El nieto del magnate de la comunicación descubrió su “lugar en el mundo” en Uruguay, la tierra de su mujer. Frente al Atlántico, sobre una parcela solitaria de tres hectáreas, construyeron su refugio de 1250 metros cuadrados
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El movimiento rítmico de las olas, las palmeras que se mecen con el viento, el zumbido de las abejas entre los azahares…, estos son los sonidos de Villa Nautilus, el paraíso de casi 3 hectáreas y 1250 metros de construcción que Austin y Gabriela Hearst edificaron en José Ignacio para refugiarse del mundo y sus presiones. Un lugar increíble que se disfruta durante todo el año con los cinco sentidos, y en el que el desayuno se toma en un balcón bañado por el sol, el almuerzo, en la sombra de una galería y la cena se sirve a la luz de varias antorchas.
Villa Nautilus es una propiedad ubicada entre árboles y dunas de arena en la que el tiempo pasa sin avisar y donde sus dueños –que se casaron en junio de 2013 en una de las bodas más comentadas entre la alta sociedad neoyorquina– reciben con frecuencia a sus amigos de todo el mundo. Diseñada por el arquitecto Javier Gentile y decorada por el interiorista Hassen Balut, la villa es un reflejo de buen gusto y un muestrario de los trabajos más refinados hechos por artesanos locales. "La primera vez que viajé a Uruguay –cuenta Austin– fue en el verano. Al llegar, tuve la feliz impresión de que por fin había encontrado el paraíso. Y hasta el día de hoy esa primera impresión no cambió ni un poco. De hecho, encuentro muchas cosas en común entre los litorales del este uruguayo y Los Hamptons, el exclusivo reducto en la costa este de Estados Unidos en el que veraneé con mis padres desde que era pequeño", cuenta. Por eso, para quienes los conocen bien no fue una sorpresa que él eligiera José Ignacio como lugar ideal para tener una casa. "Decidí construir Nautilus –explica Austin– porque está ubicada en un pueblo virgen con todas las comodidades, una rareza en el mundo de hoy. Cuando encontré el terreno no lo dudé ni un minuto, porque nuestras otras casas (un townhouse en el Meat Packing Disctrict de Manhattan; una estancia en Paysandú, al oeste de Uruguay; un departamento en el hotel Pierre de Nueva York; y un rancho en California) no tienen salida al mar".
Desde el inicio, los Hearst pensaron una construcción que conviviera en perfecta armonía con la naturaleza. Dueña de una arquitectura lineal, altos muros pintados de blanco y cúpulas que sobresalen por encima del techo, la casa está ubicada entre arbustos, hortensias y árboles centenarios, para dar como resultado un collage blanco y verde que combina con el intenso azul del cielo. Y la bautizaron con ese nombre porque el dueño de casa es un aficionado a las historias de Julio Verne, y Nautilus se llamaba la nave del Capitán Nemo en Veinte mil leguas de viaje submarino.
Allí, el nieto de William R. Hearst y su mujer Gabriela reciben en exclusiva a ¡Hola! para hablar de su "lugar en el mundo" y de lo que representa Uruguay en su historia de amor.
"ESTE LUGAR TIENE UNA MAGIA SINGULAR"
–Gabriela, ¿cuál es tu primer recuerdo de Punta del Este?
–Son tantos los recuerdos de este lugar que sería difícil elegir. Me acuerdo de que siendo niña, siempre sentía una inmensa alegría cuando llegaba a Punta Ballena y veía a lo lejos la inmensa propiedad del gran artista Carlos Páez Vilaró. Los días se me pasaban volando entre las visitas a la casa de La Mansa de mi abuela Kitty, las tardes jugando en las maquinitas de la calle Gorlero, las fiestas matinée del Club del Bosque, que eran las únicas a las que todos los padres dejaban ir a sus hijos adolescentes. Recuerdo que mi padre mandó traer caballos y ovejas a nuestra chacra de El Chorro para que se pareciera más a la estancia y no perdiéramos la costumbre de estar rodeados de animales.
–¿Qué significa esta ciudad para vos?
–Creo que tiene una magia singular. Esa mezcla entre la vegetación, el mar y la naturaleza hacen que el entorno sea realmente increíble. Hace catorce años que me mudé a Nueva York y debo confesar que una de las cosas que más añoro es la playa de Punta del Este.
–Como uruguaya, ¿qué es lo que más extrañás de tu país cuando te vas?
–Sin duda, a mis seres más queridos. Porque desde que aterrizo en el aeropuerto de Carrasco ya todo cambia y la alegría de la gente me modifica el humor. En este país todo es más tranquilo y el ritmo de la vida es muy distinto al de otros países. Por supuesto que extraño mucho comer asado los domingos con mi familia y amigos. Gracias a los grandes artistas y escritores uruguayos –como Joaquín Torres García, Juana de Ibarbourou, Eduardo Fabini, Juan Zorrilla de San Martín, Pedro Figari, Juan Manuel Blanes, Rafael Barradas, José Cuneo…–, me di cuenta de que crecí en un país en el que hay una enorme sensibilidad por el arte. Me encanta recorrer Uruguay y descubrir que hay monumentos en honor de estos hombres y mujeres y que sus obras son las que ilustran nuestros billetes. Me parece algo muy profundo porque son ellos quienes dibujan el alma del país.
