
Sin pena y con gloria
Ante 3500 personas que colmaron anteanoche el Gran Rex, el programa de Mario Pergolini cerró su exitoso ciclo de TV.
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Esta vez, "Caiga quien caiga" prefirió no ser un resumen semanal de noticias. Esta vez eligieron dar el adiós definitivo con un resumen de los cinco años que estuvieron en pantalla. Fue un homenaje a sí mismos, sin duda. Con dos frentes: la pantalla de América, donde el rating les regaló una despedida con 12,2 puntos (algo más de lo habitual en este año), y el teatro Gran Rex, donde 3500 personas siguieron en vivo y en directo el episodio final de "CQC".
Raro fenómeno para un programa de televisión. Desde las 19, los adolescentes -más algunos padres- que habían agotado las entradas, emprendieron el último ritual de "CQC". Tres cuadras de cola a cada lado de las puertas del Gran Rex; banderitas de saludos ("Mi madre me dio la vida, CQC la alegría"); remeras alusivas. Preparativos más dignos de un recital de rock, donde alguna mítica banda decide despedirse para siempre, que de un ciclo que habitó la pantalla chica durante cinco años.
Raro fenómeno para un programa de TV. Sobre todo porque los fans, evidentemente incondicionales, se quedaron hasta la una de la madrugada en la puerta del teatro para abrazarse a sus ídolos o abalanzarse sobre sus autos como si se tratara de la salida de Luis Miguel.
"Es sólo un programa de televisión, sólo una hora y media de televisión", repitió Mario Pergolini, mitad conductor, mitad showman en esta noche final. Y quién sabe si la gente le creyó. En todo caso, como en un recital también, entonó el clásico: "No se va, Mario no se va". Como si fuera posible pedirle un bis a un programa de televisión.
Bonus track para fanáticos
Para ellos, para los que colmaron la sala del teatro y aplaudieron cada frase del trío, el equipo de "CQC" preparó un show especial. En principio, la cortina de presentación, esa en la que a principio de año invirtieron medio millón de pesos, tal como fue concebida. Y también una entrada por la puerta principal. Después de exhibir en pantalla los minutos previos al comienzo -esos que van del camarín al piso- los tres "CQC", Pergolini, Eduardo de la Puente y Juan Di Natale, atravesaron los pasillos del Gran Rex, entre la gente, para subir al escenario principal.
La escenografía no era distinta a la del estudio de América. Sólo que en este caso, para que las imágenes llegaran nítidas incluso para aquellos que tuvieron que ubicarse en las bandejas más altas del teatro, una pantalla reproducía todo en tamaño extra large .
Quienes pagaron la entrada, tuvieron algunos regalos más. Mientras los televidentes veían las tandas, el público del Gran Rex escuchó las despedidas que grabaron el presidente norteamericano, Bill Clinton (que agradeció por el Kamasutra que le tendió Daniel Tognetti), Boris Yeltsin (que brindó a la salud del programa), Woody Allen (que confesó no saber qué hacer con su nuevo hijo) y, en serio, Adrián Suar (que se burló, en tono cómplice, de la mítica que generó el programa y el dinero que produjo).
Los "CQC" chiquititos
En todo caso, ellos mismos deben de haber pensado en el raro fenómeno de trasladarse a un teatro para enfrentar el final. De hecho, burlándose de ellos mismos y de la coincidencia de ocupar la misma sala que las "Chiquititas" de Telefé (que también trasladan cada invierno su programa televisivo a un escenario), prepararon una coreografía digna de aquella tira. Pergolini, primero, con un grupo de niñas salidas de la escuela de danza de Reina Reech, De la Puente y Di Natale, después, intentaron moverse al ritmo de una de las clásicas canciones de las que tanto se burlaron a lo largo del programa. Y lograron así, sin dudas, uno de los momentos más sorprendentes y divertidos de este final.
Esta última emisión sirvió también para que Nacho Goano, el cronista deportivo, se quitara la máscara y confesara su predilección -indisimulada- por River Plate. Goano exhibió la camiseta del nuevo campeón, antes de presentar un compilado de sus mejores notas en estos años.
