
La actriz protagoniza una producción para ¡Hola! y se muestra en su mejor momento
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La postal es divina: Natalia se pierde en manos de su maquillador y su peinadora para entregarse a la sesión de fotos de ¡Hola! Argentina. Está espléndida, como siempre, pero con un brillo nuevo en sus ojos. La razón de esa nueva luz duerme profundamente cerca de ella: es Merlín, su hijo de siete meses, que sueña tranquilo porque sabe que a su lado, como una leona guardiana, está su mamá.
No bien el pequeño despierte, el mundo se detendrá para Nati. Lo abrazará fuerte, le regalará su mejor sonrisa, muchos besos y lo acomodará con cuidado en la manta didáctica repleta de juguetes y muñecos. Así es la nueva vida de esta diva: la maternidad y el trabajo se dan la mano sin culpa, mientras ella carga con su bebé allá donde sus compromisos la reclamen.
–¿Cómo vas llevando el trabajo con la maternidad?
–Hay que organizarse. Y tiene que ver con una opción de pareja. Es algo que nos planteamos desde un principio con Ricardo [Mollo, su marido]. Yo no me quiero perder nada de su crecimiento ni que lo críe la abuela. Lo quiero criar con su papá. Esa es nuestra intención como familia. Además, Merlín está tomando pecho y pretendo que siga siendo así por bastante tiempo más. Yo lo miro a los ojos y para mí es un chico feliz. Pero obvio que tengo claro que no quiero dejar de ser yo misma por la maternidad.

–Se ve que se adapta muy bien, porque desde que nació viajó por todos lados.
–Sí. Desde hace un mes estamos los tres instalados en Colombia, donde estoy grabando la segunda parte de la serie Lynch , pero apenas surgió presentar mi nueva película, Infancia clandestina , volvimos por cinco días. Pero ya antes estuvo conmigo en Cannes y en Bariloche, donde rodé Wakolda . Para que se sienta más "como en casa", le llevo una valija con sus juguetes, sus sabanitas, la chichonera... Hay gente que nace con la vocación de ser madre, la mía nunca lo fue, pero ahora que lo soy, estoy feliz y no acepto nada si no tengo a mi hijo conmigo. Por suerte mi trabajo me lo permite. Y los hijos necesitan que los padres seamos felices.
–Se te ve espléndida.
–Todavía me falta... Pero una no se puede poner tantas presiones. Engordé muchísimo en los últimos dos meses de mi embarazo, tanto que prefiero no decir cuánto. No hice dieta de ningún tipo, porque amamantar te ayuda muchísimo a bajar de peso. Pero a los veinte días, me subí a la cinta a caminar, y al mes arranqué con una rutina muy fuerte con un entrenador. Estaba deformada y pensaba: ¿todo esto queda así? [Se ríe.]
–¿Cómo es Merlín?
–Pura alegría, está siempre con una sonrisa de oreja a oreja.
–¿Tienen alguna rutina?
–La única rutina es amamantarlo. Y, después de bañarlo, le hago masajes Shantala, que lo preparan para acostarse.

–Tu hijo nació cuando cumpliste diez años de casada...
–Sí, fue el regalo perfecto. Estuvo buenísimo, porque es algo que nos une para siempre. Ricardo siempre fue un gran compañero y con un hijo todo lo bueno se potenció. Para Merlín, Ricardo es el mejor referente como hombre. El está enamoradísimo de su hijo. Igual que yo.
–¿Es un papá cariñoso?
–Sí, muy. Somos los tres muy pegotes. Algunas personas dicen que la mamá es lo más importante en el vínculo con su hijo. Yo no estoy del todo de acuerdo. Ricardo tuvo una generosidad enorme, porque acomodó todos sus shows de manera tal que pudiésemos organizarnos bien y estar muy presentes con el gordo. La segunda temporada de la serie que estoy grabando en Colombia la acepté recién cuando él me propuso venir conmigo. Y allá estamos, aunque con algunas condiciones, como trabajar menos horas y poder parar para amamantar a mi hijo. Me cambiaron las prioridades.
–¿Por eso te refugiás más en el cine?
–El cine es una búsqueda interior mía, que tiene que ver con encarar nuevos desafíos, con salirme del runrún que está a la orden del día cuando hacés televisión, que es algo que adoro pero que no hago desde hace siete años. Prefiero papeles acordes con mi edad y la tele a veces te encasilla. Antes de que yo fuese mamá de verdad, el cine me dio la posibilidad de encarar ese papel en muchas oportunidades: lo fui en Francia, en Música en espera, en Wakolda y en Infancia clandestina.
–¿Cómo es la madre que interpretás en Infancia clandestina ?
–Es muy particular y requirió mucha investigación de mi parte. La historia la escribió y dirigió Benjamín Avila, que es hijo de una madre desaparecida y sus hermanos estuvieron secuestrados. Esta no es una película más de la dictadura, es una historia muy conmovedora, muy poética. Toda la violencia está fuera de campo o contada a través de dibujos.
–¿De qué trata?
–Es la historia de Juan, un chico que regresa al país, de manera clandestina, con su mamá y su papá, montoneros. Y es su despertar en todo sentido. La familia no esperaba todo el tiempo que los vinieran a matar, se permitían festejar, amarse. El film no habla ni de buenos ni de malos, solo de lo cotidiano de ese momento. En Cannes (se presentó en la Quincena de los Realizadores), la gente la ovacionó de pie. Para mí fue muy fuerte hacerla. Tuve un tremendo entrenamiento físico durante tres meses y hasta aprendí a usar armas. Me encantó este desafío, porque no quiero quedarme atada al pasado, a lo que ya hice. Lo seguro, para mí, tiene fecha de vencimiento.

