"Somos eternos buscadores de historias"

(0)
11 de enero de 2009  

"Uno se cruza en la calle con un hombre que arrastra una valija y enseguida comienza a imaginar una historia. Seguramente viene de lejos. ¿Qué lo traerá por aquí? ¿Reencontrarse con un viejo amor? O tal vez esté huyendo de algo, ¿de qué? Y la valija, ¿qué llevará? A veces no es un encuentro, es un sueño o una imagen que apareció de pronto en nuestra mente cuando caminamos por un parque. Somos eternos buscadores de historias", explica María Laura Gargarella, autora del guión de la película Motivos para no enamorarse.

Recuerda que estudiaba Psicología y que le iba bien, pero la carrera no la apasionaba. "Veía a mis compañeros cargar con los libros de las materias para seguir leyendo en las vacaciones; ellos sí tenían una pasión y yo los envidiaba. Entonces, en medio de la confusión, recordé algo que me cautivaba cuando era muy niña: inventar y narrar historias."

-Esa debe ser una buena historia.

-Volvamos en el tiempo, yo tenía 4 años. Mis hermanos mayores, José Luis y Roberto, me llevaban once y diez años, respectivamente, y competían para ver quién contaba algo más interesante para divertir a la hermanita menor. Eran fabulosos, porque no sólo creaban historias, sino que las dibujaban en forma de historietas, e incluso, las interpretaban. Pero cuando ellos se iban al colegio yo quedaba sola y trataba de imitarlos contándoles historias a mis muñecas. Creo que fue entonces cuando nació en mí esa pasión, una sensación difícil de explicar.

-¿Por qué?

-Hay un film británico, Billy Eliot, que muestra la dura lucha de un chico que quiere ser bailarín y debe enfrentar los prejuicios familiares en una comunidad minera. Cuando finalmente Billy rinde examen para entrar en la academia uno de los profesores le pregunta: ¿Qué siente cuando baila? ¡Desaparezco! exclama Billy, y eso convence a los profesores e ingresa en el instituto. A mí me ocurre lo mismo: cuando creo desaparezco, me olvido totalmente de mí. Es como si fuera una sola cosa con lo que estoy haciendo. Y eso es algo que ya notaba cuando era una niñita de 4 años e inventaba historias para mis muñecas. Por aquel tiempo observaba con atención las nubes para descubrir alguna amenaza de lluvia, porque en el jardín de infantes, cuando llovía, proyectaban películas. Y eso también me encantaba.

-¿Qué necesita para crear?

-Tengo un problema casi extravagante, el silencio me distrae. Entonces no puedo escribir en mi casa, tengo que ir a escribir a un bar. No a cualquier bar, tiene que tener determinadas características, sensación de presencia humana, diálogo, y en cuanto a la mesa, tampoco cualquier mesa, tiene que estar junto a una ventana que dé a la calle. La ventana es como una pantalla por donde pasa la vida cotidiana. Por último, que sirvan un buen café con leche (ríe).

-¿Cómo nació la idea del guión de Motivos para no enamorarse?

-Comenzó con un sueño que pasó por muchas, muchísimas mutaciones hasta llegar a la curiosa relación de convivencia que mantienen Clara y Teo y que es el tema de la película.

-¿Un sueño?

-Un hombre pasea por la playa con su perro cuando distingue un grupo de gente aparentemente reunida alrededor del cuerpo de un ahogado. El hombre se acerca, pero en ese momento el perro se escapa y sube a un barco que está atracado a orillas del mar. El hombre sube al barco para buscarlo, pero golpea la cabeza con un travesaño y pierde el conocimiento. Cuando despierta el barco está navegando en medio del océano. ¿No es extraño? Me dirá que no tiene nada que ver, pero así es nuestro oficio. Una tarde, mientras caminaba relajada por el Botánico, apareció en mi mente la imagen de una niñita negra. No le hice caso, pero al rato volvió. Y en los días siguientes jugó a las escondidas conmigo, aparecía y desaparecía. Finalmente, de esa imagen salió Aire, un guión que estoy a punto de vender en Estados Unidos.

-¿Un film que le haya gustado especialmente?

-Hay muchos, pero recordaré dos: Antes del amanecer y su secuencia Antes del atardecer; los guiones, ¡notables!, son de Kim Krizan y del director Richard Linklater. Esa relación de Jesse y Celine, primero en Viena y después en París, siempre me emocionó. Antes del atardecer la vi 14 veces, la mitad en Buenos Aires y la otra mitad en Chile, a donde había ido para hacer la versión chilena de la serie Los simuladores. Pero de las 14 veces, en 13 lloré mucho

-¿Un buen recuerdo?

-Trabajaba en una compañía aérea como personal de tierra en el aeropuerto, tenía que llevar uniforme y tenía unos tacos altos que torturaban mis pies. Un día, mientras atendía muerta de sueño, de pronto, no lo podía creer, ¡vi llegar a la actriz Emma Thompson! Estaba rapada y sin maquillaje, venía de Chile. Estaba filmando Amor a la vida, un film que cuenta la historia de Vivian Bearing, una profesora de literatura a quien le diagnostican cáncer. Me olvidé de los pasajeros, me acerqué a ella y estuvimos conversando un rato. Prometí enviarle algunas de mis poesías, y contrariamente a lo que esperaba, un día al llegar a mi casa encontré una carta en la que me agradecía y animaba a no bajar los brazos. Desde entonces, hace alrededor de ocho años, seguimos escribiéndonos. Es una mujer muy cálida, inteligente y excelente actriz.

ADEMÁS

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.