
Quidam supera la barrera del asombro
El Cirque du Soleil se vuelve a presentar con una propuesta plena de poesía visual y destrezas deslumbrantes
1 minuto de lectura'

Quidam, por el Cirque du Soleil . Idea: Guy Laliberté. Vestuario: Dominique Lemieux. Escenografía: Michel Crête. Diseño de luces: Luc Lafortune. Diseño sonoro: François Bergeron. Música: Benoit Jutras. Coreografía: Debra Brown. Dirección musical: Benoit Jutras. Dirección artística: Gilles Ste-Croix. Dirección: Franco Dragone. Duración: 3 horas.
Nuestra opinión: Muy buena
Dentro de los tres espectáculos de la factoría Cirque du Soleil que pasaron por Buenos Aires, Quidam es el más nuevito aunque ya tenga 16 años. En comparación con sus dos antecesores, depuró su escenario, le quitó cierto barroquismo apostando a una puesta en escena más limpia y teatral. Aun en términos musicales dejó de lado ciertas influencias new age que aparecían en Saltimbaco y Alegría, los espectáculos que pisaron estas tierras. Hay que reconocer que esos despojamientos suman notablemente en la puesta que, como es costumbre en ellos, comienza con una escena de una enorme poesía visual.
Como en los trabajos que ya vimos en esta ciudad, el montaje está apoyado en una excusa narrativa que sirve de disparador (en este caso, una niña perdida en su mundo junto a un ángel protector que no levanta vuelo y una especie de maestro de ceremonias). Ellos la guían por un recorrido onírico cargados de citas plásticas que hacen referencia al mundo de Magritte. Cada imagen tendrá su contra escena y a lo largo de las tres horas que dura el espectáculo, contando su intervalo de 30 minutos, el recorrido hace su paseo inevitable por el mundo circense, raíz fundamental de todos los trabajos de esta compañía de fama mundial fundada en 1984 que este año ya estrenó tres montajes.
Claro que la excusa dramática es eso: una vaga excusa. Por eso mismo en varias escenas el hilo conductor (o el supuesto hilo conductor) se diluye, pierde fuerza dramática y hasta da la sensación de que podrían variar el orden de los números circenses o incorporar otro sin que influya en el resultado final. Lo cual, en cierto sentido, marca el límite expresivo del trabajo. Claro que, cada vez que se sumerge en aguas más difusas viene el plato fuerte de Quidam con sus casi 70 artistas de 15 nacionalidades desplegando sus rutinas circenses que tienen un grado de perfección técnica, expresiva y plástica que los ha hecho un punto de referencia obligado en las aguas del llamado nuevo circo.
En dicho terreno, esta compañía quebequense se apoya en la tradición circense china con un número de diábolo que parece pertenecer al mundo del animé (dicho de otro modo: que parece pertenecer al mundo de la ficción porque es imposible creer que lo que se está viendo está hecho por simples mortales) y en la tradición de acróbatas rusos y de los países de Europa del Este. Esos cuadros deslumbran, cuestionan la ley de la gravedad y confunden toda lógica ligada al sentido común.
Claro que no están solos. De hecho, el número inicial de la rueda alemana, el de las cuerdas del saltar (la típica y entrañable soga de nuestra infancia que tantos mamporros nos causó) y el del equilibrio (a cargo de una pareja que genera cuadros imposibles sin que se le note la tensión de sus músculos) se convierten en puntos altísimos de este trabajo ya visto por más de 9 millones de personas en 20 países.
Argentinos en el circo
Como en las dos veces anteriores esta vez también el espectáculo cuenta con la participación de artistas argentinos: Cristian Zabala, el bailarín, cantante y acróbata a cargo de un personaje muy simpático; y Toto Castiñeiras, el clown.
Formado con Cristina Moreira, Toto despliega todo su encanto en dos cuadros que el público disfruta y aplaude más allá de cualquier nacionalismo (la risa está más allá de esas cuestiones menores). Sin embargo, Toto indaga una línea un tanto más guarra que pareciera no estar en correlato con el resto de la propuesta.
¿El resto? Mucho resto. Un perfecto andamiaje escénico. Una poesía visual que sobrevuela cada cuadro. Una marcación coreográfica cuidada hasta en los más mínimos detalles. Un vestuario funcional al mundo onírico imaginado por Franco Dragone, su director. Y una cantidad de detalles en los segundos y terceros planos, que hacen a un todo mágico.
O sea, la marca Cirque du Soleil. Aquella maquinaria de referencia obligada cuando se habla de superar las barreras del asombro.
APOSTILLAS
Recomendaciones, aclaraciones y visualizaciones
- Para chicos, no. Cabe aclarar que Quidam no es recomendable para menores de 8 o 9 años, por su narrativa, ritmo y alusiones a la muerte.
- Tapirush. El famoso Tapis Rouge, de 650 pesos, es más un saloncito vip que aquello que fue otros años. Con bocaditos y nada de bebidas alcohólicas, aquello de introducir al espectador al show desde la espera no se logra en lo más mínimo. Con una decoración pobre, resulta más divertido deambular por la antesala común. El merchandising, sólo para espectadores de nivel adquisitivo altísimo, a quienes les haya quedado suficiente resto.
- Más que puntualidad. El tránsito en las zonas de acceso a la carpa puede ser muy tramposo, y las esperas para estacionar son largas. Es conveniente llegar con mucho tiempo de anticipación, ya que no dejan ingresar cuando el espectáculo ha comenzado.
- Famosos. Entre los que asistieron a la première , se cuentan Julio Bocca, Arturo Puig, Selva Alemán, Mariano Martínez, Soledad Silveyra, Natalia Lobo, Cecilia Roth, Guillermo Francella, Maru Botana, Andrea del Boca, Luis Luque, Adrián Navarro y Nahuel Pérez Biscayart.





