En su casa de Pilar, padre e hija posan juntos por primera vez
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El le dice cariñosamente "Porota" y ella, cada tanto, le tira un "Popi". En la intimidad de su casa en Pilar, Alejandro Awada (53) aprovechó un stop en las grabaciones de la miniserie Historia de un clan –basada en los Puccio– para reencontrarse con su única hija Naiara (21), fruto de su relación con la bailarina Melanie Alfie. El día libre fue la excusa perfecta para jugar un partido de golf a la mañana. "Soy un queso jugando. Yo sólo lo acompaño porque es una manera de estar juntos y compartir un poco lo que nos anda pasando", cuenta Naiara, quien, al igual que su padre, decidió apostar a la actuación. Tras debutar en cine y televisión, estrenó la obra Enfermedad de juventud y su padre, por supuesto, estuvo presente. "Estaba muy nervioso, pero de alguna manera intuía que estaba todo bien. Y desde ese lugar pude disfrutar su trabajo. Lo mejor fue encontrar en mi hija a un par. Hace cuatro años tuvimos la posibilidad de compartir un capítulo de la miniserie El paraíso y sentí que estaba frente a una colega. Y eso fue maravilloso", dice Alejandro.
–¿Sentías que era inevitable que Naira se dedicara a la actuación?
–Es hija de una bailarina y ya bailaba estando en la panza de su madre. Y a mí me acompañó al teatro desde chiquita, de hecho conoció la mitad de Argentina haciendo giras conmigo. Tengo una anécdota muy linda de cuando yo protagonizaba Justo en lo mejor de mi vida junto a Luis Brandoni. Nai me acompañó a la gira y después de venir a todas las funciones se había aprendido de memoria el parlamento de Valeria Lorca, que hacía de mi hija. Tenía 7 años y se moría por ocupar ese lugar.
Naiara: -Soñaba que ella se enfermaba y yo la tenía que reemplazar a último momento. [Ríe].
–Naiara, ¿qué es lo que más te apasiona de esta profesión?
–[Piensa]. A través de este oficio puedo transformarme en diferentes personas y "descansar de mí". Soy muy feliz, pero la verdad es que cada vez que tengo la posibilidad de crear un personaje, de alguna manera, me alejo de mí. Las cosas que no me animo a hacer en la vida las canalizo a través de la actuación. Y en ese camino, sin dudas, voy descubriéndome. De repente me toca interpretar a una mujer supersensual y eso desafía mis propios límites. En el escenario vale todo y eso te entrena para la vida.

–¿Ya le presentaste un novio a papá?
–No, hasta ahora no. Necesito estar segura de que le va a caer bien… Además, siempre pensé que si le presentaba a alguien tenía que ser algo serio, pero eso todavía no pasó.
–¿Sos un papá celoso, Alejandro?
Alejandro: –Ella dice que sí y que además soy un cuida, pero yo creo que no. [Se ríe]. Es verdad que soy un hombre celoso por naturaleza, pero con ella me parece que no soy así…
Naiara: -¡Sos re cuida! Hay una escena en la obra en que me doy un beso con un chico y mamá me contó que en ese momento te pusiste nervioso y bajaste la mirada. Lo importante es que él hace un esfuerzo para no serlo. [Se ríe]. Es un padre muy pata.
Alejandro: -Yo sólo quiero que la quieran bien. Con decirte que tengo muchas, pero muchas ganas de ser abuelo. Falta un montón, pero cuando llegue el momento sé que lo voy a disfrutar enormemente… Me voy a ocupar de malcriarlo como corresponde.
Naira: -El fantasea todo el tiempo con esa idea. Me dice: "Cuando vos tengas a tus hijitos"… Y yo le digo: "¡Pará! No tengo un novio y ya me querés encajar un pibe". [Lanza una carcajada].
–¿Cuál creés que es el mejor consejo que podés darle a Naiara?
