Ronda de mate y bizcochos
Cuatro lugares que mantienen una tradición
1 minuto de lectura'
Las mateadas se imponen, cada vez más, en los bares porteños; pueden acompañarse con galletitas dulces o facturas recién horneadas.
Con el objetivo de mantener intactas y fomentar las tradiciones nacionales, algunos bares que habitan las callecitas de Buenos Aires se decidieron a agregar en sus cartas un simple menú para los amantes del mate.
Es así que -en la mayoría de los casos- grupos de amigos, parejas y estudiantes que pueblan durante horas las mesas de los locales optan por solicitar un recipiente con agua caliente y el kit matero para comenzar rondas que no paran de girar.
Desde hace ya un año y medio, cuando se gestó El Café Sin Tiempo, "la idea de brindar esta posibilidad, sin límites de horarios, era parte de la esencia del lugar", según cuenta Gustavo Correa, el encargado.
Paredes de ladrillo a la vista, pisos de madera y música de todas las épocas presente en el aire, componen la escena. Una cocina enlozada en verde agua revela su nacimiento en la década del 40 y las pequeñas pavas de aluminio se calientan a fuego lento sobre su única hornilla.
"Pedí tu servicio de mate", sugiere un cartel pintado a mano. Y, apenas la gente lo descubre solicita la bandeja de madera junto a la infaltable canasta de mimbre con bizcochitos.
"Nosotros sugerimos que cada uno controle el agua, para que esté a punto, que no se pierda la magia del ritual y que todos se sientan con la libertad para moverse que reina en el lugar", agrega Correa.
Y, aunque les gustaría conservar aún más la tradición y verter el agua en una clásica calabacita, optaron por recipientes y bombillas descartables "por una cuestión de higiene".
Jornadas criollas
También en Palermo, la República de Acá apeló a los envases plásticos para sus jornadas criollas. Poco más de medio litro de agua cargada en un termo, el equipo de mate y un puñado de galletitas dulces (para dos personas) integran el menú que llega hasta las mesas de los clientes.
Dulce o amargo, es posible probarlo en sus dos clásicas versiones. Y aquí, los viernes y sábados, después de la medianoche, el local se transforma en karaoke y, cuando comienza a amanecer, las rondas gratuitas reciben al nuevo día con mate en mano.
Todos los días, en cualquier momento, Bizcocho se suma a la oferta.
El olor de las facturas recién salidas del horno se transforma en una tentadora incitación a degustar mediaslunas, vigilantes y otras exquisiteces para conjugar con un verdoso brebaje. Además de las tostaditas de pan casero, otra de las opciones más solicitadas.
Si bien el Café París se asemeja a un merendero americano lleva en su espíritu verdaderas costumbres argentinas.
El menú para un desayuno o merienda de mate, según se advierte en la carta, lleva implícito un puñado de bizcochos de grasa -clásica y perfecta compañía- o galletitas dulces.
Y, aunque también aquí el equipo es descartable, prefieren que el agua llegue directamente desde una pava y no de un termo, para mantener, al menos, algunos elementos originales del ritual.
Ya no es necesario llegar a casa para disfrutar de un corto, largo, tereré, espumoso, amargo o dulzón. Para todos los gustos y, también, para conservar la tradición, en los bares de la ciudad el mate también se pone a la moda.





