La pareja abrió las puertas de su mansión para recibir en exclusiva a ¡Hola! Argentina
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Se conocieron en Nueva York hace tres años. Desde el primer momento en que se vieron, en una comida organizada por amigos en común, nunca más se separaron. Como muchas, la historia de amor de Matías Garfunkel (39) y Victoria Vannucci (30) fue un camino con peripecias y separaciones, pero que finalmente tomó formalidad en París en un soleado día de mayo de 2011. Ese día, el heredero de una de las fortunas más grandes de Argentina –su padre, Jorge Garfunkel, fue un reconocido empresario que fundó el Banco Buen Ayre, y su madre, Mónica Madanes, pertenece a la familia que es dueña del imperio Aluar, máximos productores de aluminio en Latinoamérica– le pidió matrimonio en la puerta de una tienda de la Avenue Montaigne.
Fijaron la fecha: el 31 de marzo de 2012. Bajo el rito judío, Matías y Victoria se casaron en La Celeste, el campo que Matías le compró a Paula Cahen d’Anvers y Federico Alvarez Castillo en San Miguel del Monte, en provincia de Buenos Aires. La felicidad volvió a inundar sus vidas un año después, el 24 de marzo de 2013, cuando nació su primera hija, Indiana, "el mejor regalo que Dios nos pudo dar", aseguran.
Pero un accidente automovilístico que casi deja sin vida a Matías les cambió la vida para siempre. Sucedió la noche del pasado 5 de mayo en Río Negro, cuando él perdió el control de la camioneta que conducía. Sufrió fracturas en la columna y en el cráneo, y una contusión pulmonar. Gracias a la asistencia que recibió en un sanatorio de Bariloche, se salvó y pudo recuperarse en tiempo récord. Hoy dice que está totalmente repuesto, "pero mi filosofía de vida ya no es la misma. Quiero ayudar a que todas las personas que lleguen a sufrir un accidente puedan recibir la mejor atención para que sus vidas queden fuera de peligro. Veo la vida de otra forma. Tengo la necesidad de ayudar", confiesa el entrepreneur, heredero de BGH –la empresa argentina de tecnología fundada en 1913 bajo el nombre de Boris Garfunkel e Hijos, por su abuelo, un inmigrante ucraniano– y accionista del Grupo 23, una empresa de medios.

Victoria, su mujer y gran aliada, se convirtió en su mayor apoyo y en la "ideóloga" de este nuevo proyecto: la Fundación Matías y Victoria Garfunkel, una organización sin fines de lucro cuya misión es ayudar a personas humildes con graves problemas de salud. "Tomamos la decisión de encaminar este proyecto a los pocos días que pasó lo del accidente", cuentan en su petit hôtel de Belgrano, una casona del 1900 en la que recibieron en exclusiva a ¡Hola! Argentina , y en la que se ve reflejado el gusto de Matías por el arte y la historia.
–Hay un antes y un después del accidente…
Matías: No tengo dudas de que volví a nacer desde aquel día y que ya nada volvió a ser igual en mi vida. Y creo que si pude salir adelante fue gracias al amor de mi mujer y de mis hijos, porque sin ellos no creo que hubiera sobrevivido, ya que según me contaron los médicos, mi cuadro era muy crítico y solamente me habían dado tres horas de vida pulmonar. Pero la reacción de Victoria fue brillante porque llamó inmediatamente a los médicos de la familia para pedirles ayuda. Todo fue muy traumático, pero hoy soy un agradecido de la vida. Aún tengo momentos de mucho dolor porque mi columna vertebral se partió en tres partes, pero basta con ver a mi hija sonreír para olvidarme de todo.
Victoria: Creo que jamás podré olvidar aquella noche en que sonó el teléfono a las dos de la mañana para avisarme que Matías había sufrido un accidente y que estaba luchando por su vida. Recuerdo que estaba amamantando a Indiana en ese momento y cuando colgué su mirada me tranquilizó y me dio fuerzas para enfrentar los días más duros. Desde ese día ya nada es igual, todo lo valoro distinto y trato de disfrutar al máximo la vida. Sin duda, fue algo que me cambió mucho como persona y que me hizo darme cuenta de que la familia es todo para mí.
SU NUEVO PROYECTO
–¿Cómo surgió la idea de crear la Fundación Matías y Victoria Garfunkel?
Matías: Más allá de que los Garfunkel somos una familia que siempre estuvo vinculada a causas filantrópicas, sin duda fue el accidente lo que nos llevó a tomar la decisión de crear una fundación, ya que me di cuenta de que el equipamiento de los hospitales es fundamental para la calidad de vida de los pacientes. Nuestra ayuda inicial se enfocará en la salud y estará basada en donaciones. Además, me pone muy contento que sea Victoria quien presida la fundación, porque a lo largo de todo este tiempo me demostró que es una mujer muy valiente y con un gran corazón.
