
Dustin Hoffman y su “terrible experiencia” durante el rodaje de El Graduado: 27 cachetadas y un tímpano perforado
El actor recordó las tensiones que atravesó durante la filmación del clásico de 1967, que lo convirtió en una estrella de Hollywood
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A casi seis décadas del estreno de El Graduado, Dustin Hoffman decidió contar cómo fue rodar la película que marcó un antes y un después en su carrera. Lejos de haber sido una experiencia idílica, el set del clásico dirigido por Mike Nichols estuvo atravesado por la inseguridad, la tensión con el realizador y algunas situaciones que dejaron consecuencias físicas en el actor. “Fue una experiencia terrible rodar la película que cambió mi vida”, confesó.
Sus recuerdos salieron a la luz en un artículo publicado por The New Yorker, como adelanto de su autobiografía, Look at Me, que llegará a las librerías estadounidenses el próximo 10 de noviembre. Allí, Hoffman reconstruyó cómo vivió aquellos meses de trabajo y reconoció que, pese a que el film lo catapultó a la fama internacional, durante buena parte del rodaje sintió que no estaba a la altura de semejante oportunidad. “Me sentí incómodo de inmediato, indigno”, confesó el intérprete encargado de interpretar a Benjamin Braddock, un joven deportista recién graduado de la universidad perteneciente a una familia acomodada estadounidense.
“Allí estaba yo, interpretando un papel protagónico en una película de Mike Nichols, el director del momento, pero sentía que no tenía derecho a estar allí”, dijo quien después de leer la novela de Charles Webb- en la que estaba basada la película- no quería presentarse a la audición, ya que sentía que su aspecto físico y sus orígenes judíos lo alejaban por completo de ese perfil. “Cuando mi agente me dijo que Mike estaba interesado en mí, ni siquiera quise audicionar para el papel. Era obvio que no encajaba en absoluto con Benjamin, un atleta estrella y un estudiante sobresaliente, el líder del equipo de debate, un chico acomodado. ¿Por qué elegirían a alguien con una apariencia tan étnica como la mía para interpretarlo? No tenía ningún sentido”, reflexionó.
Sin embargo, el director lo quería a él. Nichols venía de cosechar un enorme reconocimiento con ¿Quién le teme a Virginia Woolf? llevaba casi dos años buscando a los protagonistas de esta historia. Entre los nombres que se habían barajado estaban Robert Redford y Candice Bergen, pero ninguna de las opciones había terminado de convencerlo. Finalmente, Hoffman aceptó hacer una prueba de cámara junto a Ross y consiguió el papel.
Si bien durante los ensayos el director se mostró cercano y comprensivo con él, una vez que comenzó el rodaje todo cambió. Según su relato, Nichols estaba irritable la mayor parte del tiempo y “frecuentemente malhumorado”, algo que no sólo resultó desconcertante para Hoffman sino que exacerbó aún más sus inseguridades. “A menudo sentía que me iban a despedir. Cuando estábamos rodando algunas de las secuencias más famosas, recuerdo haber pensado: ‘No tengo ni idea de lo que estoy haciendo’”, confesó.
Las 27 cachetadas que terminaron en una lesión
Uno de los episodios que más lo marcaron ocurrió durante una escena entre su personaje y el de Elaine, interpretado por Katharine Ross. En la secuencia, el joven ingresaba empapado por la lluvia en la habitación de su enamorada para confesarle que había tenido una aventura con una mujer mayor. En cuestión de segundos, ella descubría que esa mujer era su propia madre, la señora Robinson (encarnada por Anne Bancroft).
“Katharine tenía que abofetearme, y nos hizo repetir la escena 27 veces (…). Mike no paraba de decirle que me pegara, que me pegara más fuerte. Katharine temía hacerme daño y yo le dije: ‘Estoy bien, solo no me pegues en la oreja’. Por desgracia, falló varias veces”, contó. ¿Lo peor de todo? El director decidió no utilizar finalmente esa secuencia en la versión que llegó a los cines.
Al día siguiente, Hoffman tuvo que filmar una escena en una pileta en la que debía permanecer sumergido mientras probaba un traje de buceo que le había regalado su padre. “Cuando salí a la superficie para respirar después de algunas tomas, me salía sangre del oído. Entre todos los golpes del día anterior y la presión del agua en el fondo de la piscina, me había perforado el tímpano”, escribió. La producción debió llevarlo a un especialista en Beverly Hills para que recibiera atención médica.
Las dificultades no terminaron con esa escena. Hoffman también recordó el momento en que Benjamin intenta llegar a tiempo a la iglesia para impedir la boda de Elaine. Después de quedarse sin combustible, su personaje abandona su automóvil y corre desesperadamente hasta el lugar de la ceremonia. La filmación se realizó durante un verano de temperaturas extremas en California. Al tener que repetir la escena una y otra vez, terminó deshidratado y tendido sobre el césped frente a la iglesia ya que estaba a punto de desmayarse.
Con el paso del tiempo, Hoffman pudo entender aquella experiencia desde otra perspectiva. El actor contó que, muchos años después, el director reconoció que había proyectado parte de su propia historia y de sus conflictos personales en Benjamin. Si bien esa confesión no borró las dificultades que había atravesado en el set, le permitió comprender el motivo de la actitud de Nichols.
A pesar de todo, El Graduado terminó convirtiéndose en uno de los grandes clásicos del cine estadounidense. Estrenada en 1967, la película recibió siete nominaciones a los premios Oscar y Nichols ganó la estatuilla a mejor dirección. Para Hoffman significó el comienzo de una carrera extraordinaria, que luego continuó con títulos como Todos los hombres del presidente, Kramer vs. Kramer y Rain Man.
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