
Potitos y Tomatitos para el flamenco
Visitas: el ascendente cantaor El Potito debutará la semana próxima en Buenos Aires, como miembro del quinteto liderado por el guitarrista Tomatito.
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Dice su madre que cuando lo escuchó lanzar su primer quejío recién salido del vientre sabía que iba a ser artista. La intuición maternal no falló. El Potito, que erizó la piel del legendario cantaor Camarón de la Isla cuando lo escuchó cantar por primera vez, se transformó con el tiempo en una de las figuras del nuevo cante flamenco, que recorre junto al quinteto del guitarrista Tomatito los escenarios del mundo.
El Potito fue un artista precoz. A los 6 años comenzaba a ganarse las primeras monedas con su voz, cuando asombraba a los pasajeros ocasionales de un barco que paseaba por el río Guadalquivir, en Sevilla. Rápidamente comenzó a destacarse en todos los concursos donde participaba. Cuando cumplió los 14 años editó su primer disco, "Andando por los caminos", apadrinado por el legendario cantaor Pepe de Lucía.
Con ese debut discográfico, donde estaba acompañado de una corte selecta de guitarristas, como Paco de Lucía, Enrique del Melchor, Tomatito, Vicente Amigo, Isidro Muñoz, Rafael Riqueni y Moraito Chico, el ambiente flamenco y la crítica coincidieron en que estaba destinado a convertirse en el heredero natural del mítico Camarón.
Pasaron diez años y cuatro discos. Su último trabajo, que salió hace unos meses en España, se llama "El ultimo cantaor" y lo vuelve a confirmar como una promesa. "Todavía me siguen colgando el cartel de esperanza del flamenco. Hay gente que lo dice y eso me alegra y me da fuerza para seguir adelante", cuenta desde su casa en Sevilla.
El cantaor que nació en esa ciudad creció rodeado por una familia tradicional de artistas. "Desde que tengo noción siempre escuché a alguien cantando en mi casa", relata con el aire propio de su tierra -¿Cantaor se nace o se hace?
-Cantaor tienes que nacer. Para cantar flamenco puro hay que sentirlo desde que estás dentro de tu mare. Hay otras cosas que no. Por ejemplo, la guitarra se puede aprender, ¿no?, se puede aprender el baile y otras cosas, pero tienes que nacer con el cante.
-En tu caso, que sos tan joven, ¿de dónde viene ese desgarro tan vital del flamenco?
-En mi caso, el desgarro es porque somos artistas todos. En mi familia hay bailaores, cantaores... de todo. Mi tía Angelita Vargas era una buena bailaora y mi padre un muy buen cantaor. También tengo primos y primas que cantinean por ahí y se ganan la vida cantando. La familia Vargas siempre se ha ganado la vida con el flamenco. De ahí, pues, salgo yo, de la rama heredada de ellos.
-¿Tiene que ver el desgarro con la condición errante y marginada del pueblo gitano?
-Es así, porque el flamenco es del gitano. Para mí sale de ahí, tienes que ser gitano para sentir todo eso. Y que me perdone otra gente, pero el flamenco puro viene de ahí...
-¿Sentís que el pueblo gitano está menos discriminado por la sociedad española?
-Hoy en día el gitano tiene mucho mérito también, porque las cosas están más adelantadas y los gitanos creo que sorprendemos a mucha gente en todo, en la música y en la cultura. Incluso creo que tenemos muyos más méritos que otros. Estamos muy avanzados, mucho más de lo que se cree la gente.
-Igual son muy conservadores de sus raíces y costumbres.
-Claro, aparte que la música avanza, nosotros seguimos guardando nuestras costumbres y nuestras purezas en la música. En mi casa se siguen practicando las viejas costumbres gitanas, como las bodas nuestras, que son muy particulares y la vivencia nuestra se sigue desarrollando. Y aunque yo quiera mezclar el flamenco con otros ritmos, el flamenco nuestro lo seguimos resguardando. Esa es la base nuestra.
-Naciste en cuna de artistas. ¿Qué tuviste que aprender para dejar de ser un aficionado?
-Fundamentalmente, estudiar. El haber vivido cosas con gente muy buena del flamenco, como han sido Paco de Lucía, Tomatito o Rocío Jurado, y mucha gente de la música que te va abriendo a otras cosas te enseña mucho. Eso, pues, me hizo creérmelo un poco más y sacar lo que tenía adentro. Poquito a poco lo fui buscando hasta que me encuentro en la situación en que me encuentro.
Su situación es clara. El Potito es uno de los jóvenes destacados del cante, que respetan el flamenco de raíz. "Me gusta el jazz, el funky, el blues, la salsa y escucho muchas cosas, pero nunca dejo de hacer cosas flamencas, que es lo mejor que me sale", afirma.
-¿Sos un "camaronero"?
-Bueno hombre, nosotros los jóvenes venimos de la cuna de Camarón. Porque de él hemos bebido todos. Incluso hay personas que son mayores y también beben de la escuela de él. Porque Camarón ha dejado una escuela muy grande, muy grande, que nunca la conoceremos en su totalidad porque hay mucho, mucho que aprender todavía. Camarón ha dejado el flamenco muy alto, muy alto. Eso no quiere decir que no me gustan otros cantaores, como Caracol, como la Niña de los Peines. Pero cuando llegó Camarón fue como un avance muy fuerte, un salto enorme hacia adelante.
-¿Para los cantaores debe ser difícil competir con el mito?
-La imagen de Camarón es muy fuerte. Pero quiero hacer mi aporte y darle mi propio aire al flamenco.
Sin pop
La pregunta a Potito fue directa: ¿qué opinás de grupos como Ketama, que profesan un flamenco más pop? Su respuesta, también. "La música está avanzando -dijo- y hay grupos que intentan mezclar otras músicas con el flamenco, pero no tiene nada que ver. A eso no se lo puede llamar flamenco. Lo puro no tiene que ver con la fusión. El flamenco pop, en realidad, no existe."





