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“¿Por qué documento el día a día de mis mellizos prematuros en neo? Porque necesito que otra mamá me cuente que su hijo pasó por lo mismo y que pudo salir adelante. Me genera esperanza. No es morbo, las redes se convirtieron en mi terapia mental”.
La cantante Lucila Torres Argüello, popularmente conocida como Lwlo, se sincera en esta entrevista con LA NACION, la que brinda casi sin voz, producto de una afonía y estrés postraumático luego del parto prematuro de su embarazo gemelar. El pasado 10 de junio le tuvieron que hacer una cesárea de urgencia y sus mellizos Lara y Matteo nacieron en la semana 26 de gestación. Desde entonces, los pequeños se encuentran en neonatología, bajo cuidados intensivos, luchando día a día para salir adelante.
Lwlo y su pareja, Alan Noailles –quien genera contenido y hace humor en Instagram-, eligen compartir el día a día de sus hijos en sus redes sociales. Suelen subir un video por la mañana y otro por la noche, contando las novedades y parte médico que reciben ellos. La artista, cantautora y compositora puso en pausa su carrera desde que se enteró de que su embarazo era de riesgo. Por caso, en la semana 22 de gestación debieron realizarle una operación porque su cuello de útero estaba corto y había riesgo de parto prematuro. “Si nacen ahora, no van a sobrevivir”, les dijeron los médicos.
Luego de aquel procedimiento llamado cerclaje, estuvo en reposo absoluto. Cuatro semanas después nacieron Lara y Matteo, tres meses y medio antes de lo que se conoce como un embarazo a término.
—¿Cómo estás hoy?
—Disfónica, con un nivel de estrés que me cuesta explicar. Acepté hacer esta nota para contar nuestra experiencia. Porque a nosotros nadie nos lo contó. Mis amigas tuvieron embarazos a término y nadie nos había hablado de la neo, que es un mundo aparte: estás todo el tiempo como en la guerra, es un estrés constante, día a día.
—Y elegiste contarlo a través de tus redes sociales.
—Sí, empecé a documentar todo porque dije: ¿qué carajo hago acá? ¿Cómo hago? ¿En dónde estoy parada? Somos primerizos en todo sentido.
—Y pusiste en pausa tu carrera tiempo antes de que nacieran, sin saber que iban a llegar antes de lo esperado.
—Sí, cuando nos dijeron que era un embarazo de riesgo. Y hoy, con ellos de este lado, ya no me importa más nada. Estoy cien por ciento abocada a ellos, solo quiero que mis hijos vivan. Si yo pudiera les daría mi pulmón, pero no se puede, es más grande que el cuerpo de ellos.
—¿Cómo estás atravesando esta situación?
—Es muy traumático y a la vez es una enseñanza muy zarpada, porque el ambiente superficial en el que me moví durante años es una cachetada al ego. Esto te enseña a valorar pequeñas cosas como acariciarles el pie a nuestros hijos, y que ellos los muevan, sentirlos. Cosas que un padre en el día a día por ahí no ve. No sabés lo que puede pasar cuando tenés un bebé tan vulnerable. A Matteo recién pudimos cambiarle el pañal por primera vez 17 días después de su nacimiento. Y recién el último fin de semana los pudimos alzar. Son muy chiquitos.
—Imagino que en estas semanas han vivido de todo...
—Sí, tuvieron que reanimar a Lara delante nuestro. Fue horrible. Estábamos parados al lado de la incubadora, le estaba cantando “Capullito de alelí”, que se las cantaba en la panza, le estaba tocando el pie y de repente empezaron a sonar las alarmas, que ya las tenemos impregnadas en la cabeza, y vino la enfermera. “Larita, no te me vayas”, le decía mientras la movía. Yo me empecé a descomponer, ella se puso morada hasta que el sonido de la máquina hizo “tic, tic, tic...” y volvió. Después nos explicaron que en los bebitos muy prematuros esto pasa todo el tiempo. Y que a Matteo también le había pasado. Ellos no saben respirar por sus propios medios. Para nosotros son nuestro milagro. Fue muy duro y me generó un estrés postraumático. Es fuerte volver a tu casa, ver su ropa, sus cunas vacías y pensar: “Un día más”. Adelgacé nueve kilos, me cuesta mucho comer y dormir, se me cierra el estómago. Me obligo a comer porque tengo que estar fuerte para mis bebés. El otro día una amiga se quejaba por despertarse a la madrugada a dar la teta, y yo le decía que eso es una bendición. Todas sus quejas para mí son un deseo.
