Omar Mollo: "Si estás rodeado de gente que consume, es imposible zafar"
Asentado en el tango y con una vida en Holanda, el cantor sacó un nuevo disco con un repertorio curado con su alma rockera
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Omar Mollo tenía una agenda cargada de trabajo y, como todos, debió aplazarla. Pero repasarla sirve, de todos modos, para comprobar el buen momento por el que pasa la carrera de este músico argentino que allá por 2003 dejó de lado las pilchas del rock para probarse las del tango. A juzgar por los resultados, acertó. Después de su paso por Buenos Aires para promocionar su nuevo álbum,Embretao, ofrecer un show en el ND Ateneo y presentarse también en el Festival de Cosquín, Mollo tenía planificada una gira por Austria, Alemania, Noruega y Estonia, previa escala en Holanda, el país en el que vive hoy, para cantar en el Rotterdam Dutch International Tango Week. Esos planes quedaron momentáneamente postergados, pero en las plataformas de streaming hay mucho material de este tanguero inusual (tiene 70 años y una melena propia de un integrante de una banda de heavy metal), hermano de una gran figura del rock argentino, Ricardo Mollo (Sumo, Divididos). Y vale la pena revisarlo.
-¿Cómo es tu vida en Ámsterdam?
Muy tranquila. Me alimento bien -soy vegano desde hace cincuenta años-, camino mucho y tengo bastante trabajo. Vivo en el Barrio Rojo, que es muy pintoresco. Soy una persona austera, me arreglo con el mate con miel, y con ajo, cebolla y lechuga ya resuelvo la comida (risas). Hace años que dejé el tabaco y la droga. Tuve un período bravo con la cocaína que por suerte se terminó hace mucho.
-¿Cómo hiciste para zafar de la adicción?
Lo primero es alejarse de las malas compañías. Si estás rodeado de gente que consume, es imposible zafar. Cuando era joven yo andaba con el libro del I Ching bajo el brazo, pero después me encerraba a tomar cocaína y a darles consejos a los demás. Por suerte, eso se terminó. Era un tiro al aire en más de un sentido... Ensayaba en un sótano del Oeste con MAM y venía gente como Oscar López, Jorge Álvarez y Daniel Grinbank a decirnos que grabáramos y yo no quería, estaba en otra. Pero haber tocado fondo me ayudó a revertir la situación. Hoy tengo un espíritu positivo. Fue muy importante haber conocido a Graciela, mi pareja y guía espiritual. Pero sobre todo fue fundamental no juntarme con gente corrosiva.
-¿Cómo decidís el repertorio de tus discos?
Sigo lo que me dicta el corazón. En este género soy un intérprete, más que un compositor. Embretao tiene mucha variedad: tangos de Gardel-Lepera ("Cuando tú no estás"), Piazzolla-Ferrer ("Balada para un loco"), Troilo-Manzi ("Romance de barrio") y Mores-Calamaro ("Jugar con fuego"); una milonga de Atilio Stampone y Eladia Blázquez ("Tango y milonga")... Escucho mucho tango y voy eligiendo lo que me conmueve. Y trato de escaparle, en lo posible, a lo más obvio.
-Te encontraste alguna vez mano a mano con Stampone, ¿no?
Sí, fue hermoso y también me mandé una genial esa vez (risas). Yo grabé "Afiches" para el disco Barrio Sur (2012), él lo escuchó y me llamó para que fuera a verlo a Sadaic. Era verano y yo fui en bermudas y ojotas. Llegué y cuando subí al primer piso, me estaba esperando. Me aseguró que era la mejor versión que había escuchado, y yo quedé pasmado. Pero después me dijo otra cosa: "La próxima, vestite mejor" (risas).
-¿Encontrás vínculos entre el tango y el rock?
Sí, claro que hay vínculos, me parece indiscutible. Yo veo que cada vez hay más rock en el tango, de hecho. Y estoy muy agradecido de haber pasado por el rock antes de haber llegado al tango, la verdad. Me dio mucha picardía para elegir bien un repertorio, por ejemplo.
-¿Te gusta lo que hace Daniel Melingo?
Sí, me parece un gran artista. A Daniel también le va muy bien en Europa. Yo podré cantar bien, pero lo único que sé hacer es agarrar el micrófono. Daniel es un showman, tiene algo más teatral. Y eso es innato, además. Tiene un estilo muy personal. Y también fue gracias a él, que tenía su programa en el canal Solo Tango y convocaba a todos los rockeros, que yo empecé con esto. Mi compañera Graciela fue clave, me insistió mucho y le estoy siempre muy agradecido, pero me acuerdo perfectamente de que Daniel lo llamó a mi hermano para grabar unos tangos y Ricardo le dijo "OK, yo voy, pero el que canta tangos es mi hermano Omar". Eso fue antes de la grabación de mi primer disco de tango y de mi primer viaje a Holanda.
-Donde te quedaste anclado... ¿no pensás en volver a la Argentina?
Y no... Tengo mucho trabajo en Ámsterdam y encima ahí estoy al toque de todo. Ya tengo un camino hecho allá, no me hace falta pelear nada y tengo mucha ayuda. No es que estoy empezando de cero. Ellos siempre les buscan la vuelta a las cosas para que funcionen. No es un trastorno hacer un concierto, como de repente puede ser en la Argentina. No siempre pensé así, eh. Me acuerdo que en 2003, cuando llegué a Holanda, fui a la primera prueba de sonido antes de un show y como veía que todo era tan perfecto, me parecía raro. Y me quería volver, algo bien de bicho de barrio (risas). Me dijeron "tenés un contrato, acá hay que cumplir". Y a los quince días ya no me quería ir más.
-Hablaste de Ricardo. ¿Cómo te llevás con él? ¿Se ven seguido?
Me lo preguntan mucho, creo que existe la fantasía de que estamos peleados. Me llevo bien, pero no tenemos mucho tiempo para vernos. Mi vieja vino a verme al ND Ateneo, pero él no pudo. Me gustaría compartir más tiempo con Ricardo, dormir en la misma casa, levantarnos y tomar unos mates, hacer por un ratito una vida de hermanos. Pero tenemos obligaciones que muchas veces impiden eso. Somos amigos, nos llevamos bien, no se preocupen.
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