
Sin el vértigo del mejor cine cómico
"Los impostores" ("The Impostors", EE.UU./1998, color), producción hablada en inglés, presentada por Warner-Fox. Intérpretes: Oliver Platt, Stanley Tucci, Isabella Rossellini, Campbell Scott, Tony Shalhoub, Allison Janney, Steve Buscemi, Alfred Molina, Dana Ivey, Hope Davis, Teagle Bougere, Lili Taylor, Billy Connolly. Guión y dirección: Stanley Tucci. Duración: 102 minutos. Nuestra opinión: regular
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El film se abre a todo tango con una escena absurda que rinde homenaje al cine mudo y parece un aperitivo prometedor. Dos atildados caballeros -uno alto y gordo, el otro calvo y delgado- están sentados en mesas vecinas de un café al aire libre. El primer gesto es de gentileza: uno le alcanza al otro el azucarero. Después, la situación se complica cuando el humo del que es fumador molesta a su vecino y mucho más cuando ante la aparición de una dama en busca de mesa los dos se trenzan en un campeonato de cortesía que va creciendo en fogosidad hasta convertirse en un duelo a cuchillo, muerte incluida.
La segunda escena sirve para aclarar varios puntos. Primero, que los dos desconocidos del prólogo no eran tales sino un par de actores desocupados en busca de trabajo; segundo, que en la representación hubo un malentendido: murió el que, esta vez, debía haber salido ileso. Tercero, y fundamental, que la clave de la comicidad está en la administración de los tiempos. Una pausa demasiado prolongada, concluyen los dos, puede echar a perder por completo el efecto gracioso.
Están en lo cierto. Que lo diga si no el propio Stanley Tucci, que emprendió como guionista, director y actor este homenaje a buena parte del cine cómico: del Gordo y el Flaco en el que se inspiran los protagonistas a Woody Allen, que también asoma en el film como un autor -cuándo no- en plena crisis conyugal.
En los episodios que vive el dúo (Tucci y Oliver Platt), más de una vez el ritmo flaquea. Y tampoco se alcanza, salvo en contados momentos, el tono delirante, indispensable para despertar la risa cuando no hay un enredo demasiado consistente ni excesivo ingenio en los diálogos. La sensibilidad de Tucci -como ya se había visto en "Big Night"- está más cerca de las sutilezas de la comedia que del vértigo del cine cómico. El homenaje es tierno y simpático, pero sólo a veces gracioso.
Si el film no llega a ser un fiasco es porque el realizador -él mismo un actor excelente- supo rodearse de un seleccionado de comediantes y porque ellos se encargan de sacarle brillo a personajes tan alocados como los de cualquier clásico del humor.
Galería de personajes
A bordo del transatlántico donde ha ido a parar el dúo, hay cazadores de fortunas, un crooner al borde del suicidio (Steve Buscemi), una reina destronada (Isabella Rossellini), un camarero nazi (Campbell Scott), un atleta sospechosamente interesado en la lucha cuerpo a cuerpo (Billy Connolly), una chica deprimida (Hope Davis), su mamá (Dana Ivey), un actor borrachín que pasa por experto en Shakespeare (Alfred Molina) y otros lunáticos tan impostores como los protagonistas, entre los que no falta el terrorista (Tony Shalhoub) que planea volar el barco.
La banda sonora -otra marca de la sensibilidad de Tucci- vuelve una y otra vez al tango, pero también incluye viejos hits como "Parle-moi d´amour", "Siboney" o "The nearest of you", este último en una entrecortada versión lacrimosa que Buscemi convierte en el momento más divertido del film.