Esa fue, en definitiva, la forma que eligieron para despedirse. Resumir, en poco más de una hora y media, lo que fueron estos cinco años. Sobre todo los logros de cada uno de los integrantes del equipo: Andy Kusnetzoff, Daniel Tognetti, Daniel Malnatti, Goano y Gonzalo "Dientitos" Rodríguez. No fue un programa más. No hubo actualidad. No hubo cobertura del campeonato de River ni de los actos del nuevo gobierno. "CQC" prefirió decir adiós con sus grandes clásicos. Los que la gente seguramente esperaba ver.
Como inicio, estiraron los habituales saludos de los tres conductores a otros colegas. Además del "adelante Eduardo de la Puente" o "adelante Juan Di Natale" que normalmente abría cada programa, sumaron los "adelantes" de Jorge Guinzburg, Marcelo Araujo, Enrique Macaya Márquez, Julián Weich, Nicolás Repetto, César Mascetti y Mónica Cahen D´Anvers.
La quinta cabeza
Los propios integrantes siempre dijeron que ellos mismos eran un producto digno de la etapa menemista que ahora, como la de ellos, llega a su fin. Y aunque Pergolini asegura que "CQC" hubiera sido posible en cualquier gobierno porque fue un programa que se burlaba de la realidad, siempre caótica, lo cierto es que no pudieron evitar homenajear a quien fue la quinta cabeza.
"¿Hubiera sido posible este programa sin una cabeza que lo ideara? Ustedes se preguntarán quién fue el responsable de esta idea. No fue Guebel (Diego, el socio de Pergolini en la productora Cuatro Cabezas), no fue De la Puente, no fueron los cronistas...", anticipó Pergolini, antes de presentar el gran homenaje a quien marcó el ritmo de estos años: el ex presidente Carlos Menem y sus apariciones en la pantalla ácida de "CQC".
Entonces sí llegó el turno de emitir los primeros grandes éxitos, según la propia selección de los responsables del programa: Bill Clinton y su Kamasutra, la larga entrevista de Tognetti a Fidel Castro, el folklórico encuentro entre los U2 y Di Natale, el cambio de anteojos entre el Dalai Lama y Malnatti, el desafinado canto de Amalita Fortabat y los cruces con Don Johnson, Diego Maradona, el Piojo López y Mick Jagger.
En orden, continuaron después con los mejores momentos de Kusnetzof; con la transformación de Tognetti, que pasó de inexperto cronista a filoso reportero político; con el recuerdo de los "CQC Kids" que estuvieron en 1998, con los mejores diálogos de los tres conductores en el piso, con el recuerdo de los tiempos en que Di Natale se levantaba temprano para hacer también las veces de cronista, con los "suicidios" de De la Puente cada vez que escuchaba aquel viejo clásico de "la mala noticia de la semana", con la progresiva locura de Malnatti y el recién incorporado Rodríguez.
Los últimos quince minutos quedarán para los nostálgicos. Primero sólo para los presentes en el teatro y después para sus televidentes, Pergolini volvió a ocupar el centro del escenario para despedirse. Para repetir su latiguillo de estos días: "Es sólo una hora y media de televisión. Nada tan importante". Y para dejarles a sus seguidores algo más que aquel clásico final donde les aconsejaba cuidarse. "Si todos decimos lo que queremos, gritamos lo que hay gritar, no creo que mucha gente nos pueda pasar por encima", aconsejó. Entonces sí, como actores que han puesto final a la obra, Pergolini, De la Puente, Di Natale, Kusnetzoff, Malnatti, Tognetti, Goano, Rodríguez y el productor Cune Molinero se despidieron para siempre. Fue el saludo final. Y ahora que no habrá más resumen semanal de noticias conocido como "CQC", los martes seguramente tendrán otro sabor. Aunque sólo se trate de un programa de televisión. Y de una hora y media en esta pantalla más chica.





