Roland Petit: la creatividad inagotable

Su coreografía "Notre Dame de Paris" será estrenada por el Ballet del Teatro Colón el 6 de septiembre.
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28 de agosto de 2000  

Uno de los coreógrafos más importantes del mundo, Roland Petit, de 76 años, en su larga trayectoria contribuyó a construir parte de la historia de la danza de Francia. Su bagaje supera el centenar de obras, mas son muy pocas las que se conocieron aquí. Ahora se dará la oportunidad, cuando el 6 de septiembre el Ballet del Teatro Colón estrene "Notre Dame de Paris". Es la primera vez que una de sus coreografías se incorpora al repertorio de esta compañía. En el debut, tres estrellas internacionales, Manuel Legris (de la Opera de París), Massimo Murru (de la Scala de Milán) y Simona Noja (de la Opera de Viena) interpretarán los papeles de Frollo, Quasimodo y Esmeralda, respectivamente.

Por la gran actividad que realiza, que acapara todo su tiempo, Petit no puede venir, algo que lamenta porque no conoce el país. En su lugar, Luigi Bonino montó esta coreografía basada en el libro de Victor Hugo. El propio Petit representó el papel del Jorobado cuando la estrenó en 1965 en la Opera de París, donde hizo sus estudios y fue primera figura.

Actualmente reside en Ginebra, junto a Zizi Jeanmaire, su mujer y musa desde que contrajeron matrimonio en 1954.

-Desearía poder ir Buenos Aires, pero estoy haciendo un nuevo show para mi esposa, que subirá a escena en Lyon y luego en París; en las mismas fechas que "Notre Dame" se hará allá.

Sólo un puñado de sus creaciones fue conocido por los argentinos. Algunas, cuando hace casi dos décadas vino un grupo de étoiles francesas. Luego, en una de sus presentaciones, Maya Plissetskaia mostró "La rose malade". Recientemente, Julio Bocca bailó la famosa "El joven y la muerte", con Alessandra Ferri.

-¿Cuál es su idea sobre lo que se está haciendo actualmente?

-Mucha gente sigue bailando como en el siglo XIX. Esto no es bueno, salvo cuando son grandes artistas los que acometen los ballets tradicionales. Lo importante es que un joven coreógrafo haga algo personal e inteligente con la cultura del pasado, porque ésa es la base.

-¿Qué aportó usted a la danza?

-He tenido la suerte de empezar muy joven y de que enromes artistas, tanto bailarines como de otras disciplinas, hayan trabajado conmigo. No he parado nunca. Siempre mantuve mis ilusiones y pude concretarlas. Soy afortunado de tener la llave para abrir la puerta fundamental, la de la danza clásica. Pero incluí el jazz, la danza moderna, y emergió mi estilo, que aúna todo, a mi manera.

-¿Zizi ha sido su musa?

-Absolutamente. Tiene una gran escuela, es fabulosa, y la manera en que danza me ha enseñado el modo de seguir mi vida. Es hermoso encontrar alguien que exprese lo que deseo y quiero hasta hoy. La admiro profundamente, como a Fred Astaire. Hablo de ella en su desempeño. El ha bailado desde que era chico hasta que murió. Es el espíritu de todo bailarín: cada mañana, ser el mismo hombre que cuando eras un niño, levantarte y hacer los ejercicios. Es más difícil cuando uno crece y se hace grande...

-Entre otras, usted hizo la coreografía de la película "Papaíto piernas largas", que interpretaron Astaire y Leslie Caron. ¿Qué recuerda de esa experiencia?

-Cuando era un niño, antes de la guerra, aprendí inglés viendo las películas de Fred Astaire. Al menos iba tres o cuatro veces al cine: estaba totalmente drogado con él. Cuando me pidió que le hiciera la coreografía para "Papaíto" fue maravilloso, porque aprendí mucho y progresé.

-Debe de haber sido gratificante trabajar con semejantes genios. ¿Fue difícil lograr que Yves Saint Laurent hiciera el vestuario de "Notre Dame"?

-Nunca pagué por eso. Siempre me las ingenié. Fui a ver a Yves cuando era joven, estaba empezando y no era conocido aún. Le pedí que me hiciera el vestuario y aceptó sin problemas.

-¿Qué busca de un bailarín?

-Amo trabajar con el bailarín que elijo. Y trato de sacar lo mejor de él y también de dar lo mejor de mí. Pienso que el éxito del ballet o del cine, de la pintura o de lo que sea es estar en el momento preciso y adecuado. Es una cuestión de suerte. También de lo que Dios te está pidiendo que hagas.

-¿Las claves son pasión y conocimiento?

-Es imposible lograrlo sin conocimientos y sin una cierta cultura. Si no puedes acercarte a la música, a la literatura y penetrar en los colores en una pintura, faltan elementos fundamentales. En esto, tanto debe interesarse el coreógrafo como los bailarines.

-Respecto de la obra que veremos, ¿cuál es su visión de Quasimodo?

-Yo estrené el papel y amé hacerlo. No utilizo ningún artificio que simule la joroba: el intérprete está todo el tiempo con un hombro hacia arriba. Es casi una tortura bailar así, pero no quería nada que no fuera el cuerpo mismo para expresar la condición de Quasimodo. Algunas de sus características están en varios de mis ballets. Hombres que no tienen un buen físico y viven con la tristeza de no ser amados. Como en "Cyrano de Bergerac", cuya nariz larguísima resulta ridícula a la mujer de la cual se enamora. Por otro lado, muchos me dicen que los personajes de mis ballets siempre se mueren. Yo les respondo que nada es mejor, porque a todos nos llega el fin de la vida. En mi caso, espero morir en el escenario. Será parte de mi ballet final. Eso es lo mejor que me podría suceder.

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