
Renacimiento circense
Cuatro días de convención de malabares, circo y afinesCuatro días de convención de malabares, circo y afines
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En primer lugar, la noticia pura y dura: desde esta mañana se está realizando en Plátanos -partido de Berazategui- la II Convención Argentina de Malabares, Circo y Espectáculos Callejeros. Tan noble acontecimiento ha sido organizado por Aracabarraca -un nucleamiento de payasos y artistas callejeros- y cuenta, además, con el apoyo de la Municipalidad de Berazategui, la Secretaría de Acción Social del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y el Centro Cultural Ricardo Rojas.
El arbolado predio de Sniafa -a sólo dos cuadras de la estación Plátanos del ferrocarril Roca- ha sido el sitio elegido para clavar las estacas de una enorme carpa donde se demostrará la vigencia de una disciplina casi tan antigua como el hombre. Todo culminará con una Gran Gala Gran -que será abierta y con entrada gratuita- el domingo por la tarde y, hasta entonces, se puede ir simplemente a pasar el día o bien cargar con una iglú y quedarse a hacer camping. Las jornadas prometen y mucho: desde temprano habrá talleres prácticos de todo tipo, concursos, disfraces, proyecciones de video, debates y un sinnúmero de actuaciones de grupos de circo callejero. Lo de quedarse a acampar tiene su recompensa: cuando caiga el sol comenzará a prepararse la "noche del fuego", actividad en la que participará más de un centenar de malabaristas, diestros ellos en lanzar llamas y juguetear con clavas encendidas.
Los organizadores han hecho lo propio para que no quede ningún cabo suelto: a disposición de los asistentes habrá estacionamiento para autos, una carpa sanitaria de la Cruz Roja, duchas indias -de agua fría- y hasta un bar en el que se servirán platos vegetarianos. En fin, si la corriente de El Niño no desata alguna mala jugada climática, la convención será una excelente ocasión para trabar un feliz reencuentro con el viejo espíritu del circo.
Hechas las presentaciones, es momento de remover un poco la historia. Desde el Imperio Romano a la época contemporánea, pasando por los bufones y juglares de la Edad Media, el circo ha sido el entretenimiento popular por definición. Un arte nacido junto a la misma civilización, que fue sofisticándose con el paso del tiempo y encontrando una identidad particular en cada sitio del planeta. En nuestro país supo tener su momento de gloria allá por fines del siglo pasado, en los años en que recibió su denominación de origen propia: circo criollo. Carpas itinerantes que alborotaban las siestas de los pueblos mezclando payasos y hombres bala con interpretaciones de epopeyas gauchescas. La ilusión comenzaba cuando las trompetas anunciaban el comienzo del desfile por la calle principal y se clausuraba con la triste postal de los camiones levantando polvo al alejarse rumbo al próximo poblado.
El siglo XX trajo consigo la época de las grandes compañías, circos emblemáticos como el Rodas y el Thiany. Decenas de elefantes y felinos salvajes, multitudinarias orquestas, familias de trapecistas italianos y giras por América latina y Europa, de las que siempre se volvía "triunfalmente". El último destello antes de la decadencia decretada por el avance inexorable del cine y la televisión.
Desde hace tiempo, el circo tradicional se ha transformado en una mueca de sí mismo. Espectáculos pobres, recetas repetidas, animales mal alimentados y escasa respuesta de público. La supervivencia de la estirpe demandaba un giro, una urgente vuelta de tuerca que sólo podía lograrse con la llegada de sangre nueva. La respuesta a las plegarias arribó en los albores de los 90, cuando surgió un movimiento de artistas jóvenes, libres de pesadas herencias, que decidió volver a empezar desde el escenario original: la calle. En plaza Francia, parque Centenario, en la plaza de Belgrano y el parque Lezama comenzaron a volverse conocidos Los Malabaristas del Apokalipsis, Cirko Marisko, Los Hermanos Choclovich, el payaso Chacovachi y Tulio Manotas, referentes obligados de una tribu neocircense que se reprodujo a ritmo de conejo. Poco amigos de los sitios cerrados, los muchachos se foguearon sobre el adoquín y el césped de los parques y establecieron comunidades en casonas del Tigre y Barracas, donde el intercambio y la convivencia multiplicaron el movimiento.
"El malabarista es como el músico: una raza -asegura Chacovachi, organizador y mentor de la convención-, entre nosotros no hay secretos, todo se transmite." Si bien las escuelas de circo son un fenómeno relativamente nuevo -a excepción de la escuela rusa, que data del siglo pasado-, viejos maestros del circo criollo, como los hermanos Videla, tuvieron mucho que ver con el resurgimiento del género.
Ellos fueron quienes abrieron las puertas a los pioneros de la nueva generación, iniciándolos en las disciplinas del trapecio, la acrobacia y el lanzamiento de clavas y diábolos. A partir de allí, los aprendices se volvieron maestros y la bola comenzó a rodar.
En el 95, Chacovachi viajó a Gotemburgo, Suecia, donde se realizaba la convención anual de malabaristas europeos: "Fue una especie de revelación. En un campus enorme se había levantado una gran cantidad de carpas, se dictaban cursos, había espectáculos y más de 2000 malabaristas, un sueño. Lo único que pensaba en ese momento era en la posibilidad de hacer algo parecido en la Argentina". En noviembre del 94 se había realizado un primer encuentro en el barrio de Catalinas, al cual acudieron cerca de 30 feligreses. Sólo dos años más tarde, en mayo del 96, un segundo encuentro convocó a más de 200 malabaristas y curiosos en Barracas. La cosa había tomado color. Aprovechando el envión, en diciembre de ese mismo año se organizó la I Convención Nacional, que culminó dejando gusto a sueño cumplido: al predio de los Plátanos llegaron 150 personas del interior, 200 de Capital y 35 del exterior, fundamentalmente chilenos.
En la edición de este año participarán varias escuelas y asociaciones internacionales de circo, como Payasos sin Fronteras y Circo del Mundo, organizaciones no gubernamentales que apuntan su actividad al trabajo con chicos de la calle y refugiados en áreas de conflictos bélicos.
Las tareas de información estarán bajo la responsabilidad de la revista Newton ¡Las Pelotas!, casi, casi el vocero oficial del movimiento malabar. En su stand se podrá consultar a un payaso virtual sobre diferentes trucos y pasar revista a una extensa y plástica muestra de fotos.
Durante las cuatro jornadas se pasarán videos de festivales europeos y se dictarán talleres abiertos sobre técnicas imprescindibles para cirqueros con pretensiones: globología -esculturas con globos-, trapecio, cama elástica y malabares en todo su universo.
El sábado al mediodía, los artistas han decidido hacer un regalo al pueblo que gentilmente ha oficiado de anfitrión. Al caer la tarde del domingo, malabaristas, acróbatas y participantes en general vestirán sus mejores disfraces para pasearse en un desfile de despedida por el centro de Plátanos. La consigna está clara: el circo vuelve a las calles. n






