Nito Artaza: su nueva obra, lo que aprendió del amor, por qué quiere estudiar psicología y el show que le produjo a Milei
El humorista estrena Argenmatch, en el Multiescena, el 20 de agosto próximo
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Inquieto desde muy chico, a Nito Artaza le interesó el mundo artístico porque se le daba muy bien imitar. Un día el gobernador de Corrientes le pidió que suba al escenario de Argentinísima y nunca más se bajó. También la política le interesa porque, desde su bisabuelo, todos los Artaza militaron en el radicalismo. Se mudó a Buenos Aires para estudiar periodismo, pero la vida lo llevó para otro lado y debutó en una revista con Moria Casán y Carmen Barbieri. Hizo muchísimo teatro, y el 20 de agosto estrena Argenmatch (Amor argento), de jueves a domingos en el teatro Multiescena, donde vuelve a formar dúo con Miguel Ángel Cherutti en una comedia en tiempos de aplicaciones de citas.
En una charla íntima con LA NACION, Artaza habla de amor, reflexiona sobre sus parejas, acepta que lastimó sin quererlo y también que sufrió por amor. Dice que aprendió, que sanó y que ahora tiene vínculos, sin pensar en la convivencia. También habla de sus tres hijos, de sus nietas, de las ganas de volver a la revista, y recuerda que produjo y dirigió a Javier Milei en un espectáculo y que todo terminó mal.

-Volvés a la comedia y a trabajar con Cherutti, ¿cómo se dio?
-Es una comedia muy divertida de la que me habló Gaby Almirón, que es el autor, y tiene que ver con cómo se conoce la gente hoy, a través de aplicaciones de citas. Hago dos personajes: uno que es un paraguayo muy divertido, y después a Lisette, una mujer. En comedia no había hecho nunca a una mujer. Y están también Belén Francese, Tamara Bella, Larry de Clay y Nancy Meijide, con dirección de Martín Mariani. Con Miguel hicimos una comedia hace muchos años, Pato a la naranja, y fue un éxito. Esta es la segunda vez, porque siempre hicimos revista.
-Son una dupla que funciona…
-Sí. Estamos haciendo giras también, con otro espectáculo. Nos va extraordinario, nos llevamos muy bien y nos divertimos con Miguel. Cada uno tiene su show… Somos la unión de dos individualidades (risas). El verano pasado, en Mar del Plata, cada uno tenía su obra y nos veíamos todos los días en la playa, almorzábamos juntos, nos reíamos. Y entonces dijimos: “vamos a hacer un show”. En noviembre nos vamos a España y hacemos Mallorca, Valencia, Barcelona, Málaga y Madrid. Y, después, me voy a Paris.
-¿A conocer a tu nieta?
-(Se emociona) Si, Catalina nació hace poquito. Y Muna ya tiene tres años… Con ella hablo casi todos los días por videollamada. Tengo una relación tan hermosa con mi hija Sabrina… La extraño tanto. Y a su esposo John, también. Los admiro mucho porque han formado una familia hermosa. Estoy tan orgulloso de mi hija porque veo cómo atiende a sus hijas, se dedica con tanta responsabilidad. En Europa nadie quiere tener hijos y ellos eligieron tener una segunda hija… Me emociono cada vez que hablo con ella. En realidad, estoy orgulloso de mis tres hijos, también de Juan Manuel y Leandro. Eso es la felicidad… Y hacer lo que a uno le gusta… Y seguir jugando al fútbol con mis amigos. Los amores también. Aunque a veces te duelen, tengo vínculos de amor muy buenos.

-Hace poco presentaste a una novia, Paula…
-Pero no la presenté. No es mi novia…. Compartimos momentos muy lindos con Paula, a quien conocí porque una amiga se olvidó en el teatro un regalo que le tenía que dar a ella. Lo guardaron en la boletería y yo, personalmente, fui a llevárselo.
-Todo un caballero…
-Sí…Era su regalo de cumpleaños. Toda una casualidad impresionante. Y ahí nos conocimos con Paula…. Tengo otros vínculos que comparto…. Y uno es ella. Es una chica muy independiente, excelente. Tiene tres hijos. Hablamos mucho de la vida, compartimos momentos lindos y ella también está de acuerdo con eso. En esta etapa, quiero una amiga.
-Nada de compromiso ni de convivencia.