–¿Podríamos decir que Punta del Este es tu lugar en el mundo?
–¡Indudablemente! Estas playas y el extenso campo del interior uruguayo son por lejos los lugares en los que mejor me siento. Convivir con estos paisajes hace que me transforme en otra persona en solo tres días. Son tantos los recuerdos que guardo de mi tierra que este lugar sigue muy cercano a mi corazón.
"QUERIAMOS UNA CASA DONDE LA VIDA TRANSCURRIERA SIMPLE Y TRANQUILA"
–Austin, ¿qué los llevó a decorar Villa Nautilus con este estilo?
–Las únicas consignas que le dimos a Hassen Balut fueron que queríamos una casa repleta de luz, decorada con obras de artistas locales y con grandes vistas al mar. Nos interesaba que en todos los detalles se reflejara nuestro amor por el arte y la naturaleza y donde la vida transcurriera simple y tranquila. Le dimos como referencia el estilo con el que se han decorado muchos resorts de la cadena Aman, una de nuestras favoritas. Y debo admitir que el resultado fue increíble.
–Es evidente que son unos grandes anfitriones... ¿Cuál es el secreto?
Austin: Creo que lo más importante es que los invitados se sientan cómodos, además de que la compañía sea siempre interesante y divertida. Mi madre me enseñó que cualquier grupo no debe exceder los ocho o diez invitados, así pueden darse buenas charlas durante las comidas.
Gabriela: Si vamos a recibir gente para cenar, intento elegir el menú con anticipación, pienso en los detalles de mesa, lleno la casa de flores. Pienso dónde ubicar a cada invitado para que se sienta cómodo y pueda charlar con la gente que tiene a su lado. Tengo que aclarar que todo lo aprendí de mi abuela, que era una gran anfitriona y siempre estaba pendiente de todos los detalles.
VIDA EN FAMILIA
–¿Cómo es un día durante sus vacaciones en José Ignacio?
–Nos levantamos un poco más tarde que en Nueva York y desayunamos en familia en la terraza viendo el mar. El almuerzo generalmente lo hacemos con nuestros vecinos, que son nuestros mejores amigos y con quienes siempre tenemos garantizada una buena comida llena de anécdotas y risas. Nos encanta dormir la siesta en la galería y juntarnos a tomar el té en el patio interno de la casa. Por la noche recibimos invitados o salimos al pueblo a comer pescado fresco y a reunirnos con amigos. Mis amigas se sorprenden de lo relajada que soy cuando estoy en Punta, ya que están acostumbradas a verme todo el día acelerada con una agenda repleta de compromisos. Es por eso que siempre que puedo me refugio en la paz que emana este lugar.
–¿Tus hijas disfrutan de este lugar?
–Por supuesto. Se ponen tan felices como yo cada vez que venía de chica. Hay tanto para explorar y jugar al aire libre que es imposible que no se diviertan. Me encanta verlas cambiar la rutina neoyorquina por la naturaleza. Además, considero que es muy sano que tengan contacto con sus raíces. Un área de la casa es solo para ellas, y se convierte en un territorio para juegos y fantasías infantiles.
"GABI ES MUY SENSIBLE Y EMOCIONAL"
–Austin, veo que estás muy enamorado de Gabi, pero también de Uruguay. ¿Qué es lo que más disfrutás de este país?
–Uno de los lugares que conocí con Gabi fue Paysandú, la localidad al norte del país donde los Perezutti tienen una de sus estancias, y debo confesar que fue ahí donde terminé de enamorarme de este país. Uruguay es irresistible, no solo porque su naturaleza es fantástica, sino porque está aislado, y contar con esa privacidad es un verdadero lujo. Estar en el medio del campo sin ver ningún otro edificio más que el verde de la pradera y los animales pastando no tiene precio. Además, la familia y los amigos de Gabi son encantadores y disfruto mucho estar con ellos, porque los uruguayos tienen una personalidad muy particular, son educados y a la vez simples y cálidos.
–Punta del Este fue uno de los escenarios de su historia de amor. ¿Qué es lo que hace especial a este lugar?
–Las puestas de sol son maravillosas y ni hablar de las noches estrelladas con luna llena. Creo que en ningún otro lugar del mundo he visto algo igual. Soy una persona de agua, y estar cerca del mar es fundamental para mi estado de ánimo.
–¿En qué aspectos de su personalidad considerás que Gabi refleja su identidad uruguaya?
–Ella en el fondo es una chica de campo por cuyas venas corre sangre latina y eso la convierte en alguien muy sensible y emocional. Considero que su honestidad y su sinceridad son un fiel reflejo de lo que es la sociedad uruguaya. Gabi siempre dice con orgullo que en su país hay pocos habitantes, ya que de lo bueno hay muy poco. Creo que tiene toda la razón.
Texto y producción: Rodolfo Vera Calderón
Fotos: Tadeo Jones
Maquillaje y peinado: Fabiana González
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