Cuarenta y nueve años después de que el genial Nicolás García Uriburu tiñera de verde flúo las aguas del Gran Canal, se inauguró una muestra en su honor en la prestigiosa “Biennale”
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Fue el último proyecto de su padre, Nicolás García Uriburu, quien ya había confirmado su participación en la edición 57 de la Bienal de Venecia cuando la muerte lo sorprendió, el 19 de junio de 2016, en Buenos Aires. Su nombre y su obra estarán por siempre relacionados con la ciudad del amor: otro 19 de junio, pero de 1968, el pionero del land-art tiñó de verde flúo las aguas del Gran Canal en lo que se convirtió en su máxima performance.
Días atrás, Azul García Uriburu (46), su única hija, completó el plan inconcluso de su padre: participó de la inauguración de la muestra homenaje que la Bienal y Venecia le rindieron al artista, cuarenta y nueve años después de aquella mítica performance, que le valió a Nicolás el reconocimiento internacional.
Vestida de “verde Uriburu”, con un traje que le confeccionó su hija Milagros Pereda, Azul se mostró profundamente emocionada con la exhibición que coordinó la directora de artes visuales de la bienal, Christine Macel, y que integra la exposición central titulada “Viva Arte Viva…”. “Voy a llevar adelante su legado con mucho orgullo y alegría, para los argentinos, uruguayos y el mundo”, dijo tras recorrer la muestra.
- Texto: María Güiraldes
- Fotos: Cortesía de La Biennale di Venezia
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