Victoria: Ya estoy terminando el primer plan de acción. Además, estoy formando un cuerpo de voluntarios que recorrerán los hospitales para darse cuenta de sus carencias y poder canalizar la ayuda más rápidamente. Estoy muy entusiasmada con la idea y desde el primer momento le dije a Matías que podía contar conmigo, porque soy una convencida de que todo granito de arena siempre es bueno.
–¿Van a hacer donaciones?
Victoria: Sí, la primera fue precisamente al Sanatorio San Carlos, el lugar al que trasladaron a Matías después del accidente y donde le salvaron la vida. La segunda se hizo el 19 de septiembre pasado, después de haber sido invitada al programa El diario de Mariana conducido por Mariana Fabbiani, donde me encontré con la historia de Jeremías, un chiquito que necesitaba 30 mil pesos para poder viajar a China y someterse a un tratamiento con células madre. Cuando escuché la historia y me enteré del gran esfuerzo que estaban haciendo sus padres, hablé con Matías y decidimos donarle esa cifra a los padres de Jeremías.
Matías: Igualmente, considero que en un futuro todas las donaciones deben ser anónimas, ya que así me educó mi padre. Creo que cuando la vida te da tanto, tenés la obligación y el compromiso de ser generoso con los demás. Veo un gran potencial en esta fundación.
BUSCANDO OTRO HIJO

–¿Hay planes de agrandar la familia?
Victoria: Totalmente y pronto. [Risas]. Justamente estamos buscando otro hijo, porque nos gustaría que Indiana tuviera un hermano cuanto antes. Los chicos son siempre la alegría de un hogar y nos encantaría que esta casa estuviera repleta de risas.
Matías: Yo crecí como hijo único, por lo que quiero que Indiana crezca en una familia grande. Nada puede darte más satisfacciones en la vida que el cariño de un hijo. De hecho, creo que fue gracias a mis cuatro hijos [Ariana (14), Juan (12), Solana (8) e Indiana; los tres primeros son de su anterior matrimonio] que tomé fuerzas y pude salir adelante después del accidente. Cuando escuché que la pequeña no quería comer y lloraba todo el día mientras yo estuve internado, me conmovió profundamente.
EL COLECCIONISTA
–Matías, la casa refleja tu gusto por el arte, los muebles y hasta los "fierros"… ¿El coleccionismo es uno de tus hobbies?
–Desde que tengo 5 años me apasiona coleccionar y elegir cosas. De hecho, varias de mis colecciones están desperdigadas por toda mi casa. Creo que más allá de atesorar cosas bellas o con un peso histórico importante, el espíritu del coleccionista está relacionado con un deseo de proteger y resguardar objetos para las futuras generaciones.
–¿Cuál de tus "pequeños tesoros" es el que más te apasiona?
–Sin duda, creo que los manuscritos y las cartas antiguas. Recuerdo que empecé cuando cumplí 16 años y mi padre me regaló un manuscrito de Napoleón. Desde ese día no paro de buscar estos objetos por todo el mundo. Hace poco llegó a mis manos uno de los más raros. Se trata de la renuncia del presidente Nixon, escrita el 8 de agosto de 1974. Es un documento que debería estar en la Biblioteca y Museo Presidencial de Richard Nixon, pero no, está colgando en la pared de mi comedor. Sin embargo, mis favoritos son los manuscritos originales de El Aleph" y "Yo, judío", ambos de Borges.
"SOY MUY AFORTUNADA"
–Victoria, ¿cómo cambió tu vida desde que te convertiste en la mujer de Matías Garfunkel?
–Hay tres momentos que marcaron mi vida. El primero fue el día que tuve que salir a trabajar para poder vivir, porque debo aclarar que no fue fácil llegar adonde estoy. Muchas veces pasé por situaciones complicadas y conozco muy bien lo que es el esfuerzo del trabajo. El segundo fue el día que conocí a Matías y que me di cuenta de que era el hombre con el que quería compartir el resto de mi vida. Y el tercero, cuando nació Indiana y me convertí en madre. Porque es gracias a mi hija que hoy veo la vida de otra manera: la maternidad me sensibilizó enormemente y me hizo darme cuenta de lo que es el amor incondicional. Por eso, todos los días me levanto y le agradezco a Dios por darme el privilegio de llevar esta vida y de tener un marido tan generoso.
Texto y producción: Rodolfo Vera Calderón
Fotos: María Teresa de Jesús Alvarez y Daniel Karp
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