-Nada de convivencia… A mí me gusta estar solo en mi casa. Y compromiso hasta cierto punto sí, porque hay respeto… Estoy bien… Voy con mis amigos a jugar al fútbol y con las amigas, a comer. Los hombres hablamos de fútbol, de política y de mujeres como si supiéramos (risas). Y no sabemos nada.
-¿Y no saben nada de mujeres?
-Nada… A veces vienen mis hijos a comer a mi casa… Y mis exparejas también. Y mis vínculos. Lo digo con respeto porque me preocupo mucho por no lastimar a nadie. Lo he hecho en la vida, sin querer.
-Fue muy mediática, en su momento, tu pelea con Cecilia Oviedo, la mamá de tu hijo Leandro. Y con Cecilia Milone, también.
-Pero no fue algo que quise hacer. Fueron circunstancias que me pasaron. Sin embargo, de eso aprendí, pude sanar, pude evolucionar. También uno trata de aspirar a ser mejor persona. Y sé que causé ese dolor, sobre todo a Cecilia Oviedo. Fue un gran amor y hoy tenemos una relación muy buena. A veces discutimos (risas). Y con Françoise Dugas, la mamá de Sabrina y Juan Manuel, tenemos una excelente la relación.

-¿Y con Milone no pudiste recomponer el vínculo?
-Fue una gran historia de amor que honro. Podría hablar mucho más porque es parte de mi vida, pero me parece que ya pertenece al pasado… Es una pena… Pero se terminó el amor. Es tan hermoso cuando te enamorás, y también es inexplicable cuando se termina.
-Con otra de tus ex, Silvina Scheffler, te llevás muy bien…
-Sí. Es divina. La vi hacer tantos esfuerzos en su vida. Una chica que tiene dos títulos… Saliendo del campo… Muy disciplinada. Yo la quiero muchísimo también. Fue una etapa muy fresca la que viví con ella.
-En resumen, ¿te sentís en paz con tu pasado amoroso?
-Sí, muy en paz. No quiero dañar… Y voy a contar mi locura: cuando tengo un vínculo, le hago leer un prospecto que dice que si lo consumís demasiado te puede hacer mal (risas). Según la experiencia que he tenido, algunas personas dicen que soy así. Yo trato de cambiar, de mejorar. Pero cuento eso, por las dudas.
-¿Hacés terapia?
-Hago terapia desde hace años… Ahora hace tres meses que no. Una de las personas con quien conviví más tiempo fue Cecilia Oviedo y terminó diciéndome, y lo digo un poco en serio, que soy un discapacitado afectivo. Y Cecilia Milone me dijo que tengo sordera en el alma. Y yo tengo tinnitus (percepción de un zumbido y pérdida auditiva).
-¿Y vos qué pensás? Porque estás contando que sanaste…
-Mis hijos no coinciden con eso. Sabrina, Juan Manuel y Leandro dicen que soy protector, un papá muy presente, muy amoroso. Ese es mi orgullo… Y siento tanto amor por ellos. No sé si será la edad, pero cada vez que los disfruto, me emociono. Estoy mucho con ellos ahora últimamente. Y pude ver el Mundial con los varones y lo compartimos con Sabrina… No fue fácil para ella viviendo en Francia (risas). Pero volviendo a las exparejas, valoro el coraje que ha tenido Cecilia, que ha terminado la pareja. En realidad, todas me dejan. Y tienen razón.
-¿Por qué?
-Porque está bien terminar una relación si no sos feliz. Hay un chiste que siempre digo: hay matrimonios que terminan bien, y otros que duran toda la vida (risas). Se sufre… Yo tuve duelos muy grandes, muy dolorosos. Pero al mismo tiempo pienso que no quiero dejar de valorar lo que vivimos. He tenido unos vínculos hermosos. Los tengo hoy y eso me llena de esperanza. De los inventos que hace la mente del ser humano para que la vida tenga más sentido, el amor es el mejor. Es como el Papá Noel para los grandes. Uno se ilusiona, se enamora y no se trata de creer, sucede. Todo empieza y termina, es así. Es natural como la vida: el amor nace, crece, se desarrolla y muere.
-Por eso, te dejan...
-Claro, si de entrada un tipo te dice que esto es un plazo fijo, que va a terminar... Es lógico… La vida no tendría sentido si a uno no lo amaron, y no sufrió por amor. Por eso, lo honro. Si de algo estoy orgulloso es que con todos los errores que he cometido, siempre pido perdón si causé algún dolor.
-El amor es uno de los grandes pilares de la vida y otro es el trabajo. Y vos estás en el medio desde hace muchos años y tuviste mucho éxito, ¿algún secreto?
