por lo que dejó como divertimento televisivo.
Tras una idea antigua
A juzgar por el modo en que festeja su vuelta a la noche de América, el empeñoso Galván no buscaba otra cosa que reivindicar la idea de "Atorrantes".
Y lo hizo a tal punto que entre la grabación que puso al aire junto a Cabak y lo que vimos a lo largo de esta primera semana no hay diferencia alguna.
Antes y ahora el menú tiene los mismos ingredientes pensados para terminar el día con alguna degustación picante: juegos demasiado parecidos (por no decir francamente iguales) a los de "Atorrantes" con preguntas que mezclan constantemente el deporte con el doble sentido, personajes que juegan todo el tiempo con el equívoco sexual, chistes ajados en la misma dirección y una lista de invitados siempre convenientemente adaptada a ese perfil.
Es cierto que la medianoche sugiere un clima más relajado y la posibilidad de hablar de ciertos temas por su nombre.
Pero hasta la producción menos exigente debería respetar ciertas reglas básicas capaces, por lo menos, de determinar cuál es la diferencia entre una charla de amigos y un programa de televisión.
Sin límites claros
"El animador" no parece tener en claro ni siquiera cuál es la línea más delgada que separa a una de otro. Porque Galván interrumpe en cualquier momento y sin una razón aparente para convocar a algún personaje o dejar que otros entren y salgan de la escena para competir entre ellos a ver a quién de todos pertenece la intervención más desordenada.
Y nunca sabremos si el invitado de turno tenía algo más para hacer o decir que el festejo ruidoso de chistes vulgares o la intervención en el entretenimiento del día.
Cuando Galván, con su vestimenta estrafalaria, se mueve de un lado al otro del espacioso estudio ambientado (como tantos otros programas de estos días) a modo de moderno loft, parece más a la deriva que dispuesto a aprovechar el privilegio de contar con cinco horas semanales de aire en un canal abierto para acompañar a los televidentes en el cierre de cada jornada con un mínimo de ingenio.
"Atorrantes", al menos, tenía la frescura y el entusiasmo que conlleva alguna idea nueva. Galván y su equipo, que tratan de disimular con forzado fervor la poca convicción que les genera esta propuesta, sólo podrían animar al televidente jugando a recordar aquella experiencia en vez de gastar esfuerzo con resultado nulo en este aburrido intento por repetirla.





