María Rosa Fugazot: sus comienzos como bailarina, su gran amor y el dolor por la muerte de su hijo René
La actriz que murió ayer a los 83 años estaba protagonizando una obra de teatro en el Picadilly
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Nació el 20 de diciembre de 1942, en Vicente López, y de chica soñaba con ser médica forense, pero el destino tenía otros planes para María Rosa Fugazot. Hija de los actores María Esther Gamas y Roberto Fugazot, creció entre bambalinas, rodeada de artistas, y a los 15 años ya estaba sobre un escenario. Se autodefinía como una “obrera de la actuación”, no había pequeños papeles para ella, todo era trabajo. Era una artista muy querida por sus colegas, que vivió el último año de su vida atravesada por un gran dolor: la muerte de su hijo René, un golpe que no pudo superar. Murió ayer a los 83 años en el departamento de Palermo en donde vivía.
Sus inicios
“Empecé bailando en Tangolandia, y después hice acrobacia. Fui figurita, media vedette y no llegué a ser vedette porque me fui antes con un ballet y después pasé al teatro. Aprendí mucho en la revista... Necesitaba permiso para trabajar porque era menor y cuando no lo tenía, nos escondíamos con Gogo Andreu, que era mi tío, en la caldera", le dijo la actriz a LA NACION unos años atrás.
Y siguió hablando sobre sus comienzos: “No podía entrar en el Conservatorio porque ya trabajaba, entonces hacía cursos de danza, vocalización, lectura, acrobacia; salía de casa a las 8 de la mañana y capaz que volvía a las 3 de la mañana porque tenía teatro. Mi mamá estaba contenta, pero mi papá estaba muy enojado, no me habló por un mes. Era otra época... Yo crecí en una casa en la que había música constantemente porque mi papá era músico y mi tío Gogo también. Y me inculcaron el hábito de la lectura”. Con el tiempo a su papá se le pasó la bronca y fue a verla al teatro cuando hacía la obra Deliciosamente amoral. Ella tenía por entonces 18 años.
Su pasión por el arte fue mucho más fuerte que todo lo demás. Fue cantante de la orquesta de Eddie Pequenino y en 1966 debutó en cine con un pequeño papel en Las locas del conventillo, de Fernando Ayala. Un año después se sumó a Operación Ja Ja, de los hermanos Hugo y Gerardo Sofovich y con ellos trabajó durante muchos años. “Gerardo me abrió puertas maravillosas. Mi papá era muy amigo de su papá, que fue un periodista muy importante. Crecí con Gerardo y Hugo y después, por años, dejamos de vernos hasta que nos encontramos en un pasillo de Canal 11 donde yo hacía Ritmo y juventud. Gerardo me vio y me dijo ‘¿por qué no trabajás conmigo vos?’. ‘Porque no me llamás’, le contesté. Y me respondió ‘en abril empezás conmigo’. Y lo primero que hice con él fue Operación Ja Ja. Siempre me acuerdo de que Alberto Olmedo, Javier Portales y yo empezamos el mismo día. No teníamos un mango y juntábamos moneditas que nos alcanzaban para una sopita, una ensaladita. La única que le contestaba a Gerardo era yo y él se reía, porque nos queríamos mucho”, recordaba con nostalgia.
“Una obrera de la actuación”

En cine filmó Los caballeros de la cama redonda, Mi novia él, El rey de los exhortos, Los superagentes contra los fantasmas, Chúmbale, El día que me amen, Ningún amor es perfecto, El karma de Carmen. Y en televisión participó en Alberto y Susana, Un departamento de comedia, Porcel para todos, Casi una pareja, La bonita Página, La pensión de la Porota, Apasionada, El día que me quieras, El humor es más fuerte, Mamitas, El nieto de Don Mateo, Culpables, Tiempo final, Kachorra, Durmiendo con mi jefe, Los Roldán, Amas de casa desesperadas, B&B, El puntero, Sos mi hombre, Si solo si, Ultimatum, Simona, Otros pecados y la serie Nada.
Mientras que en teatro hizo El jardín de los cerezos, Espíritu travieso, La pulga en la oreja, Locas de verano, Así es la vida, No hay que llorar, Nenucha la envenenadora de Montserrat, Chicago, Alicia Maravilla, Zorba el griego, Porteñas, Flores de acero, El champán las pone mimosas, Pobres pero casi honradas, Nosotras que nos queremos tanto, Las chicas del calendario, Venecia, Danza de verano, Sor-presas, La casa de Bernarda Alba, Citas peligrosas, Después de nosotros. Actualmente estaba en el Teatro Picadilly protagonizando Viejas chorras, con Ana Acosta y Cristina Tejedor.
Fugazot nunca paró de trabajar y cuando faltaban propuestas artísticas buscaba otras formas de ganarse la vida: cosió pulóveres, vendió regalos empresariales,y también autogestionó obras. Le gustaba decir que era “una obrera de la actuación”. “Soy de una familia que remó toda su vida y el lema era: no dejes de remar porque se te da vuelta el bote. Y nunca dejé de remar porque a algún lado voy a llegar”.
En momentos de vacas flacas y hasta hace unos años, compartió departamento con una amiga. “Le dejé todo a mis hijos ya: al mayor Javier Gaumont (hijo del primer matrimonio de su marido César Bertrand) una quinta en Merlo y a René un departamento en Palermo. Lo hice porque quise, no porque me lo pidieran, pero así no tienen que gastar nada ni hacer papeleríos cuando yo me muera. Le hice caso a un consejo hermoso que me dijo mi papá: que no me atara a nada material, porque eso no me iba a permitir volar. Entonces ya está, no tengo nada porque lo elegí. Yo alquilaba y tenía que mudarme. Mi amiga se enteró y me dijo que me mudara a su departamento porque su inquilino se iba. Vino también otra amiga porque le pasó lo mismo. No pagamos alquiler, pero sí todos los gastos y tratamos de arreglar la casa porque la dejaron hecha bolsa y cuando no se rompe una cosa, es la otra”.
Su gran amor