-Para mí es maravilloso el teatro. Estar arriba de un escenario… Hacer reír al mundo es la mejor profesión que hay. La política también me gusta. Es un camino de ida… Una de las políticas que más hay que cuidar es la cultural porque nos resguarda el alma, nuestra identidad. Desde el jardín infantes habría que hacer teatro. Es una opinión subjetiva, pero el teatro no va a morir nunca.
-¿Cuándo te diste cuenta que tenías el don de hacer reír?
-En mi pueblo, Bella Vista (Corrientes). El otro día vi una foto que me emocionó y era cuando estaba a punto de actuar en la Fiesta de la Naranja, a los 16 años. Estaba el programa Argentinísima, y el intendente me pidió que subiera al escenario porque era Eugenio, el crédito local (risas). Subí, estuve veinte minutos y la gente no me dejaba bajar… Lo imitaba al gobernador, que estaba presente. Fue una ovación. Ahí me di cuenta que tal vez podía hacer reír. Pero seguí mi vida, estudié periodismo acá en Buenos Aires.
-¿Te viniste a Buenos Aires a estudiar periodismo?
-Sí, estudié en el Grafotécnico. No terminé porque empecé a hacer boliches, discotecas Y Carlos Petit, que era el productor de las grandes revistas, me llamó para el Teatro Tabarís.
-El artista le ganó al periodista…
-Sí. Mi primera obra, entonces, fue Los años locos del Tabarís, con Moria Casán, Carmen Barbieri que también recién empezaba. Petit me probó en la última función del sábado, y cuando dije “buenas noches” se apagaron las luces de medio Buenos Aires. Tuve que hacer 45 minutos de show y Romeo, el acomodador, me alumbraba con la linterna. Me contrataron para tres espectáculos, y ese verano estuve en Mar del Plata. Ahí conocí a Françoise, la madre de mis dos hijos mayores, porque ella bailaba en esa revista… Era una de las BlueBell Girls. Había siete chicas que después volvieron a París y ella se quedó. Le explicó al padre qué se había enamorado, él pidió que regresara, ella viajó, me dejó todos sus peluches y su ropa y me dijo “voy a volver”. Y al mes volvió y sigue viviendo en Buenos Aires. Después se casó y se fue a vivir al sur, tuvo otra hija que es médica. Yo los quiero muchísimo, porque realmente somos familia.
-Lo tuyo son las historias de amor…
-Dice mi hijo que tengo que dejar de procrastinar con las relaciones y dedicarme un poco más a lo mío, que voy a tener éxito (risas). El amor me pierde… No sé por qué. Quizás son huecos afectivos… Eso lo descubrí con terapia. Lo peor de todo esto es que desde hace un año estoy buscando ingresar a estudiar Psicología.
-¿Vas a estudiar psicología?
-Sí, me encanta. Quiero estudiar en la UBA… Me apasiona. Y me parece muy necesaria en estos tiempos.
-¿Te gustaría que vuelva la revista?
-La revista es un género cultural argentino que no tiene el grado de trascendencia del tango o el chamamé, que son patrimonios intangibles de la humanidad. La revista es un género porteño y yo sé cómo hacerla, pero en este momento hay que contar con un presupuesto un poco alto o un auspiciante. Buenos Aires tiene una ley de Mecenazgo, pero necesitamos una ley nacional donde se pueda aportar a la cultura, no solamente al teatro, sino a todos los eventos de cultura. En el caso de la revista, tener 25 personas arriba de un escenario tiene un costo alto. Un riesgo para el productor. Sin embargo, sería muy bueno, estoy seguro. Hace muy poco probamos con Toy sin plata, los lunes y martes, porque no había teatros disponibles. Soy dueño del teatro Enrique Carreras de Mar del Plata, pero es más de comedia. A veces suelo discutir mucho con Carlos Rottemberg, aunque valoro el trabajo que hace también.
-¿Por qué discuten?
-Yo creo que el teatro tiene que ser más popular todavía y no basarse en los números, sino en el acceso a la gente. Hago giras con Cherutti y todos los pueblos, hasta el más chico, tiene una iglesia, una comisaría y un teatro. El arte es muy importante y lo veo en Corrientes, donde miles de chicos ensayan con la comparsa, aprenden una disciplina, una habilidad, cantan, bailan, actúan, tocan un instrumento. Son miles de chicos que, tal vez, estarían distraídos en otros vicios. Esos chicos están trabajando todo el año pensando qué van a hacer en febrero para el Carnaval, por ejemplo.
