En una entrevista a solas con ¡Hola! Argentina, presenta a Axel Nacher, el hombre que le devolvió la esperanza
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Desde afuera, las puertas carcomidas por el tiempo apenas dan señal del paraíso que se oculta tras su fachada. Sin embargo, basta con cruzar el umbral de esta antigua casona de Lomas de Zamora para descubrir un tesoro de jazmines, iris y alegrías del hogar cuidadosamente dispuestos a lo largo de su jardín escondido. Adentro, la calidez de la anfitriona, Gabriela Arias Uriburu (49), también se transmite en los aguayos norteños, las estrellas de mar y una suave esencia aromática que se impone en cada uno de los ambientes. Después de años de idas y vueltas a Medio Oriente para no perder contacto con sus tres hijos, Karim (22), Zahira (21) y Sharif (18)–llevados ilegalmente a Jordania por su exmarido, Imad Shaban–, finalmente logró construir un nuevo hogar. Y lo hizo de la mano de su pareja desde hace dos años, el abogado y guionista Axel Nacher (51).
–¿Cómo se conocieron?
Gabriela: Fue mientras trabajábamos juntos en el ciclo de entrevistas que yo conducía por cable, Travesías, donde Axel escribía los guiones. Al poco tiempo tuve que hacer un viaje largo a Jordania y seguimos nuestro vínculo por mail.
Axel: Y ahí nos empezamos a conocer de verdad. Yo suelo entrar en confianza rápido y ella tenía necesidad de darse a conocer.
Gabriela: A mí me sorprendió cómo supo leerme enseguida. Sus mails reflejaban lo que yo estaba viviendo en ese momento. Recuerdo que en una de sus cartas me mandó un pasaje de El principito, el del encuentro con el zorro, donde habla de los lazos, y me puse a llorar. No sabía ni cómo contestarle. Eso me pegó, fue una piedrita que me tiraron en el estanque y me movilizó íntegramente. Después me escribió un poema y eso terminó por conquistarme. [Risas].
–Una vez contaste que al poner toda tu energía en conservar el vínculo con tus hijos, tu rol de mujer había quedado anulado por completo.
Gabriela: Tal cual. Por eso, formalizar este amor para mí fue un salto enorme en todo sentido. El puntapié inicial fue la adolescencia de mis hijos. Me empecé a preguntar cómo podía conservar cierto lugar de respeto frente a ellos si yo, como mujer, no estaba asumiendo ese rol. Se trataba de mi construcción como ser humano frente a mis hijos.
–Y en ese proceso conociste a Axel…
Gabriela: Ya tenía otra apertura, pero para mí no hay coincidencias. El llegó con un propósito en mi vida y yo decidí asumir ese riesgo de volver a empezar con él. Una mujer se hace al lado de un hombre y viceversa. Hay que bancarse, sostenerse, pase lo que pase, compartir lo lindo, lo feo, porque la vida es todo eso.
–Recién mencionaste la palabra "riesgo". ¿A qué te referías?
–Después de muchos años en solitario aparecieron todos los fantasmas. Eran miedos completamente distintos a los de cualquier mujer. Luego de haber atravesado tanto tenía que encarar todos esos aspectos que hacía años no trabajaba con una pareja. Mi miedo más grande era fracasar. Joseph Campbell dice que si hay miedo, hay posibilidad, que en vez de echarnos para atrás, el temor tiene que ser el impulso para dar el salto adelante. Y para mí, eso fue reencontrarme con todas esas cosas del convivir. Pensá que yo era una viajera. Y Axel empezó a darme tierra, por decirlo de alguna manera.
Axel: Cuando nos conocimos, ella preparaba su equipaje en función de los demás: ponía los caramelos, las donas y todas las cosas que les gustaban a los chicos. Entonces, cuando volvió, le regalé una valija con libros y un ramo de flores. Me pareció que ella siempre preparaba valijas para todo el mundo y nadie lo hacía para ella.

–¿Qué es lo que los atrae a uno del otro?
Axel: Lo más distintivo es su feminidad y su dulzura. Te das cuenta por su forma de hablar, de escribir, de estar pendiente del otro. Yo la conocía por su lucha por recuperar a sus hijos y después descubrí sus ganas de vivir y me parecieron fantásticas. Que una persona que pasó por situaciones tan complejas tuviese ganas de ver el mundo de manera positiva y siempre con una sonrisa es muy llamativo. Gaby tiene la maravillosa capacidad de encontrar en las experiencias malas su lado positivo.
