
Su abuelo fundó el único hospital de su pueblo, rompió una vocación familiar y hoy es la “protegida” de Amelita Baltar
Carolina Minella acaba de lanzar Besaré la memoria, su quinto álbum de estudio, donde mixtura la tradición del tango con una mirada actual y femenina
Carolina Minella sale de la norma. Mixtura en su decir y en su hacer bastante de ese arrabal tanguero primigenio con la textura del presente donde el género se planta convencido atendiendo a un contexto que no le es ajeno.
“Vivo en Almagro, barrio de tango”, dice la cantante de entrada, cuando se elogia la ambientación de su living donde cada objeto conlleva un pensamiento, una decisión. Una determinación tan firme como la convicción de editar Besaré la memoria, su quinto álbum de estudio que ya se encuentra disponible en las principales plataformas.
–El nombre del álbum puede convocar a diversas lecturas.
–Parte de una frase de “Preludio para el año 3001”, que escribió Horacio Ferrer y que lleva música de Astor Piazzolla. Esa idea disparó el disco que vendría después. Es mi manera de honrar mis raíces, a mis padres, a la gente que me apoyó mucho. También tiene que ver con la memoria colectiva que tanto nos pesa y duele a los argentinos. Y, desde ya, es honrar a esos autores que incentivaron mi carrera y atravesaron mi vida.
“Preludio para el año 3001” fue estrenada por Amelita Baltar en la primera mitad de la década del setenta y, rápidamente, se convirtió en un clásico. En el flamante álbum de Minella, la ilustre intérprete participa de la versión a modo de colaboración con un recitado en el que verte su carnadura dramática.
Otra de las colaboraciones de Besaré la memoria tiene como coprotagonista a Sandra Mihanovich, quien acompaña a Minella en una versión de “A vos ciudad”, escrita por Pepe Cibrián para Aquí no podemos hacerlo, uno de sus primeros musicales.
“Me parece que la fusión de tangos con un nuevo sonido y lo tradicional se unen armónicamente en este disco, porque, en gran medida, eso es lo que me conforma a mí como artista”.
Aunque la filosofía del tango suele estar asociada, sobre todo en sus orígenes, como una manifestación de resonancias patriarcales, lo cierto es que el género ha contado, y cuenta, con mujeres que han enaltecido desde la pluma de su poesía (Mercedes Simone, Azucena Maizani o Eladia Blázquez) hasta voces identitarias (Tita Merello, María Graña, Amelita Baltar). Carolina Minella es heredera de esos nombres y de tantos otros.
Besaré la memoria cuenta con arreglos, producción y dirección musical, en distintos temas, de César Angeleri y el Chino Asencio. El repertorio se completa con “Uno”, “Nostalgias”, “Chiquilín de Bachín” y “Toda mi vida”. De manera atractivamente disruptiva y transitando una productiva cornisa creativa, también forman parte del álbum el candombe “Tengo un candombe para Gardel”, el vals “Que nadie sepa mi sufrir” y el chamamé “El cosechero”.
Minella apuesta por una idea matriz a la hora de pensar en la conformación de cada uno de sus discos: “Son construcciones conceptuales, donde también aparecen quienes me influenciaron; eso me permite poder ofrecer desde sonidos más acústicos hasta tangos menos convencionales, pero también sumar lo más tradicional, que siempre me interesa".
-Lo urbano del tango no se contradice con ciertas imágenes rurales que aparecen en el álbum...
-En “El cosechero”, Ramón Ayala, su autor, genera una pintura, muestra eso que yo veía en mi crianza en el campo”.
-Corrés unos cuantos riesgos en el álbum, es toda una apuesta incluir un tango de Pepe Cibrián.
-Me encanta asumir riesgos y unir lo menos tradicional con los clásicos.
Referente
Amelita Baltar la suele invitar a sus conciertos para que ofrezca su arte a su público: “Es tan generosa. La trilogía de Astor Piazzolla, Horacio Ferrer y Amelita Baltar marcó un antes y un después en la música; que me tenga en cuenta, me quiera y me apoye, me llena de orgullo”.
La artista suele visitar el estudio de Baltar para realizar performances intelectuales: “Leemos a poetas del tango, pero, como ella viene del folklore, también me enseña mucho con respecto a ese género que la marcó en sus inicios y que tanto tiene que ver con mi infancia y adolescencia”.
-¿Cuándo se conocieron?
-Hace nueve años, yo cumpliendo, de alguna manera, el rol de alumna. Es una de esas personas que no se guarda nada, te da todo. Encontré en ella un sostén, un apoyo muy importante.
Carolina cuenta con una amplia trayectoria internacional que comprende giras por Brasil, Colombia, Uruguay, Suiza, Italia y Francia. Además, ha sido ganadora, en la edición 2018, de un Premio Gardel a la Música en el rubro Mejor nueva artista de tango. Con Génesis, su tercer álbum, también el codiciado galardón de la industria musical la coronó con una nominación.
Lugares
A Minella no le es ajena la música telúrica. Nació en Los Surgentes, provincia de Córdoba, donde la tradición se respira a cada paso: “El primer instrumento que tuve a mano fue una guitarra con la que empecé a cantar zambas y chacareras”.
