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Tanguera tradición del quinteto

El joven bandoneonista sigue la ruta iniciada por Laurenz, Salgán y Piazzolla
Mauro Apicella
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27 de agosto de 2000  

Inquieto es una palabra que le queda bien a Pablo Mainetti: un joven de 29 años que lleva más de la mitad de su vida tocando el bandoneón, escribiendo arreglos y componiendo. En su currículum también figuran seis años de trabajo en Europa y el regreso a la Argentina para armar un quinteto y grabar su debut discográfico, "Gran Hotel Victoria".

Primero por decisión de los padres y luego por propia vocación, Pablo Mainetti se convirtió en bandoneonista. Al dejar la adolescencia comenzó a viajar por trabajo, hasta que Rodolfo Mederos lo convocó para ir a España a tocar en la Expo Sevilla 92 durante seis meses. "Tenía 19 o 20 años y ninguna obligación. En ese momento, para mí seis meses eran lo mismo que quince minutos. "Vamos", le dije."

Luego trabajó en Granada, Portugal y más tarde en Barcelona, donde fue a visitar a unos amigos y se quedó un año y medio. Estudió en el Conservatorio de Badalona, se acercó a la música contemporánea, coqueteó con el jazz, conoció al pianista Tete Motoliú y participó como músico en una compañía de ballet, con la que recorrió varios países del Viejo Continente. "Los lugares te nutren de muchas cosas. El paisaje te condiciona para escribir música. La música popular tiene tanto que ver con los climas, la gente, los idiomas..."

Por esta misma razón regresó a la Argentina en 1998. "Quería volver a Buenos Aires para tocar con los tangueros, con los que saben. Una vez salía de una clase y mi profesor Julio Pane me dijo: "Mirá Pablo, está todo acá, en la vereda"", recuerda.

En los años previos y en los posteriores a su periplo europeo estudió con músicos de la talla de Néstor Marconi, Mederos, Pane y Binelli, y se dio el gusto de tocar con José Colángelo y Osvaldo Berlinghieri, entre otros. Tocar con maestros no lo perdió, pero ahora lo comparte con un proyecto personal, plasmado en su disco.

Uno para todos

En los primeros cuatro compases de "Hotel Victoria" (el primer track), Mainetti arranca solo y va al encuentro del resto de los músicos. Pero este álbum no es un proyecto solista en el que el fueye es la vedette con cuatro instrumentos que acompañan. Son cuatro compases en los que el bandoneonista agrupa las notas, las acomoda y luego las reparte entre cinco instrumentos para que cada uno se sume al juego. Así aparecen el violín de Leonardo Ferreyra, la guitarra de Germán Martínez, el piano de Hernán Possetti y el contrabajo de Marisa Hurtado.

Mainetti dirá que el quinteto es hoy una de las formaciones que más lo seducen. Sin embargo, también lo condiciona, por la presencia de excepcionales antecedentes que surgieron en diferentes momentos de la rica historia del tango (ver recuadro).

Lo condicionan, pero no al punto de que el trabajo de cada músico quede sin fundirse en la propuesta grupal. El músico reparte el juego desde su fueye de notas cortas y escurridizas, Ferreyra exhibe fraseos que combinan perfiles románticos o melancólicos con otros más agresivos, Possetti se acomoda a cualquier situación armónica o rítmica y Martínez se hace cargo de los detalles. Hurtado se convierte en el alma que genera la marcha desde su contrabajo.

La generosa división de partituras que el bandoneonista ofrece en el primer track se repite en la mayoría de los temas: "Mala yunta", "Niebla del Riachuelo", "De puro guapo", "Mi refugio", "Palomita blanca", "Sur" y "Organito de la tarde".

Además de encargarse de los arreglos de temas escritos por celebridades como Laurenz, Cobian y Cadícamo, Julio de Caro y Anselmo Aieta, el inquieto Mainetti también compone. "No soy partidario de que la música quede archivada en los cajones -dice-. Lo que hago tiene que estar a mi altura sin someterlo a comparaciones. En el tango hay tipos muy pesados, y sospecho que nunca se sintieron condicionados por lo que hacía el de al lado. Si estás tan pendiente de lo que pasa a los costados te perdés de mirar lo que tenés adelante."

Por eso se animó a registrar cinco temas de su autoría. No son los mejores del CD, pero le imprimen variedad al repertorio y ciertas licencias que Mainetti evita en las piezas que no le pertenecen. Un juego polirrítmico en el vals "Lorena", reflejos jazzeros en "Tango azul", la inclusión de una trompeta y cuerdas en "Milonga para Miles".

El final del recorrido da como resultado un disco equilibrado donde el bandoneonista acierta con su idea de quinteto. O, al menos, con gran parte de su búsqueda instrumental basada en esta formación.

Los secretos del número cinco

"El quinteto es una formación muy conocida. Ha dado pruebas de su rendimiento en varios conjuntos. Es sólida, contundente y a la vez ágil. Además, puede contener en su estructura otras asociaciones de dúos y tríos, por ejemplo. Tiene muchos colores y una gama ilimitada de matices. Ofrece mucho juego para escribir y para tocar", dice Pablo Mainetti cuando habla de las posibilidades musicales que busca dentro del grupo que lidera.

Pero al mismo tiempo admite que el tango tiene antecedentes de quintetos que son "referentes muy fuertes y marcados". En su cabeza están grabadas las experiencias de Pedro Laurenz, el Quinteto Real, de Horacio Salgán y Ubaldo De Lío, los conjuntos Astor Piazzolla, Daniel Binelli y Rodolfo Mederos, entre otros.

"Son todo un desafío. Yo intento formar una personalidad dentro de la música y esta formación me brinda ancestros muy buenos. Aunque por otro lado me condicionan."

En su flamante CD "Gran Hotel Victoria" aparecen las influencias de algunos de estos combos de referencia que Mainetti menciona.

Pero su grupo logra despegarse para explorar un estilo propio creado a partir del aporte de cada integrante. "Además de haber músicos fantásticos, éste es un quinteto de amigotes. Hay buena onda afectiva y eso se escucha. No es indispensable, pero cuando está, suma. El grupo lleva mi nombre, pero el disco es de los cinco, porque de alguna manera es la opinión de todos", completa.

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