Alejandro: -El hacerse desde abajo, construir algo de la nada misma y pelearla para conseguirlo. Eso es lo que intenté transmitirle a ella. Que lo que desee lo trabaje a fondo y que no cuente conmigo para abrirle puertas. Es ella la que tiene que hacer su propio camino y es lo mejor que pude y puedo hacer por ella. Hoy todo lo que Nai consiguió lo tiene por mérito propio y eso me llena de orgullo.
Naiara: -Papá siempre me dio mucha libertad, nunca se metió en mi carrera. Jamás me dijo: "No, hija, no hagas eso". Yo sé que para él como actor debe ser muy difícil no meterse y dejarme ser. Así como la actuación le dio muchas satisfacciones, también sé que sufrió mucho y no le gustaría verme sufrir. Recuerdo que un día le pregunté si estaba de acuerdo con que me dedicara a esto y me contestó. "Yo quiero que vos te dediques a lo que te haga feliz".
–Alejandro, ¿en qué te ves reflejado en Naira?
–¡Qué pregunta! Me gusta mucho cómo es ella. "Porota" es una mujer de una enorme sensibilidad, tiene gran capacidad para escuchar, comprender y expresarse. Es una persona muy noble y sabe entender el lugar del otro. Y al mismo tiempo, es tenaz. Quizás en eso nos parecemos, en la tenacidad y en salir adelante.
–¿Qué hacen cuando están juntos?
Alejandro: -La charla, el diálogo entre mate y mate es un momento que disfrutamos mucho. Ahora que lo pienso, hace mucho que no vamos al cine… Lo cierto es que ella tiene 21 años y para vernos tengo que pedirle turno.
Naiara: -Lo más lindo de nuestra relación es que yo confío mucho en él. Puedo decirle las cosas sin miedo y por eso nunca le oculté nada. Más allá de la admiración que siento por él como actor, antes que nada es mi papá, es la persona que me dio la vida y el que me acompañó en los momentos más importantes. Es un padre muy presente y se las arregla para llamarme cincuenta veces por día y juntarnos a almorzar comida árabe, que nos gusta a los dos.
RETRATO DE FAMILIA

En Historia de un clan, la nueva ficción de Underground, Alejandro compone a Arquímedes Puccio, el cerebro de la familia que en los 80 secuestró a cuatro empresarios –tres fueron asesinados– de San Isidro. La historia le pega de cerca a Alejandro porque su padre, Abraham Awada, fue secuestrado en 2003. Si bien no quiere hablar de este tema "nunca más en la vida", sí ensambla con orgullo el retrato familiar. "Mi padre llegó del Líbano cuando tenía 6 años. Hay una foto extraordinaria donde se puede ver a mi abuelo, mi abuela, mi padre de 5 años, su hermano de 6 y una bebita. Con esas vestimentas, esa impronta, esa mirada de recién llegados a Argentina. Es muy conmovedor", dice el hermano de Juliana Awada (40), con quien el actor reconoce un acercamiento después de haber estado distanciado durante un largo tiempo.
–¿Cuál fue la mejor herencia de tus padres?
–Mi padre empezó a trabajar a los 7 años, era peón de carnicería. El me contaba que hacía el reparto y para paliar el frío se ponía papeles de diario bajo la camisa. Me lo decía lleno de orgullo y a mí me provocaba ternura y admiración. Tanto él como mi madre desarrollaron juntos un proyecto matrimonial que fue la creación de un humilde negocio de venta de ropa en Villa Ballester y que luego de cincuenta y cinco años hoy es una empresa que se mantiene en el mercado. Ese es la mejor herencia: la cultura del trabajo. Mis padres siempre fueron muy tenaces con respecto a lo que querían y han sido muy consecuentes con querer progresar. Naiara sigue esa misma línea. Su nombre significa algo así como ‘la más linda de la tribu, o princesa de la luna’, pero para mí es una pequeña gran guerrera.
Texto: Jacqueline Isola
Fotos: Matías Salgado
Producción: Georgina Colzani
Maquillaje y peinados: Guillermo Coradello, para Sebastián Correa Estudio, con productos Lancôme
Agradecimientos: Lacoste, Paula Cahen d’Anvers, Rapsodia y Rochas
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