
La hija de Serge elige cómo seguir con su carrera artística... O complace al director o canta para la audiencia. Nota y galería de fotos de la francesa.
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La regla dice que los hijos de padres escandalosos suelen oponerse a ese linaje con cierto perfil bajo. Charlotte Gainsbourg, la hija del gran Serge Gainsbourg y la bellísima Jane Birkin, es uno de esos casos: está casada con un director de cine desde hace dieciséis años, tiene dos hijos y elaboró un camino propio en el mundo del cine: hoy es una actriz conocida más allá de las fronteras de Francia, con papeles relevantes en filmes como 21 gramos, Soñando despierto o la reciente I’m Not There de Todd Haynes. Pero la sombra de su padre sigue acosando a Charlotte, mucho más cuando decidió meterse en un estudio a grabar un disco solista después de veinte años de silencio. Contra el prejuicio y las comparaciones odiosas, 5:55 es un álbum de pianos dominantes, con los Air como orquestadores de melodías nocturnas para una voz susurrante que canta en inglés y despeja los posibles encasillamientos de chanson française (o sea, del linaje Gainsbourg). Allí entra en juego un auténtico dream team anglosajón: además de Air, aparece Nigel Godrich como productor, y Neil Hannon y Jarvis Cocker como colaboradores estelares. Desde París y con ese mismo susurro, la actriz habla de la cantante y sus intentos de seguir haciendo lo que le gusta a pesar (o a la par) de los estigmas familiares.
¿Por qué tardaste tanto tiempo en volver a grabar un disco?
Secretamente, estuve pensando en él durante unos diez años, y cuando conocí a los Air pensé en hacer algo con ellos, porque admiraba su trabajo. Hubo muchas discusiones, porque yo estaba muy nerviosa por empezar algo que no sabía realmente cómo iba a ser. Ellos sabían más que yo; me dijeron: “Tenés que entrar en el estudio y empezar”. De otro modo, podría haber seguido dudando por años.
Por tu tradición familiar estás asociada a la chanson, pero tu disco va por otro lado. ¿Es un modo de despegarte del linaje y su herencia?
Pienso en francés, pero no quiero cantar en francés, porque no quiero que constantemente me recuerden a mi padre. Es así: con mi trabajo es muy difícil despegarme, y además estar orgullosa de lo que hago, porque es muy duro para mí escuchar letras en francés sin compararlas con las que mi padre hizo, y siempre las comparo y pienso que nada sería tan bueno como lo que él ha hecho, y ése resulta un modo muy arduo de trabajar.
¿Es duro ser la hija de Serge Gainsbourg?
No es duro, viví con eso toda mi vida, no te puedo decir la diferencia entre ser su hija o no; hubo cosas que fueron más fáciles y cosas que fueron más difíciles, pero es difícil explicarlas exactamente.
¿Reconocés alguna enseñanza que te haya dejado en lo musical?
No sólo desde un punto de vista artístico: todo. No me dio consejos, me dio su punto de vista sobre todo, y tomé eso.
La canción “5:55” habla de un momento específico de la madrugada, un momento en el que la noche está terminando, o el día comenzando. ¿Por qué elegiste ese instante?
La hora específica se relaciona con el ritmo, el ritmo de las palabras, y vinieron con la canción. Y me gustó. Para mí la noche era importante como tema principal del álbum; pensamos también sobre sueños, y el aislamiento, y viajar. Fue fácil agregar otras cosas, pero el primer concepto que manejamos fue la noche.
¿Cuánto de la actriz permanece en la cantante?
Cuando hago música, el reto es gustarme a mí misma, no al director ni a nadie más. En las películas, quiero complacer al director, y ése es el placer que obtengo actuando: recibir indicaciones y todo eso. Esa es otra razón por la que, cuando empecé a grabar este álbum, estaba un poco desestabilizada, buscaba a alguien que me dijera: “Esto es bueno, esto no lo es”, y por supuesto nadie hace eso. Nigel me dijo: “Es tu álbum, y tenés que complacerte a vos misma, no te voy a dirigir, tenés que hacer lo que quieras”. Me asusté cuando me dijo eso, y luego me gustó ser capaz de agradarme a mí misma. Cuando hablo del álbum, me doy cuenta de cuán íntimo es esto comparándolo con una película, donde sos parte de un elenco, de un equipo. Cuando canto, a veces tengo que exagerar mucho la intención; en cámara, en cambio, es mucho más fácil que las emociones salgan.
En I’m Not There interpretás a la mujer de uno de los varios Dylan que aparecen en el film y cantás un tema junto a Calexico. ¿Cómo resultaron esas experiencias?
Me gustó mucho hacer la película, fue un proyecto que Todd Haynes tenía desde hacía mucho tiempo, y me llamó cuando empezó a pensar en él, entonces viví con la idea de hacer este film, y el personaje, durante muchos años. Empecé a escuchar a Dylan cuando era adolescente y después nunca paré. Pero para el film me interesé más por su música, y Todd además me dio un CD con todas las canciones relacionadas con la historia en la que yo iba a actuar. La filmación no duró mucho, fueron tres semanas, pero fue un personaje tan triste y solitario que lo disfruté de una manera casi masoquista… Están muy presentes en mi memoria el film, la canción, mezclados con recuerdos felices y recuerdos horribles.
El año pasado sufriste una hemorragia cerebral. ¿Qué cambió después de esa situación de riesgo?
Todo cambia, porque pensaba que podría haber muerto. Quedé muy asustada, me hizo más temerosa. Después no trabajé por mucho tiempo, porque quería encontrar la manera de recuperarme completamente. Cuando te pasa algo traumático, deseás que todo se resuelva y después te olvidás.
¿Cómo continúa tu vida de cantante?
Para mí es genial poder ir de las películas a la música y volver a las películas. Me gusta la idea de no quedarme parada en un lugar. Estoy pensando seriamente en hacer otro álbum, pero la verdad es que no sé qué hacer, no sé en qué dirección voy a seguir.
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