El gran amor de su vida fue el actor César Bertrand. No se conocieron trabajando sino en un bar en la esquina de Montevideo y Corrientes. Estuvieron un tiempo de novios y se casaron en 1970. “Él estaba haciendo Extraña pareja con Rodolfo Bebán y Palito Ortega, y yo estaba haciendo otra obra con Ana María Campoy y José Cibrián. Y después nos juntábamos varios amigos en este bar, a jugar al bowling; era nuestro lugar de encuentro. Un día empezamos a hablar y como era un apasionado de la poesía, nos enganchamos por ahí. Gracias a él conocí a Mario Benedetti, a quien amé porque me identifica mucho lo que escribe. Al poco tiempo nos fuimos a vivir juntos y su hijo, Javier, se vino con nosotros".

Formaron una familia, pero la pareja se desgastó. “Nos separamos 15 años después, pero seguimos siendo amigos y siempre me llamaba para pedirme consejos. Cuando se enfermó, estábamos todos, la mujer nueva, yo, los chicos y él me dijo algo que me dolió mucho, aunque después lo entendí: que si lo quería un poco, lo dejara ir porque ya no quería más. Estaba enfermo porque se dejó estar. Creo que lo sacudió mucho la pérdida de los compañeros; esa barra suya se fue yendo y lo entiendo porque eso me pasa a mí ahora y cada uno que se va es una puñalada. Pero César era muy joven. Creo que hubo desilusiones que a lo mejor no contó porque era muy para adentro y lo fueron minando. De ese grupo, un amigo se fue lejos para morirse, otro murió solo, Bebán se encerró y no quiso ver a nadie, Gianni Lunadei se suicidó. Algo pasó que yo nunca supe, y los lastimó mucho”, le confió a LA NACION tiempo atrás. También dijo que tuvo un amor platónico por el cineasta Chicho Ibáñez Serrador. Y, si bien tuvo algunas parejas, nunca volvió a enamorarse y hacía más de veinte años que estaba sola.
Un dolor insuperable

Su único hijo, el también actor René Bertrand, nació en 1971 y murió el año pasado. María Rosa nunca pudo recuperarse de esa gran tristeza. Al poco tiempo la actriz volvió al teatro, pero le confesó a LA NACION: “Hago mi trabajo porque necesito trabajar... En el momento en que estás trabajando te olvidás un poco de lo tuyo, de lo que te pasa, porque te metés en otro personaje y eso ayuda a olvidar, aunque sea por un ratito. El trabajo siempre es bueno porque te distrae, te obliga a pensar en otra cosa. Me hace muy bien. Necesito el dinero y al mismo tiempo me hace bien. Estos días fueron difíciles”.
Y respecto de cómo transitaba el duelo dijo: “Es muy difícil porque lo que menos pensás en la vida es que vas a perder un hijo. Es duro…. Me pasó un tractor por encima y hago lo mejor que puedo. Fue todo muy raro. Empezó con un dolor en la espalda y pensaba que era un desgarro (...) Y después se hizo muchos estudios y no acertaban con el diagnóstico. Al final dijeron que tenía una metástasis, pero no encontraban el tumor primario; al final descubrieron que era una bolsita que estaba fuera del riñón, una cosa muy rara. Le dieron las primeras sesiones de quimio y a los 10 días se fue. En la primera lo acompañé y estuvo como seis horas y en la segunda, tres. Se precipitó todo y se fue. No tenía defensas... Se le hizo como una especie de úlcera, quizá por la medicación. Lo operaron de urgencia, no lo pudo soportar. (...) Se hace difícil. Me cuesta levantarme todos los días, me cuesta hacer las cosas, me cuesta todo. Pero hay que poner fuerza y hacer lo mejor posible. Hay que asumir lo que te toca. Somos poquitos de familia. Ahora tenemos que reorganizarnos y tratar de seguir sobre todo por los chicos [haciendo referencia a sus nietos, hijos de René, Sofía de 8 años y Franco de 5]. Yo perdí toda mi familia, ya no tengo a nadie, pero no es lo mismo esto… Es algo que no se lo deseo a nadie, ni al peor enemigo”.
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Murió la actriz María Rosa Fugazot a los 83 años



