Claudio Orellano: cómo fue ser la voz insignia de Crónica, sus coberturas más importantes y su inesperada vuelta a la TV
En una íntima charla con Pía Shaw, el periodista y locutor repasa con humor y franqueza los momentos más importantes de su carrera; la radio como su primer amor, las placas rojas que lo transformaron en un personaje popular y su nuevo desafío junto a Ángel de Brito en LAM
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Es dueño de una de las voces más reconocibles del medio. Su estilo enfático y su manera particular de presentar las noticias, lo convirtieron en una figura clave del periodismo televisivo de los años noventa. Su voz -asociada para siempre a las placas rojas de Crónica TV- lo transformaron en un personaje popular que aún hoy muchos identifican con solo escucharlo hablar. “Yo soy de la generación que se subía a un taxi y el taxista le decía: ‘Crónica TV’. Era muy gracioso porque era 2003, yo ya trabajaba en Radio Nacional, pero seguían con la idea de Crónica TV y la risotada mía con el pitufo Enrique”, le cuenta Claudio Orellano a LA NACION sobre aquellos años de su carrera.
Sin embargo, su trayectoria va mucho más allá de ese período que lo catapultó a la fama. De hecho, su primer gran amor fue la radio. “Cuando trabajaba en el banco y venían los días feriados, me iba la radio a visitar los programas. Hice mi primera suplencia con Antonio Carrizo, un ser maravilloso, entrañable, que lo sigo extrañando. Y ni que hablar de Héctor Larrea, maestro de maestros”, recuerda quién trabajó en emisoras como Radio Rivadavia, Radio Nacional y Radio Libertad.

Hoy, 25 años después de participar de aquella primera emisión de Intrusos, el periodista vuelve a la pantalla de América con un nuevo desafío: ser el locutor de LAM. “Cuando me llegó la propuesta me sorprendí gratamente. La verdad es que fue un gran reconocimiento de parte de Ángel”, confiesa feliz por este presente.
-¿Te siguen relacionando con Crónica?
-Sí, alguna gente sí. Y pensar que fueron menos de siete años porque comenzamos en el 94 y terminamos casi al final de 2000, cuando yo decidí irme. Ahí prontamente me contrata Rial para hacer Intrusos. Estuve en el de 2001, hace 25 años.
-¿Por qué te fuiste de Crónica?
-Me fui por un tema salarial. Un día estábamos en la redacción y vino García muy suelto de cuerpo y dijo: “Les voy a bajar el sueldo a todos”. Fue después de que Bullrich (que era ministra de De la Rúa) decidió bajar el 13% a los empleados públicos de la salud y quitar la partida a la educación. Una parte del empresariado se agarró de eso y empezaron a bajar los sueldos. Entonces yo me le planté a García porque yo le fui muy leal laboralmente. Ahora cuando le tenía que decir algo, se lo decía.
-¿Sentís que él fue tu creador?
-No, no. Me voy a remitir a lo que me dijo un día Alicia Petti hace muchos años: “Vos hiciste popular a Crónica TV”. Teníamos buena onda, entonces le digo: “Alicia, vos me queres demasiado. El canal también me hizo popular”. “Sí, sí, sí, el canal te hizo popular, te dio la oportunidad. Pero vos hiciste popular a Crónica”.
-O sea, fue un 50 y 50…
-Yo creo que sí. García me descubrió; en realidad el que me descubre es Gavilán y después aparece García en ese casting. Llega y cuando me escucha, dice: “¿Quién es este boludo?”(risas). Fui el último en anotarme y el primero en aprobar. Lo más lindo de esa prueba fue que Gavilán le dijo al resto: “Quiero que todos hagan lo que hizo Claudio Orellano”.
-¿Qué hiciste en esa prueba?