—¿Estás haciendo terapia?
—Hay una psicóloga del Hospital Austral, en donde están internados, que está disponible 24/7 para que hables. Es terapeuta especialista en padres de neo. Pero lo mejor que nos hace a nuestra psiquis es hablar con otros padres que estén pasando, y hayan pasado, por lo mismo. Todo el mundo te aconseja, pero nadie te dice lo que es ser papá de neo. A mí me hace bien hablar con otras mamás y que me digan que pasaron por lo mismo y que sus hijos salieron adelante.
—¿Creen en alguna religión en la que se apoyen en este momento?
—Yo creo en Dios. No iba a la iglesia, creía que había algo más, y creo mucho en mi abuela, que era el amor de mi vida. Ella nació el 26 de octubre, mis hijos nacieron en la semana 26. Es un número que tengo tatuado desde antes, es todo muy loco. Yo siento que nos está acompañando y que los bebitos tienen un Dios aparte.
—¿Cómo estás durante el día en los momentos en que no estás en neo con tus hijos?
—Alan está trabajando y me dice que no llame tanto al hospital para ver cómo están. Ellos siempre llaman. Él no quiere que me estrese, pero yo necesito llamar si tengo algún presentimiento horrible. Al principio no sabía si era real lo que estaba viviendo, después nos explicaron que no es un presentimiento, que es estrés postraumático.
—Tenías un proyecto de música infantil...
—Sí, El universo de Lwlo. Hicimos 12 capítulos y saqué cinco canciones en Spotify. Yo pasé por todos los estilos, y no me animaba a hacer infantil porque la industria es muy complicada. Iba a presentar todos los temas en un canal de aire, y también en una plataforma, pero el tipo con el que íbamos a cerrar el acuerdo para hacer el programa me invitó a tomar un vino a las tres de la mañana, no le respondí y al día siguiente me bloqueó. Era un proyecto hermoso que, aunque se frenó, llegamos a poder trabajar en Navidad con las canciones que habíamos lanzado, hicimos shows en algunos shoppings y me llamaron de tres colegios. Dspués me enteré que estaba embarazada y quise frenar. Yo quería cuidarme porque sentía que algo no estaba bien.
—¿Qué sentías?
—Sentía la panza baja, una presión en el pubis todo el tiempo cuando caminaba. Y en un estudio a los dos meses de embarazo me dijeron que no era normal.
—¿Cuándo les dijeron que era un embarazo de riesgo?
—Cuando nos dijeron que eran dos. Estábamos en una ecografía, escuchamos un latido, yo me puse a llorar de emoción y la chica me dice: “No te muevas porque no puedo encontrar el segundo”. Nos cambió todo el panorama. Todos los embarazos múltiples se consideran de riesgo. Entonces, decidí frenar todo y dedicarme a mi embarazo.
—Imagino que hoy es muy difícil pensar a futuro, pero en algún momento tendrás ganas de retomar tu carrera...
—Hoy quiero que mis hijos vivan. Esto es un día a día. Y todo lo que hago es por ellos. Incluso yo les tengo que agradecer a mis bebés lo que hicieron por mí, por mi vida personal y profesional que, a la larga, va a ser para ellos, para darles de comer. Lo que ellos generan es para ellos. Fui a ver a una astróloga que me dijo: “Tus bebés van a salir adelante, te van a conectar con una comunidad”. Elijo pensarlo así para no bajonearme. Si no, ¿por qué tanto sufrimiento? Si no lo pienso así, estoy en el horno.
Lejos de prestarle atención al algoritmo de Instagram, y sin mirar el horario en que hace una publicación, Lwlo se apoyó muchísimo en las redes sociales. La cantante descubrió una comunidad de madres y padres que vivieron lo mismo que ella y que le dan esperanzas contándoles sus experiencias con sus hijos que ya son grandes y que también estuvieron en neo.
“También documento porque el día de mañana les quiero mostrar a mis hijos lo valientes que son, que fueron. Si se rinden, quiero mostrarles los videos y decirles: ‘Mirá lo chiquito que eras y saliste adelante’. Yo lo veo desde ese lado. Tengo que canalizar para no explotar”, explica la artista y cuenta que, además, fue una forma de llegar al público que buscaba, el infantil, a esas madres que quiere que les pongan su música a sus hijos.