Gabriela: Además de ser lindo, un bocatto di cardinale total, es un hombre de un corazón inmenso y eso es lo que siempre me hace volver a él, al corazón de ese ser supergeneroso. El hecho de que también sea escritor muestra ese costado creativo particular, tiene una forma de hacer las cosas diferentes que hace que inevitablemente te pierdas en él. Y me seduce su inteligencia. Axel trabaja también en la Defensoría de Pobres y Ausentes de Lomas de Zamora y yo sigo involucrada en la lucha por los derechos del niño con mi fundación. De alguna manera, nos acompañamos en este mismo camino. Y nuestra casa se convirtió en el espacio para descansar, en un lugar donde uno puede venir de trabajar y curar sus heridas.
Axel: Durante muchos años, Gaby padeció la falta de hogar y creo que eso quedó cristalizado en 1997, cuando se topó con su casa vacía. No sólo dice que no encontró a sus hijos, sino que además encontró su casa vacía. Por eso creo que una de las cosas más importantes que le pasa conmigo es ver la posibilidad de reconstruir un hogar. En ese sentido, ella se toma el tiempo para pensar en el cuadro que va a colgar, los aromas, las texturas de la casa, todo.
Gabriela: En un momento me puse como loca, él me decía que me estaba obsesionando con la casa y yo, llorando, le contestaba que a mi hogar ya se lo habían llevado una vez. Necesitaba enraizar. Y te juro que me hizo muy bien. La gente que me rodea enseguida empezó a ver el cambio.

–¿Qué te dijeron tu familia jordana y tu exmarido cuando les contaste que estabas enamorada?
–Se pusieron contentos, se notaba la influencia de Axel en mí. "¡Qué cambiada está su mamá!’, le dijo mi ex a los chicos. Los que me conocen me decían "estás más linda", "te veo bien" y esas cosas.
–¿Y tus hijos, cómo reaccionaron?
–Mis varones mucho no hablan. [Risas]. Zahira, al principio, no lo mencionaba, pero se refería a él como "The Mountain" (‘la montaña’). "¿Y cómo anda ‘The Mountain’?", me preguntaba. Y después pasó a ser Axel. El otro día me confesó que a ella también le gustaría encontrar en un hombre lo que yo encontré en Axel.
–¿Ya se los presentaste?
–Todavía no. Creo que eso se va a dar el año que viene. Nosotros acompañamos mucho el proceso de nuestros hijos, somos padres muy respetuosos de lo que les va pasando (Axel tiene dos hijos de su matrimonio anterior). Yo tengo muy claro que con chicos adolescentes en vía de ser adultos, todos los días tenés un nuevo desafío. La adolescencia es una etapa difícil.
–¿Hay planes de que visiten nuestro país?
–Ayer mi hijo mayor, que está estudiando en Lugano, Suiza, me dijo que al final no va a venir. La última vez fue hace dos años. Y Zahira, que estudia en Escocia, me canceló dos veces. Sé que están a full con la universidad, pero a mí igual se me hace muy difícil. Estuve tanto tiempo en sala de espera, tuve que bancarme esa intermedia tan larga que después de tanto esfuerzo pareciera que todavía la vida me sigue poniendo a prueba. A veces digo "basta, ¿no tuve suficiente ya?". Mamá tiene 84 años, no la ve a Zahira desde el 97. Pero bueno, tengo que seguir aprendiendo a ponerme en un lugar de equilibrio. Uno crea el plan perfecto pero nunca existe ese tipo de plan.
–¿Qué cosas comparten?
Gaby: Somos dos personajes… A Axel lo llamo "el águila de las rutas" porque le gusta viajar en auto, parar en cualquier lugar y dejarse llevar.
Axel: En realidad, Gaby es una chica de aeropuertos y yo un hombre de estaciones de servicio. [Risas].
Gaby: También compartimos nuestro gusto por la cocina. Si bien él es el que cocina en casa, los dos morimos por los sandwiches. Así como vamos a los viveros, también nos gusta entrar en las panaderías.
–Gabriela, ¿te gustaría volver a casarte?
–[Piensa]. Para mí ya estamos casados, aunque no lo descarto. Siempre le digo que olerlo es como volver a casa. Y eso es todo para mí. Lo que sí me gustaría es comprometerme. Incluso, cada tanto, me imagino eligiendo los anillos. Yo ya me compré el vestido para ese momento. [Risas]. Esa sensación es algo que sí vibra profundamente en mí.
Texto: Jacqueline Isola
Fotos: Mariana Roveda
Producción: Georgina Colzani
Maquillaje y peinado: Josefina, para De la Vega Make Up
Agradecimientos: Ape Shoes, Kees Von Kees y Rapsodia
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