
Simply Red, lejos del invierno ruso
Hay pequeños momentos en un show que son capaces de sintetizar el clima de toda una noche de espectáculo. Eso ocurrió el domingo con Simply Red en el Luna Park. Habían pasado ya cuarenta minutos y una docena de temas cuando Mick Hucknall -cantante, compositor y fuerza motriz de la banda- tomó por única vez una guitarra acústica para tocar "Holding Back the Years".
Fue un freno abrupto para más de media hora a todo ritmo. Un truco que sólo aplica quien se siente muy seguro manejando el escenario. Casi a capella, este británico pelirrojo mostró que también es capaz de seducir por el costado intimista a un Luna Park en el que no entraba ni un alfiler y que dejó de bailar para escucharlo como en una ceremonia.
Pero así transcurrieron sólo las estrofas iniciales del tema, que fue uno de los primeros número uno del grupo. Enseguida, con la limpieza que dan muchas horas de ensayo, corrección y constancia, se sumaron los otros once -sí, once- integrantes de la banda. Y con ellos, miles de gargantas que los acompañaron cantando.
Fue un gran momento de los noventa minutos que tuvo el concierto -a los que hay que sumar la generosa ración de tres bises- y una prueba del no menos buen momento que atraviesa Simply Red.
Tras dieciséis años de vida y consolidada como uno de los exponentes del pop británico, la banda visitó otra vez Buenos Aires como parte de la gira para presentar su nuevo disco, "Love and the Russian Winter".
Verlos en vivo es como estar frente a una pequeña representación de las Naciones Unidas: hay músicos de todos los orígenes -brasileños, japoneses, africanos, ingleses-, prueba de la variedad de vetas en las que Hucknall explora para nutrirse. Claro que la síntesis está en el característico sonido Simply Red, en el que se destaca la voz de su líder, dotada de una potencia que no decayó ni siquiera después de noventa minutos de concierto.
Un verdadero inglés
Británico hasta en la puntualidad, el show empezó exactamente a las 21, con "Spirit of Life" y Hucknall escondido tras el escenario. La primera ovación fue cuando apareció bajo el reflector -pantalón gris, camisa azul y a los saltos-.
La primera parte fue para calentar los ánimos a todo rock. Y el público respondió con una entrega que animó todavía más a los músicos, complacidos al comprobar que la gente conocía y cantaba sus canciones.
Luego llegó el cambio de ritmo. Apareció un piano y de los doce músicos sólo quedaron siete en escena. Fue el momento de "Blue" y de "Thank You". El final fue con "Money" y algunas palabras traducidas al español.
Una noche de música pop, "de radio", como dicen quienes desprecian el rubro como algo menor. Pero con calidad como para hacer más que interesante la experiencia de ver a Simply Red en vivo.







