Miguel Ángel Solá y Paula Cancio se van a vivir a España porque el actor extraña a sus hijas

Paula Cancio y Miguel Ángel Sola van a terminar sus compromisos laborales y emprenderán rumbo hacia España
Paula Cancio y Miguel Ángel Sola van a terminar sus compromisos laborales y emprenderán rumbo hacia España
Liliana Podestá
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12 de junio de 2019  • 15:42

Se mudaron a Buenos Aires hace cuatro años, pero ahora decidieron regresar a España porque él extraña mucho a sus hijas mayores, María y Cayetana. Miguel Ángel Solá y Paula Cancio quieren despedirse de nuestro país reestrenando Doble o nada, en su tercera temporada, con dirección de Quique Quintanilla. Este viernes se suben al escenario del Teatro Regina, de viernes a domingos, a las 20, por ocho únicas semanas. La multipremiada obra de la dramaturga Sabina Berman cuenta la historia del director de un importante medio de comunicación que debe dejar su puesto en manos de uno de sus dos subdirectores, una mujer y un hombre, y esto deriva en una lucha de poder.

Cancio, que actualmente se luce en la tira de eltrece, Argentina tierra de pasión y venganza, habló con LA NACION y contó el motivo de la decisión que tomó la pareja.

-¿Por qué se vuelven a España?

-La razón fundamental de volver a España son los afectos. Miguel tiene dos hijas más (María y Cayetana, fruto de su pareja anterior con la también actriz Blanca Oteyza), que viven en Madrid. Tienen 22 y 18 años, pero no son tan grandes como para poder tomar un avión cada vez que les apetece para ver a su padre y nosotros, con el trabajo y las temporadas teatrales, tampoco podíamos viajar mucho; apenas un mes en Navidad para compartir con ellas. Miguel siente que se está perdiendo el día a día de ser padre también con ellas y hace rato que lo piensa y nos hemos dado cuenta de que el tiempo es lo único irrecuperable. Por eso nos vamos porque las extraña.

-Entonces se radican definitivamente allá.

-Es la idea. Podemos viajar por trabajo, pero estableceremos la base en Madrid. Argentina es una orilla abierta para nosotros: Miguel es argentino y un actor muy reconocido aquí y en estos cuatro años, yo siento que abrí una puerta que no quiero cerrar más. Siempre que haya un trabajo interesante y que podamos conciliar la parte familiar y laboral, vendremos. Ahora que soy madre (Adriana, hija de ambos, tiene 6 años), sé que no podría pasar tanto tiempo lejos de mi hija. No puedo ni imaginarlo si quiera, por eso entiendo a Miguel.

Cancio y Solá, sobre el escenario, ese mismo del que se despedirán en ocho semanas
Cancio y Solá, sobre el escenario, ese mismo del que se despedirán en ocho semanas

-¿Adriana y vos se adaptaron fácilmente a nuestro país? ¿O les costó?

-Si algo tengo en la boca cuando hablo de la Argentina es agradecimiento porque las oportunidades, a nivel laboral, han sido maravillosas y el cariño de la gente me emociona porque no dejo de ser alguien que viene de fuera, pero en todo momento me han hecho sentir una más. Todo ha sido un proceso. Comencé siendo la novia de Solá y ahora soy Paula Cancio, por eso tengo una mezcla de emociones. Es una nueva etapa para nosotros. Mi familia y mis amigos están en España y tenerlos otra vez en el día a día es algo que me llena de ilusión. También es cierto que cortamos un poco con esta parte laboral tan fructífera aquí, pero esperamos que en España se den buenas oportunidades. Y tenemos en claro que es la otra orilla y que volveremos. Y Adriana está re adaptada a este país y es más porteña que su padre. Ha hecho el jardín en Buenos Aires y en septiembre, cuando volvemos, arranca primer grado en Madrid. Justamente por eso decidimos regresar en esta fecha. Todo se da ahora.

-No es sencillo tomar esa decisión cuando los dos tienen trabajo: vos estás dando que hablar con la malvada Agatha de ATAV y Miguel estrena una película en breve.

-Es verdad. Me quedan algunos capítulos de ATAV. Estoy feliz haciendo a Agatha porque no es fácil tener personajes tan ricos que te permiten jugar tanto. Y estoy feliz también porque es una súper producción que nada tiene que envidiarle a las españolas, con un elenco estupendo y, una historia preciosa. Cuando legué a Buenos Aires me dijeron que los argentinos son hijos de los barcos y es cierto, por tanta inmigración que ha llegado aquí. Eso se nota cuando camino por la Avenida de Mayo, me siento en mi casa, en la Gran Vía. Y esta súper producción cuenta cómo fue todo eso. Además estoy grabando una participación en Victoria Small, la tira que se verá este año en Telefe; otro proyecto que me ilusiona muchísimo. Y Miguel terminó a fin de año de rodar Sola, con Araceli González, que se está por estrenar. Además íbamos a hacer una pequeña gira con Doble o nada, pero tuvimos que levantarla en febrero porque Miguel tenía unos mareos que lo dejaban muy inestable en el escenario y debió hacer un tiempo largo de rehabilitación.

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-¿Y cómo está ahora de salud?

-Bastante mejor. Con todos sus accidentes anteriores (en 2006 casi queda parapléjico al golpearse fuerte la espalda mientras nadaba en una playa de Las Palmas de Gran Canaria, y en 2010 tuvo un accidente doméstico por el cual debió ser intervenido quirúrgicamente), tiene problemas en la columna vertebral y esto se complicó con los mareos. No tenía buena estabilidad sobre el escenario. Los médicos le pidieron que se recupere, que descanse, que haga rehabilitación y ahora ya está un poco mejor y por eso volvemos. Quería despedirse en su hábitat natural, el escenario.

-¿Tienen proyectos en España?

-Hay un poco de todo. Primero, vamos a asentarnos y luego veremos. Imagino que, por nuestra forma de ser, cuando estemos en el avión empezaremos a decidir qué hacer allí. Queremos llevar Doble o nada a Madrid porque me parece que todo este movimiento mundial sobre las mujeres es un tema muy actual.

Nos conocimos trabajando y es uno de los pilares de nuestra relación

-Ustedes se enamoraron haciendo Testosterona, que es una versión de Doble o nada. ¿Por qué eligen seguir trabajando juntos?

-Porque sigue siendo enriquecedor y un desafío estar en un escenario a su lado. Casi siempre he trabajado con él. Prácticamente nos conocimos trabajando y es uno de los pilares de nuestra relación. El crear forma parte de nuestra vida y hacerlo juntos es un plus. Es un placer estar con Miguel, tenemos una forma parecida de trabajar. La primera vez que me subí al escenario fue con él en Testorterona, luego hicimos El diario de Adán y Eva y Doble o nada. Miguel es mi escuela y por eso tengo esa forma de trabajar tan libre, como la de él. Nos entendemos muy bien. Trabajar juntos es una elección.

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