-Tenía que hacer una presentación de un móvil, una lectura de noticias y una improvisación. Yo había tenido algunas incursiones en TV pero era un hombre de radio. Gustó mucho y a la noche recibo un llamado de Rosita Sueiro. Yo había llegado a Crónica TV por ella porque le dije: “Yo nunca me entero de los casting o las pruebas en los canales. Ahora veo que García va a sacar Crónica TV. ¿Con quién tengo que hablar?”. Y ella me manda con Cacho Paredes. Fui al canal y le digo: “Cacho, quiero ser la voz institucional del canal”. Quería ser la voz, ni siquiera quería ser conductor. Me dice que ya tenían la voz (¡mentira!) y veo una lista con nombres en una de las mesas de la redacción. “¿Y esta lista de qué se trata?”, le pregunto. “Es una lista de presentadores que se va a hacer una prueba el 26 de noviembre”. Como buen periodista, redactor y locutor, saqué mi lapicera, anoté mi nombre en manuscrito y era el último. Era el número 26 y gané. Esa noche me llama Rosita y me dice: “¿Decime qué carajo hiciste para que Gavilán y García estén tan enamorados de vos?”.
-¿Y qué hiciste?
-Nada, trabajé como trabajaba en Rivadavia con estridencia. Presenté las noticias de manera impactante; es decir, casi a los gritos. Me dice: “Te van a dar el horario principal: de 14 a 22”. Eran ocho horas en vivo. A todo esto, yo estaba en Radio Libertad, que la manejaba Romay. Entonces en una época laburé con Romay y con García; ¡mirá qué vida la mía! Romay era un delirante divino.
-¿Ganaste mucha plata en esa época?
-En la radio ganaba bien porque un día me puse firme. La dirigía Chiche en ese momento. Un día me llama Mauro (Viale) y me dice: “Che, voy a empezar en la 990 (que la dirigía Sofovich). Quiero que hagas los informativos de la medianoche y de las 6 de la mañana”. Lo hice una semana. Me ofrecían buena guita pero no había contrato. Pedí una semana de licencia en Radio Libertad y a Chiche le picó: “¿Cómo que Claudio no está?”, “¿Cómo que se fue a la 990?”, “¿Cuánto es lo que le ofrecieron?”, “¿Por qué no le ofrecen lo mismo acá?”. Cuestión que me llaman y me dicen: “¿Cuánto querés ganar? Bueno, me ofreció mucho más y volví. Mauro me quería matar pero después me perdonó (risas).
-¿Y en Crónica ganaste buena plata?
-No, yo siempre gané para vivir. Hay gente que se hace millonaria. Será que yo nunca le vendí mi alma al diablo. Trabajaba 12 horas y ganaba lo que eran 3500 dólares. Los lunes salía del canal y me iba a hacer La danza de la fortuna, de 22 a 23.30. No paraba.
-¿Cuándo te diste cuenta que esa placa roja había llegado a cada hogar? ¿Cuándo sentiste que ya eras conocido?
-A los tres días. Un día salimos con Mariana Clark del canal y empezamos a ver gente en las paradas que nos saludaban. Yo estaba azorado. Había pegado muy fuerte el canal. Empezó a tomar fuerza y a ganarle a TN. Cuando llegamos a Cablevisión a los seis meses, empezamos a ser líderes en serio. A partir de ahí, seis años seguidos ganándole el Martín Fierro a TN. TN era la perfección, el periodismo independiente y nosotros éramos el canal grasa, populacho.
-¿Te lo hacían sentir?
-Sí, los colegas te lo hacían sentir, pero a mí no me molestaba porque yo les decía: “Ustedes se copian de nosotros. Ustedes son hipócritas, nos cuestionan, dicen que estrujamos el canal y sale sangre, pero nos están copiando a nosotros. Así que evidentemente nosotros hacemos periodismo y ustedes hacen otra cosa”. Yo los provocaba.
-¿De quién fue la idea de la placa roja? ¿Y qué pasaba si había un último momento y vos no estabas en el canal?
-De García y Gavilán. Las leía quién esté en ese momento. Estaba la fantasía de que yo vivía en el canal pero yo no tenía ni ducha, ni dormía ahí. Cuando había algún motín o algo, decían: “Quiero hablar con el gordo de Crónica TV”. Era muy gracioso eso. El chorro pedía hablar conmigo. No quería hablar ni con el fiscal ni con la policía, quería hablar conmigo. Era tremendo. Por suerte, lo que era motines siempre tenían finales dentro de todo felices. Salvo el de los 12 apóstoles que, por suerte, nunca nadie pidió hablar conmigo.