-Decías que la política es otra de tus pasiones y viene de herencia…
-Para mí es un viaje de ida. Me apasiona… Sé que me perjudica. A cualquier actor que tenga una posición política lo esmerilan… Porque hay un 50% que te quiere y el resto no coincide. Sin embargo, la política es un instrumento hermoso para mejorar la realidad de las personas y de la sociedad… Hago política porque es de herencia: mi bisabuelo, mi abuelo y mi padre hicieron política. Daniel Leandro Artaza, hermano de mi abuelo, fue héroe de la Guerra del Paraguay. En la batalla de Curupaytí, el hijo de Domingo Faustino Sarmiento, Dominguín, murió en los brazos del entonces Capitán Artaza, y después Sarmiento le ofreció seguir la carrera militar en Estados Unidos y él prefirió quedarse en Corrientes; fue vicegobernador de Corrientes, y legislador. Y fue, junto a (Valentín) Virasoro, quien convenció a Bartolomé Mitre de que Sarmiento tenía que ser el presidente.
-LA UCR es muy criticada….
-Sí. Y quiero hacer una división entre la UCR hoy, y lo que es el radicalismo. Porque el radicalismo sigue vigente. Sus ideas, su corriente de pensamiento como lo expresaron (Moisés) Lebensohn, (Raúl) Alfonsín, (Hipólito) Yrigoyen, (Arturo) Illia. La UCR es la que equivocó el camino, con todo respeto, pero se separó del radicalismo que sigue vivo.
-Tenés tu partido político en Corrientes…
-Sí, Cambio Popular, que lo dirigen mi hermana Amelia y mis sobrinos. Pero hago política individualmente y no estoy situado en un espacio… Estoy, sí, en la otra vereda de (Javier) Milei, a quien produje hace unos años.
-¿Produjiste a Javier Milei?
-Fui su productor y su director en El consultorio de Milei, que hicimos en el Teatro Regina en 2019, y era una especie de reflexión sobre distintos temas de economía. Lo respeto, aunque no coincido con él. Un día vino a verme para contarme la idea: Diego Sucalesca hacía de psicólogo, y él hablaba de economía solamente. Era muy gracioso. Y estaba Claudio Rico, que hacía muy buenas imitaciones. Ya cuando estábamos ensayando, me pidió sumar a su hermana Karina Milei. Me acuerdo que le pegaba con un palo a una piñata, que era el Banco Central y caían dólares (risas). Y al final le poníamos un chaleco de fuerza, y entraba Karina. Fue un éxito... Lo hacíamos todos los viernes.
-¿Hoy siguen en contacto?
-En realidad, nos terminamos peleando muy mal en Intratables… Discutimos una hora, a los gritos. Fue cuando le hice una sola pregunta: “¿cómo resolvés la desigualdad con tu anarco-liberalismo?“. Y me dijo, nazi, fascista, comunista. Todavía estábamos haciendo el espectáculo, así que al día siguiente me llamó Karina y me dijo que no iban a seguir. Mucho tiempo después lo vi en el Luna Park y lo saludé; él era diputado y estaba nervioso…
-¿Cuál es tu mirada de nuestra actualidad política, económica y social?
-A nivel nacional yo tengo un pensamiento más progresista. En definitiva, tengo el pensamiento del radicalismo. No comparto haber acompañado a Macri, y no comparto que hoy estén acompañando a Milei. Tengo otro concepto de la política. Es una preocupación, realmente, ver que hacen política para un 30% de la población, y no para la mayoría de los argentinos. Hay que incluir a todos. Están pasando cosas muy graves como sacarle los derechos a los trabajadores, no cumplir el tema del financiamiento universitario, la ley de tierras, alinearnos solamente con los intereses de Estados Unidos y de Donald Trump. Hay gente que está sufriendo mucho, y muchos despidos. La apertura de importaciones está perjudicando a la industria. Hay dos cosas que me parecen fundamentales: un proyecto nacional y un acuerdo nacional. Hace falta un acuerdo nacional para saber hacia dónde va el proyecto, a dónde nos vamos a situar como país en este mundo que estamos viviendo. Es decir, un acuerdo entre el poder real, el poder formal, que son los que nos gobiernan, y los trabajadores, los sindicatos, y la ciudadanía. Y la redistribución del ingreso para paliar la desigualdad.