–Hablabas de la edad. ¿Qué te genera el paso del tiempo?
–La edad me fue cambiando. Empecé a conocer mis límites y a tomar decisiones de las que me hago cargo. Antes me hacía más la boba. Mi cambio lo noto mucho con Merlín. Todo el tiempo veo reflejada en él mi propia existencia, entonces me planteo si lo que digo es lo que hago. Y tiene que serlo, porque él absorbe todo. Antes hacía cosas sin estar convencida y después lo lamentaba. Ya no. También aprendí a escuchar más. Y a callarme.
–¿En qué notás que te cambió más la maternidad?
–En la ambición. Cuando llegué a Argentina, tenía 16 años y me quería comer el mundo. Me di cuenta, en ese sentido, que menos es más. Ahora mi ambición pasa más por estar en el campo, con mi familia, que por mi gran proyecto cinematográfico, aunque siga trabajando y dando lo mejor de mí.
–¿Sos miedosa o muy estricta como madre? Vi que no le das chupete.
–No le doy chupete porque no le gusta. El otro día se me cayó de la cama. Y no me volví loca. Lo miré, lo abracé y enseguida se le pasó el llanto. Yo quiero que mi hijo sea feliz por sobre todas las cosas. Y siempre voy a estar para abrazarlo, que no implica sobreprotegerlo.
–Tenés una postura muy protectora de la naturaleza. ¿Cómo se la vas a transmitir?
–Con el ejemplo, viéndome plantar zanahorias, estando en contacto con el pasto, con los árboles, enseñándole que lo que él haga va a repercutir en otras generaciones. A los diez días de haber nacido, ya lo llevamos al campo, que le encanta. Eso es parte de su vida y de su educación. Si me preguntás, me encantaría que vaya a una escuela pública, como hice yo. O si no, a alguna en la que incentiven el contacto con la naturaleza y con las artes.
–En tu casa no le va a faltar motivación artística.
–[Se ríe.] En casa hay un piano y a él le encanta jugar con sus deditos sobre las teclas. También agarra la guitarra, le encanta la música. Pero no le vamos a imponer nada. La calle, el campo y viajar también cumplirán también su rol educativo.
–¿Te gustaría que él empiece a trabajar tan joven como vos?
–No, ni loca. Ahí sí me voy a poner firme. Quemás etapas. Si el día de mañana a él le gusta algo relacionado con la música, será diferente, pero si tiene que ver con lo mío, no voy a dejarlo. En mi viaje de egresados yo era la rara porque salía en la tele y eso no está bueno. Y está el tema de la exposición, que ya me preocupa. Merlín merece ser un chico normal porque, más allá de mi trabajo, soy una mujer normal. Por todos los medios voy a evitar que lo fotografíen.
Un dulce llanto interrumpe la charla. Natalia abraza a su hijito con ternura y le pregunta algo al oído. Una mirada cómplice dará la respuesta. Entonces le pone su "osito" gris y lo carga sobre el pecho en una mochila.
Texto: Lucila Olivera
Fotos: Fernando Gutiérrez
Asistente de fotografía: Ignacio Arnedo
Producción: Georgina Colzani
Maquillaje: Sebastián Estrada
Peinado: Margarita Porto, para Lamensa
Agradecimientos: Hotel Club Francés: www.hotelclubfrances.com.ar, H. Stern y Las Oreiro



