
Refugios de esperanza
Por Carolina Crerar
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Abundan las razones para crear y mantener áreas protegidas: conservan ecosistemas valiosos; ofrecen recreación; proveen agua, alimentos y medicamentos, y minimizan el calentamiento global. Para que todo esto siga pasando, habrá que resguardar un 17% del territorio, un desafío en el caso argentino, donde la meta significa duplicar la superficie protegida hasta ahora.
Para la riqueza argentina, ninguna como la natural. Que lo diga, si no, el informe Planeta Vivo, producido en el nivel global por World Wildlife Fund (WWF, la Organización Mundial de Conservación), que ubicó a la Argentina novena en el ranking de los países más ricos en recursos naturales. De todas formas, se calcula que el 20% de estas tierras están degradadas, y sufre la deforestación de 250.000 hectáreas anuales.
"Las presiones sobre los ambientes naturales son cada vez mayores: en el nivel mundial, por el crecimiento de la población y el consumo, y en el local, por la expansión de la frontera agropecuaria y la urbanización", explica Flavia Broffoni, coordinadora de Políticas de Areas Protegidas de la Fundación Vida Silvestre. Así, los compromisos internacionales van cada vez más lejos: en la última Convención sobre Diversidad Biológica, realizada en Japón hace pocos días, se subió la meta de protección de los recursos naturales al 17% para las áreas terrestres, mientras que se mantuvo en el 10% para las marinas. Hoy, sólo el 7,7% del territorio argentino tiene protección: hay 36 parques nacionales y 400 reservas provinciales. Según Broffoni, de estas reservas "casi el 60% tiene un déficit en su implementación, no cuenta con guardaparques, plan de manejo ni presupuesto".
El diagnóstico empeora si se tiene en cuenta que algunos ecosistemas en estado crítico están escasamente protegidos: la ecorregión del Chaco, masa boscosa más importante en América del Sur después del Amazonas y la más castigada por la deforestación, tiene poco más de un 3% de protección. Esto pone en peligro la supervivencia de miles de especies vegetales y cientos de aves y mamíferos. Por otra parte, la naturaleza de los pastizales y del mar está protegida en un 1 por ciento.
La caza tampoco ayuda. "En los esteros del Iberá aún persisten más de un millón de hectáreas de humedales y pastizales, pero se extinguieron especies por la caza, y deben ser reintroducidas para generar y resguardar la mayor riqueza potencial dada por años de evolución natural", relata la bióloga Sofía Heinonen, de la organización Conservation Land Trust, que trabaja en la reinserción del oso hormiguero y del venado de las pampas en la zona y seguirá por el yaguareté y el pecarí de collar.
Las áreas protegidas sirven para preservar fuentes de agua potable (humedales y altas cuencas) y miles de especies vegetales que son usadas como principios activos de medicamentos. Además, cumplen un papel en la provisión de alimentos, ayudan a la purificación del aire; ofrecen recreación y tienen gran potencial para mitigar el cambio climático porque son sumideros de carbono. "Es una prioridad aumentar la superficie protegida", afirma Patricia Gandini, presidenta de la Administración de Parques Nacionales, que en los últimos siete años aumentó en un 24% la cantidad de hectáreas dentro de la órbita federal. Además, su gestión logró poner el foco en el Mar Argentino, con residentes como la ballena franca austral, pingüinos, lobos y elefantes marinos, albatros, y peces de alto valor comercial, como la merluza. En el último año se crearon tres áreas marinas protegidas: el Parque Interjurisdiccional Marino Patagonia Austral, en Chubut, y los parques Isla Pingüino y Makenke, en Santa Cruz.
Hay algunas pistas de que las áreas protegidas también ayudan a la economía: Broffoni cita como ejemplos la Reserva Provincial Las Costas, que provee la totalidad del agua potable de la ciudad de Salta, y los parques nacionales Lanín, Los Alerces y Nahuel Huapi, que producen en conjunto el 41% de la energía eléctrica del país. Y sólo por el Parque Nacional Iguazú ya pasaron en 2010 un millón de turistas. "Según encuestas de ferias internacionales, el 40% de los turistas que nos visitan lo hace para conocer algún parque nacional", revela Gandini.
El cuidado de los recursos naturales se complementa sumando esfuerzos. "Como el 90% de las tierras está en manos privadas, la conservación del ambiente también depende de los propietarios", afirma Adrián Giacchino, director ejecutivo de la Fundación Azara, que como otras ONG establece convenios con dueños de campos para un manejo sustentable. "A veces los propietarios se acercan para agregar valor a su actividad productiva, como puede ser el turismo, y otras tienen interés sólo por conservar", cuenta Giacchino. Para Heinonen, "cada uno debería planificar el uso de su campo reservando un porcentaje para la conservación".
Públicas o privadas, estas áreas son también un refugio de esperanza.
MAS DATOS
Fundación Vida Silvestre
www.vidasilvestre.org.ar/ reservas_naturales
Administración de Parques Nacionales
www.parquesnacionales.gov.ar
Fundación Azara
www.fundacionazara.org.ar
The Conservation Land Trust
www.theconservationlandtrust.org
Convención de Diversidad Biológica-Conferencia de las Partes 2010
www.cbd.int/cop10/
Red de Financiamiento Sustentable y Efectividad de Manejo para A reas Protegidas
www.areasprotegidas.org.ar/
AGENDA DE BOLSILLO
- Desde la Reserva Costanera Sur, en la ciudad de Buenos Aires, hasta el Parque Provincial Aconcagua, en Mendoza, visitar parques nacionales, reservas provinciales y refugios privados para valorar la naturaleza y, a la vez, colaborar con el financiamiento de las áreas.
- Respetar las reglas: no tirar basura; no hacer fuego; no llevarse elementos como flores o plantas.
- Apoyar la creación de áreas protegidas y un mejor manejo de las existentes.
- Comprar productos provenientes de reservas privadas (miel, frutas) y plantas nativas en los viveros de algunos parques nacionales naturales. Así también se promueve el desarrollo local.
- Trabajar voluntariamente en las áreas protegidas para mejorar su mantenimiento.
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