-¿Qué anécdotas la gente todavía te sigue nombrando?
-La del Pitufo Enrique, obvio. Ya a esta altura me da un poco de bronca aunque le tengo que agradecer a Beto Casella porque sigue pasando mi risa y me mantuvo actual.
-¿Podes contar cómo fue?
-En Crónica había historias que surgían cuando no había tantas noticias. Entonces, un día uno de Catamarca empezó a hablar de un duende maldito que atemorizaba policías y remiseros. En el norte están muy vivas las leyendas de los duendes. Empezó a tomar cuerpo esa noticia y cada día teníamos una historia diferente. El corresponsal de Catamarca salía a la noche a hablar con los protagonistas y poníamos esa música tipo psicosis. Hacía poquito que Gavilán se había ido como gerente de noticias y estaba el “Negro” Molina como jefe entonces una mañana dice: “Hay que ponerle un nombre al duende”. Entramos a tirar nombres en la reunión hasta que el “Negro” dice: “Ya tengo el nombre: ‘el pitufo Enrique’”. Yo me agarré la cabeza porque sabía que él tenía pica con el gerente general de Crónica TV, Enrique Blanco Castell y le dije: “No podés hacer eso, vas a crear un conflicto en el canal” pero quedó el nombre. Un día escuchando radio Rivadavia (yo lo escuchaba a Biasatti a la mañana), la noticia número 20 era que el pitufo Enrique seguía haciendo quilombo en Catamarca. Yo no podía creer como Crónica incidía en las demás emisoras. Vos ibas a cualquier radio, a cualquier canal de televisión abierta y estaba la pantalla de Crónica; esperando la placa roja. En algún momento pensé: “Estamos actuando como una agencia de noticias”.
-¿Qué otro hecho recordás mucho?
-Bueno, lo que fue muy fuerte fue lo de la AMIA. Fue una cobertura de 100 horas. Fue muy conmovedor y muy duro porque ese lunes previo a la explosión estábamos en la mesa de redacción y no teníamos un título destacado del fin de semana en términos políticos o económicos; salvo la final de Brasil con Italia en el Mundial 94 que gana Brasil por penales. Y yo digo: “Pongamos Brasil, campeón del mundo y listo. Seguramente mañana algo va a pasar”. ¿Para qué? A los diez minutos, llega un motoquero con un VHS de una nota que se había hecho en la calle y dice: “Escuché una explosión bárbara acá cerca”. Gavilán rápido de reflejos lo manda a Mariano Biasatti (el hijo de Santo que trabajaba con nosotros) con un cámara y van a recorrer la zona. Empieza a ver corridas de gente, gente alocada y termina encontrándose con ese panorama dantesco de Pasteur 633 y le dice a Mario: “Está caído el edificio de la AMIA. Hubo un atentado terrorista”. Así nos enteramos. Ahí el Gallego (García) decide mandar el móvil. Lo mandó el lunes tipo 11 y quedó fijo (cambiando distintos periodistas) hasta el sábado a las 9.53. Eso fue muy impactante.
-¿Cómo fue irte del canal?
-Me fui, no aparecí más. Cuando me bajó el sueldo me consideré despedido. Veinte llamadas recibí de Molina y no atendí ninguna.
-¿Y no tenías miedo de qué ibas a hacer después?
-No, no tuve miedo. Estaba muy cansado también. Me acuerdo que las últimas vacaciones que yo me tomé fueron 45 días, me fui el 16 de enero de 2000 y volví el 1 de marzo. Cuando llegó ese día, no tenía ganas de volver. Entonces sentí que había cumplido un ciclo. Después el tema de la baja del sueldo aceleró todo eso. Lo que pensaba hacer a fin de año que era renunciar se precipitó.

-¿Y le volviste a atender el teléfono al Gallego después?
-No, nunca más; nunca más lo vi. Al “Negro” Molina me lo encontré un día saliendo del Banco Provincia después de muchos años. Me dijo: “Es el único que se le paró al Gallego García. Por eso siempre te admiré”. Pero cuando me fui, Molina me llamó 20 veces por teléfono puteándome.
