Pop para discoteca
Modern Talking: Thomas Anders, cantante del dúo alemán, le contó a La Nación que ahora son más exitosos que en los años ochenta.
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La ola de regresos ochentosos trajo consigo a uno de los grupos más vendedores en la historia de la música alemana y uno de los más exitosos del pop mundial: Modern Talking.
Después de doce años, Dieter Bohlen y Thomas Anders dejaron las diferencias personales de lado y volvieron a encontrarse para repetir el fenómeno de la última década.
El reciente álbum, "Back For Good", que trae sus grandes hits remixados y el agregado de cuatro canciones nuevas, ya vendió más de un millón de copias sólo en Alemania mientras que en la Argentina -probablemente nos visiten antes de fin de año- superó la increíble suma de 120 mil placas.
A caballo de temas como "Brother Louie" o "You´re My Heart, You´re My Soul", Modern Talking regresó este año a los escenarios y el mismo Anders, en diálogo exclusivo con La Nación , prometió la visita de la banda al país antes de fin de año.
En cuanto a la cantidad de grupos de entonces que están otra vez en plena actividad, Anders sostiene que "la gente realmente ama escuchar las viejas canciones. Poseen muy buenos recuerdos de esos años porque fue una década que tienen ubicada dentro de los pensamientos positivos".
La voz de Modern Talking asegura que en la actualidad el dúo es "tanto o más grande que cuando logramos nuestros primeros éxitos. Con ÔBack For Good´ hemos vendido hasta el momento tres millones y medio de álbumes y nunca habíamos tenido un disco tan vendedor en los 80".
La melodía y cómo lograrla
Pero más allá de su peculiar éxito, Anders intenta un análisis más amplio y afirma que "el último año, en Europa, tuvimos el tecno, las raves, la música trance. Esa es música sin melodías, sólo ritmos y beats. Y creo que la gente quiere buenas melodías... para poder cantarlas. No sólo se trata de estar en las discoteques y bailar al ritmo de beats de baterías. Por eso pienso que aquella música pop vuelve a estar en vigencia".
Modern Talking se separó en 1987 debido a las peleas que mantenían constantemente Bohlen y Anders. En 1994 se reunieron y planearon la vuelta del dúo a largo plazo pero, de todas formas, los rumores indican que la relación sigue sin ser la de otras épocas.
"En cierto sentido tanto éxito nos hizo mal -asiente el cantante-, en parte porque en la primera época yo era muy joven. La carrera de la banda era mi vida. No tenía tiempo para mis amigos y fue muy difícil estar todo el tiempo de gira. Pero ahora tengo 35 años y disfruto mucho más toda esta historia".
Antes de despedirse, Anders cuenta que están preparando un disco con nuevas canciones que se editará en marzo del año próximo y que, si bien las melodías siguen teniendo el mismo sentido que siempre tuvieron, ahora el dúo posee una sonoridad más acorde a esta década. ¿Música dance de fin de siglo quizá? "No, nada que ver. No me gusta mucho la música electrónica porque no tiene corazón. Y para mí, si la música no tiene sentimiento no sirve."
Década de cambios
Es cierto que los ochenta fueron marcados a fuego por la música pop, que desplazó a las propuestas de extracción más rockera, sobre todo en lo que respecta a ese lugar tan imprevisible como el mercado discográfico. Pero no todo lo que queda de aquella época es color y diversión. También las guitarras distorsionadas decían presente en bandas como The Smiths, que además -a través de Morrisey- trabajaba muy cuidadosamente sus historias. Y gente como Prince o Police se internaban en terrenos más experimentales, en busca tal vez de un lenguaje que aprovechara los elementos a mano pero sin negar lo hecho anteriormente. Prince, tomando un amplio espectro: desde Hendrix hasta Roxy Music. Police, con fineza pop, euforia punk y el detalle de no sobrecargar las músicas. Es decir, no tocar ni una nota de más.
Pero tal vez el grupo más emblemático en busca de un nuevo lenguaje para el rock estuvo de parte de los Smiths, sobre todo por esa sensación constante de lucidez que retrata en sus álbumes. Como si en todo momento hubiesen sido conscientes de los cambios que se daban en el mundo con los gestos conservadores que llegaban desde el poder en la Inglaterra de Thatcher.
Mientras tanto, en los Estados Unidos de Reagan pasaban otras cosas extrañas. Por ejemplo, una tal Laurie Anderson salía al ruedo como una performance ocupadísima en proponer un viaje de sensaciones con palabras y sonidos, mientras Bruce Springsteen proponía un rock and roll simple, ideal para la ruta, y se fundaba un nuevo territorio, el de la música alternativa, por medio de R.E.M.
También los Talking Heads, desde su búsqueda rítmica y tecnológica, fundaban un territorio diferente para el pop, y Sonic Youth exasperaba con sus guitarras saturadas y una constante disposición a la experimentación que influyó mucha de la música que se instaló en los noventa, sobre todo desde el concepto industrial de bandas como Ministry.
Los ochenta fueron un campo de experimentación constante. Hasta King Crimson regresó con un proyecto de un elaboradísimo pop y los irlandeses U2 renovaban el concepto de banda rockera hasta llegar a una cúspide llamada "The Joshua Tree".
Y, para colmo, nacía el rap. Desafiante y violento, de la mano de grupos tan oscuros como Grandmaster Flash, ese movimiento (que hoy es uno de los más grandes de los últimos tiempos) tenía algo diferente para decir. Y mucho más fuerte.






