¿Quién mató a Nisman? Una miniserie de Netflix busca la respuesta

El ciclo conducido por Peto Menahem y creado por Damián Kirzner vuelve a la pantalla en la que nació; pasado mañana, a las 20, se pone en marcha su segunda temporada de biografías
Gregorio Belinchón
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27 de septiembre de 2019  

SAN SEBASTIÁN (El País).- El 18 de enero de 2015, el cadáver del fiscal Alberto Nisman apareció en el baño de su departamento con un tiro en la sien. A partir de ahí cada investigador tiene su propia hipótesis. Nisman indagaba en uno de esos casos apasionantes: el atentado a la AMIA, que en 1994 dejó 85 muertos y más de 300 heridos, y el posterior escándalo que rodeó su investigación. Nisman solicitó el procesamiento de la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner, por encubrir a los terroristas sospechosos con un acuerdo con Irán. Y a horas de testificar en una comisión de Diputados para aclarar estas denuncias, cuando había presentado ante los tribunales una denuncia en formato de memorándum de 289 páginas contra la presidenta y varios de sus ministros, fue hallado muerto.

La Justicia cree que Nisman fue asesinado, aunque no tiene sospechosos. Al menos eliminó la teoría del suicidio. A este agujero negro de la política internacional se ha asomado el documentalista británico asentado en Barcelona Justin Webster, responsable de films como Seré asesinado (2013), Gabo, la creación de Gabriel García Márquez (2015).

El resultado es El fiscal, la presidenta y el espía, serie de seis capítulos que se presentó en el Festival de San Sebastián. "Ha sido el trabajo más complicado de mi vida -cuenta Webster-. Le he dedicado cuatro años, y al principio me resistí porque lo sabía. Varias personas me dijeron que sería peligroso e imposible hacerlo, y yo respondí que no era imposible, aunque sí extremadamente difícil". La serie se verá en Netflix en la Argentina a comienzos de 2020.

Para el documentalista, el reto estaba "en aportar claridad al caso, una historia muy politizada y compleja, contaminada de mucho ruido mediático". El atentado a la AMIA ya llevaba su propia "enorme investigación", y a ella se suma el asesinato de Nisman. "¿Se mató o lo mataron? Es una de las múltiples piezas de un gran puzzle", apunta. "Aunque hemos esclarecido gran parte de la historia, yo apuesto por el show not tell, por mostrar y arrojar preguntas para que luego el espectador vaya creando su propia investigación. Creo que estas series de no ficción ayudan a atacar grandes investigaciones complejas. Me gusta ese juego de ficción sin ficción, algo muy laborioso. Y sobre todo, opuesto a Twitter".

El documentalista apuesta para que el espectador y el creador empiecen con pocas ideas prefijadas en el camino, y que la serie, "tanto en su realización y en su emisión, cree la opinión". ¿Puede la TV llegar hasta donde no lo ha hecho la Justicia? "No tiene por qué ser una base común, pero estas series deben aportar claridad a su objeto de estudio, y desde ahí contribuir a esclarecer la historia. Otra cosa es aportar las pruebas que resuelvan el caso. Eso no debería ser el objetivo".

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