-¿Te hubiese gustado tomar un café con él?
-Cuando fue el tema de Télam -que yo fui uno de los 357 despedidos- fui a Buenos Aires. Yo vivía en Córdoba pero cada vez que había una movilización iba. El tema de la lucha fue muy desgastante y mi hijo me dijo: “Estás derrapado, papá. ¿Por qué no te vas a descansar a Uruguay que te gusta tanto?” Me fui a Montevideo y en el viaje me encuentro a Rubén Molina (el hermano del “Negro” Molina) que era jefe de cámaras y me dice: “Che, el Gallego García quiere hablar con vos. Quiere abrir un nuevo canal con todas las estrellas que tenía porque no le gusta el actual Crónica TV (él ya había vendido Crónica). Eso sí, no habla porque tiene una afección que no le permite hablar”. Le dije que no tenía ningún problema. “Si me ofrece buena plata, yo viajo exclusivamente para verlo. Si me cierra la propuesta, pensaré si me vuelvo a Buenos Aires o no”, contesté. Yo no tengo problema con él. Yo me enojé porque me bajó el sueldo pero, lo sigo respetando. Me parece que es una de las figuras más relevantes y más icónicas de la televisión argentina junto con Romay. Al final no nos juntamos porque tengo entendido que le vendió las instalaciones de Riobamba a un grupo inversor norteamericano y después no pasó nada.
-Si hoy te cruzás con Anabela (Ascar), ¿la saludas?
-No sé, qué sé yo. Yo sí le reconozco que estuvo hasta el último día con el Gallego. Viste que en el caso de los concubinatos muchas ventajas no tienen. Ella tiene todo el derecho de reclamar lo que entiende que le corresponde. García tenía una hija con la cual no se daba bolilla, esto es verdad.
-Anabela dice que el medio fue muy injusto con ella…
-Bueno, ella también no se portó muy bien con los compañeros, pero no voy a hablar del tema porque ya no me interesa. A ella le fue muy bien con ese programa que hacía de 7 a 8, le gustaba hacer ese tipo de programas bizarros; incluso ganó un Martín Fierro. Ahora puede ser que el medio se haya portado mal con ella, no digo que no.
-¿Nunca tuviste miedo de que tu voz quede encasillada con el canal?
-Creo que me encasillaron mucho con Crónica TV. Entonces, piensan que yo no puedo hacer por ejemplo, un noticiero en TN. Me llamó la atención que nunca me llamaron de otro informativo.
-Hoy estás en América como locutor de LAM…
-Sí, estoy muy contento, muy feliz. Fui a Bondi y la nota con Ángel fue muy buena, muy cariñosa. No lo conocía y fue una charla hermosa. Creo que se generó una gran empatía entre los dos y el reportaje salió como tenía que salir: bonito, saludable, amable, con mucha sinergia entre ambos. Me fui con una sensación de felicidad muy grande.
-¿Y qué pasó cuando te llegó la propuesta?
-Me sorprendí gratamente; ni me lo imaginaba. Hasta que no me vi frente a cámara, no abrí la boca. Es la primera vez que no abro la boca (risas). Los únicos que sabían eran dos o tres personas de mi confianza y mi hijo. Últimamente, yo estaba un poco alejado de la tele. Entonces, cuando me convocaron, me puse contento. Y me puse contento por la vuelta a América después de 23 años. La verdad es que fue un gran reconocimiento de parte de Ángel.
-¿Qué dirían tus viejos de a dónde llegaste?
-No sé. Yo tuve una relación con mi viejo bastante distante. Mi vieja creo que estaría orgullosa; más allá de que quería que yo sea abogado. Era obstetra y murió a los 48 años, muy joven. Era una mina muy inteligente, voraz, una lectora brillante. Ella era radical y discutíamos muy fuerte por política. Me acuerdo que un día yo me estaba preparando para entrar a Derecho y me dice: “¿Por qué querés ser abogado?”. “No, por vos lo hago”, le dije. “No, no, no, por mí no tenés que hacer más nada. Si mañana sos feliz pintando con brocha gorda una pared, pintala pero sé el número uno”. Me puso ese desafío mi vieja y acá estoy.
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