Los Surgentes suma hoy 1.500 habitantes. En esa geografía, la familia de la cantora contó con varios músicos en su haber y personalidades relevantes del quehacer social: “Mi abuelo fundó el primer y único hospital del lugar y mi papá fue el creador de la primera clínica privada; en mi familia son todos médicos, yo estuve a punto de seguir esa carrera”.
Curiosamente, en esa disyuntiva sobre su futuro, Rogelio Azcona, un médico, que era músico amateur, le pidió que la acompañase a una gira. “Eso me llevó a decidir mi futuro, me hizo conocer el mundo vasco, al que pertenecía él, lo que me condujo a cantar en ese idioma. Cuando regresé a mi casa, les dije a mis viejos que la música era lo mío y que, si bien me encantaba la medicina, me iba a dedicar al arte”.
-¿Cómo reaccionó tu padre médico?
-Casi se muere. Me dijo: “te vas a cagar de hambre”. Pero soy, como buena taurina, muy testadura y, cuando me meto en algo, lo hago a fondo.
-Folklore y música vasca te eran cercanos, ¿cómo llega el tango a tu vida?
-La familia Azcona también fue influencia. Tendría unos 15 o 16 años cuando ellos me dijeron que debía conocer este género.
A pesar de que formaba parte de una banda de rock con sus compañeros de colegio, cuando escuchó temas como “Malena” o “Los mareados”, que los Azcona le hicieron conocer, entendió que debía indagar en ese camino.
De su pueblo cordobés a Rosario. A orillas del Paraná estudió teatro y música, una parada formativa antes de recalar en Buenos Aires.
-¿Qué fue lo primero que hiciste en esta ciudad?
-Me formé en la Escuela de Música Popular. Ahí me decidí por transitar el tango, ya que había cumplido el anhelo de estar en la ciudad de mis sueños. Siendo argentina y viviendo en Buenos Aires, el tango fue el camino.
-Más allá del deseo, seguramente no habrán sido sencillos los primeros tiempos en una ciudad que puede ser hostil para el recién arribado, e iniciando una carrera tan competitiva.
-Llegué a la casa de un tío, hermano menor de mi papá, mi tía y mis primos. Si no hubiesen estado ellos, no sé si hoy estaría acá. Además, hace más de veinticinco años, ni siquiera había celulares ni redes sociales, así que era muy difícil el desarraigo. Fue fuerte llegar de un pueblo de 1500 habitantes a una ciudad como Buenos Aires. Al año, sin embargo, ya me empecé a adaptar.
Su primer departamento, luego de doce meses de cobijo de parte de su familia paterna, quedaba en Solís y México. “Disfruté mucho toda esa época, porque, cada vez que veníamos a pasear con mis padres, soñaba con instalarme acá”.
Palabra de mujer
-¿Qué sucede con el tango hoy?
-Está pasando algo muy interesante, vive una suerte de redescubrimiento de parte de la gente más joven que va tras la raíz de nuestra música. El tango y el fútbol nos identifican en el mundo, son nuestra identidad.
-En ese contexto, ¿cómo evaluás el lugar que ocupa la mujer en el tango?
-Hemos roto barreras.
-Amelita Baltar puede dar cátedra sobre eso, comenzando por la interpretación de “Balada para un loco” que hizo a modo de estreno en 1969 y que no fue bien recibida.
-Así es. Hoy, por suerte, hay tantas mujeres jóvenes trabajando en el tango, hay una gran apertura, es un momento de búsqueda muy interesante.
-También aparecen nuevos poetas, varones y mujeres, que acompañan el pulso de una sociedad con movilidad en sus propias creencias y valores.
-Se trata de patear puertas y que la presencia femenina ocupe un lugar destacado. De todos modos, hubo grandes pioneras como Tita Merello, quienes nos influenciaron desde su música y desde su vida. Muchas patearon puertas para que hoy estemos acá. Desde ya, sigue habiendo algún que otro machista que, seguramente, se incomodará con las mujeres en el tango.
-Hace un momento te referías al fútbol, acaso tan perenne como el tango...
-La pasión nos une, ni siquiera hay diferencias sociales. Es una sensación de alegría general.
-Si tuvieras que elegir una frase de un tango que consideres que te identifica cabalmente, ¿cuál elegirías?
-Es muy difícil poder responderte, pero pienso en el estribillo de “Preludio para el año 3001”.
Carolina Minella entiende que el pedido incluía el deseo de una breve interpretación. Sin hacerse rogar, desanda esa poesía del maestro Ferrer: “Renaceré, renaceré, renaceré, y una gran voz extraterrestre me dará la fuerza antigua y dolorosa de la fe, para volver, para creer, para luchar”.
-¿Por qué elegiste estas ideas?
-Porque me representan. Soy de ir para adelante, aunque, a veces, se hace muy cuesta arriba. Ejercer el arte en nuestro país es difícil, pero, como digo siempre, y aún cuando falten los apoyos, incluso el de los afectos, el camino es de uno.
-Un buen título para un disco...
-El camino siempre es de uno.