—En una de las internaciones previas al nacimiento de Lara y Matteo, vos y Alan se hicieron virales por un video en el que él se desmaya cuando mira el suero.
—Sí, le bajó la presión, se le aflojaron las piernas, le pasa siempre. Se tambaleó y se puso una curita para la foto, pero después aclaramos que fue para ponerle humor, como si se hubiera golpeado contra la cama de al lado, pero se cayó al piso y no se lastimó. Quisimos ponerle humor porque la estábamos pasando muy mal. Lo aclaramos. No sabíamos que se iba a viralizar. La cuestión es que a raíz de esa situación se acercaron muchas mamás a contarme que también les habían hecho un cerclaje. Para mí estaba siendo muy difícil entrar en la comunidad de las mamás con el infantil, y la astróloga me había dicho que mis hijos iban a venir con el pan bajo el brazo. “Van a traer bendiciones incluso para tu carrera”. Es muy fuerte conceptualmente para mí que mis hijos, sin saberlo ni planearlo, solamente por su condición y porque yo uso las redes para descargarme emocionalmente, me conectaron con una comunidad que el día de mañana puede ser que escuchen mi música para sus hijos. Me estaba costando un montón, con esta gente que te llama a las 3 de la mañana para tomar un vino, se me había cerrado esa puerta y quedé muy bajón. Hace muchos años la vengo remando. Ahora estoy siendo escuchada por esas mamás.
—Entre tus miles de seguidores, se destaca Pampita. ¿De dónde se conocen?
—Empecé mi carrera a los 13 años, y también soy productora musical. Abrí el show de Wos, entre otros artistas, y compuse para Cristian Castro. A Pampita la conocí porque le produje el disco a un chico de la Villa 21 de Barracas, y tenía dos canciones que me invitó a cantar con él, ganamos un premio en la Usina del Arte. Y se hizo un evento solidario al que llamaron a los productores del disco, en el que también estaba Pampita con quien era su pareja en ese momento y uno de sus hijos, que conocía mi música. Entonces, se me acercó para contarme eso, me preguntó cuál era mi Instagram y me empezó a seguir en ese momento.
—¿Te contactó en este último tiempo, desde que empezaste a compartir lo de tus hijos en neo?
—Me pone like a algunas historias, pero no me escribió. Sí soy muy amiga de otros artistas que conocí a lo largo de mi carrera y también cuando fui jurado de Canta conmigo ahora (eltrece). Ahí me hice muy amiga de Cristian Castro, nos volvimos íntimos. Yo le compuse dos temas, uno me dijo que lo quería cantar conmigo y no me quiso cobrar las regalías. Con esa plata me compré un terreno y hoy estamos construyendo con Alan. La idea era mudarnos con nuestros bebés cuando estuviera edificado, pero nacieron en el medio. Yo no tengo la cabeza para hacerme cargo de la obra, así que le dije a Alan que se ocupara él de las decisiones que hay que tomar; la prioridad son ellos.
—¿Cómo atraviesa Alan esta situación?
—Él es una persona que vive las cosas para adentro, de una forma muy tranquila, tiene bastante fe, pero un día nos acostamos a dormir y le dieron ganas de vomitar. Le dije que estaba canalizando. Le afecta, nos afecta a los dos de manera diferente. En los videos, yo soy la que habla, pero él está al lado siempre. Es durísimo lo que vivimos, no se lo deseo a nadie; le estamos poniendo la mejor, pero la realidad es horrible. Todos los padres de neo son luchadores y los chicos, unos guerreros. En neo nos dicen “un día a la vez” y se convirtió en nuestro mantra. El 24 de agosto recién podrían irse a casa, falta un montón. Tacho los días como los presos.
Antes de finalizar la entrevista, y mientras sigue de cerca las novedades de sus hijos, Lwlo enfatiza: “Esta es un poco nuestra historia. La idea es hablar del tema. Mucha gente romantiza el embarazo y el tener hijos, pero nadie muestra la cara B, que es esto. Yo la estoy pasando mal, necesito ayuda, y hay que hablarlo, visibilizarlo”.



