Actores del teatro alternativo: sin caras ni nombres famosos,pero con muchísimo talento
Son parte de una generación de intérpretes con gran futuro
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Son María Onetto, Carlos Belloso y Gabo Correa, tres actores de talento habitantes del circuito alternativo. Son ellos tres aunque podrían ser más los convocados para la nota. Podrían sumarse Analía Couceyro, por "Tanta mansedumbre"; o Luis Machín y Alejandro Catalán, por "Cercano Oriente", o algún otro. Pero son ellos por sus trabajos en "La escala humana", "Dr. Peuser" y "Cachafaz", respectivamente.
Si uno toma en cuenta la cartelera del teatro alternativo, quizá se conviertan en los intérpretes más interesantes de la temporada. La afirmación puede sonar a caprichosa, pero si usted se da el tiempo de verlos actuar, puede ser que el capricho genere adeptos.
Porque, cada uno en su tono, despliegan sus obsesiones en el escenario atravesados por el mismo factor común: el talento en estado puro. Un verdadero lujito para el espectador. Un lujo en estos tiempos de sequía.
María Onetto estudió psicología mientras tomaba clases de actuación con Hugo Midón, Luis Agustini y Ricardo Bartis. "Lo que observaba de mí -recuerda- era que me manejaba con una intensidad en la vida que era insoportable para los demás."
-¿En ese estado atendías?
-No (se ríe). Nunca llegué a tener pacientes. De todos modos, el último año de mi carrera me di cuenta de que eso no iba, que no era para mí. Pero esa intensidad me hacía pasar por estados de mucha alegría y mucha tristeza que, en situación teatral, estaban bien vistos, eran reconocidos. Hasta me permitía generar grados de verdad más poderosos que los de la vida.
Ese grado de intensidad es, quizás, el estado perfecto para su personaje de la madre en "La escala humana", la pieza de Alejandro Tantanian, Javier Daulte y Rafael Spregelburd que se presenta en el Callejón de los Deseos. Un trabajo en el cual Onetto despliega todas sus herramientas al servicio de esta madre dispuesta a todo.
"Exorcizar fantasmas"
En "Cachafaz", la obra del genial Copi que dirige Miguel Pittier, Gabo Correa no está menos genial que la madre que compone Onetto. A él también le toca hacer de mujer, en realidad, de un travesti. "Diría que es una pobre buena mujer con algunos tintes de heroína", define.
"La actuación me posibilita exorcizar fantasmas propios, una manera de resolver el miedo a la exposición", apunta. A juzgar por sus trabajos, habría que acotar que Gabo Correa encontró una excelente manera de exorcizar sus miedos. Una suerte para el público que se acerca al Club de Vino para verlo dándole vida, prestándole su cuerpo, a esa criatura maravillosa y despiadada ideada por Copi. "Iba a ser médico, pero no. Me tocó la colimba y terminé con la cabeza partida en dos. No sabía qué hacer y leí una guía del estudiante. Vi la carrera de actor y me metí en el Conservatorio Nacional y luego estudié con Vivi Tellas y Rubén Szuchmacher. Al principio era una sensación, luego me di cuenta de que era una liberación".
Carlos Belloso, el sordo de "Culpables" y el Vasquito de "Campeones", se queda mirándolo porque algo en su discurso le sabe a conocido. "Siempre fui tímido y eso era algo que quería allanar, quería pasar esa frontera. Convocar a gente me parecía impensable", apunta. Sin embargo, en medio del jaleo de la movida teatral de la década del ochenta, junto a Damián Dreizik formó Los Melli. Y cuando sintió que algunas fichas se reiteraban se largó solito con un unipersonal que llamó "¡Pará, fanático!". Actualmente, este señor de las mil caras se encuentra con su público en "Dr. Peuser", en el Actor«s Studio. Pero no todos son unipersonales. Hace un año, junto a Onetto, se lanzó a uno de sus trabajos actorales más complejos: "Faros de color", de Gabriela Izcovich y Javier Daulte.
-Cuando comenzaron en esto, ¿sabían qué buscaban, sabían qué querían?
Gabo Correa : -A mí me gustaba la idea de modificar al espectador, quería alejarme del teatro como entretenimiento. De hecho, me crié en los subterfugios de los años 80, que tenían mucho de esa premisa. Pensaba que tenía que existir algo más...
Carlos Belloso : -Yo nunca voy a buscar nada. Por eso siempre genero cosas, en grupo o solo. En general, estoy tan concentrado en lo que hago que cuando me llaman termino rechazándolo porque estoy en otra. Al mismo tiempo, cuando quiero que me llamen porque necesito unos mangos, no me llama nadie. En fin...
-Tu caso es distinto, María. No sos de armarte tu propia valija, como hace Belloso.
María Onetto : -Cuando empecé tenía una mirada conservadora del asunto. Luego, lentamente, entendí que nadie me iba a llamar, que no podía quedarme con ese modelo. Pero tuve la suerte de estar con un grupo de gente que generaba proyectos, como Rafael Spregelburd o el Sportivo Teatral. Por eso, si ahora me llamaran para una obra comercial me vería en un gran dilema. Es que estoy muy cómoda con lo que estoy haciendo.
Y esa comodidad -habría que agregar- se ve en el escenario, en los personajes de cada uno de estos tres intérpretes que rondan los treinta años. Porque tanto la madre de Onetto, el travesti de Correa como los distintos personajes de Belloso saben manejar el silencio, poseen la gestualidad exacta, manejan un nivel de verdad conmovedora.
Claro que para llegar a esto hizo falta -entre otras cosas- mucho tiempo de investigación, casi la clave del circuito del teatro alternativo. "Cuando con María y Gabriela Izcovich hicimos "Faros de color" fue así: estuvimos todo un año tratando de macerar la idea -cuenta Belloso-. Es inevitable contar con tiempo. Tuve la experiencia de trabajar en el Teatro San Martín en "La tempestad", que se montó en dos meses, y no va".
-¿Cómo fue eso?
Belloso : -Me quedé conforme con mi experiencia con Lluis Pasqual y con la puesta, pero no estoy conforme en relación con lo que pienso de Shakespeare. En dos meses es imposible hacer una obra. De todos modos, es algo por investigar, es como un entrenamiento. Eso fue lo que más me motivó, ni siquiera trabajar con Alfredo Alcón o con Pasqual. Esa experiencia sirvió para llegar a una puesta, no a un personaje.
Para resolver el dilema, Belloso volverá al San Martín en octubre, otra vez bajo la batuta de Daulte e Izcovich, con "Intimidades", de Hanif Kureishi. Pero para llegar a tiempo ya vienen trabajando desde hace meses. Para el estreno, Onetto seguramente no podrá ir a verlo porque con "La escala humana" estará de gira por el Festival de Cádiz, luego hará una temporada en Berlín para terminar en Hamburgo. Porque estos actores (esta camada de actores, habría que precisar), aunque silben bajito, aunque no tengan caras famosas se convierten en buenas herramientas para un teatro que conmueve en el extranjero.
Será porque ellos no entienden eso de armar algo en dos meses. Será porque en sus actuaciones se aprecian meses de idas y venidas con tal de dar con las claves de sus personajes. O será porque entienden al teatro casi como un acto de celebración entre el público y estos seres que se dicen tímidos pero que, arriba del escenario, se llevan todo por delante. "Para mí -explica Onetto- el teatro es la actividad más humana de las disciplinas artísticas. Yo a veces me pregunto: ¿quién lo habrá inventando? Digo, para agradecérselo..."
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