Al fondo a la derecha... El gran Enrique Pinti y su marcha de la bronca
Al fondo a la derecha...
Nuestra opinión: buena
Guion, actuación, dirección e iluminación: Enrique Pinti. Sala: Multiteatro Comafi. Funciones: jueves y viernes, a las 20.30; sábados, a las 20 y las 22, y domingos, a las 20. Duración: 65 minutos.
En el espectáculo Salsa criolla, este filoso caballero de típicas palabrotas y de la ironía política cantaba eso de "pasan los años, pasan los gobiernos, los radicales y los peronistas, pasan veranos, pasan inviernos, quedan los artistas". A 35 años del estreno de aquel exitazo histórico que logró convocar casi dos millones de espectadores, uno puede pensar que pasan unos y otros pero queda, vivito y coleando y molestando al poder de turno, Pinti a sus 79 años.
Como si fuera un signo de estos tiempos recesivos, esta vez no está acompañado por una gran puesta ni por un nutrido elenco en medio de números musicales y coreografías varias. En uno de los escenarios del Multiteatro Comafi está él solo en escena sentado alrededor de una mesa de café, un vaso de agua, una vela y un taza de café sin café humeante. Del otro lado de la famosa cuarta pared que durante años este señor se encargó de perforar con filosos dardos no hay una sala llena (¿se habrá achicado su base de público o se habrá achicado esa clase media que lo sigue?). Sí hay un público fiel que sabe qué va a buscar y al que él sabe retribuir como si se tratara de un pacto implícito entre partes.
En Al fondo a la derecha... el último que pague la luz (si puede), Pinti "milita" contra la famosa grieta. O deja en claro que eso viene de épocas de la Primera Junta de gobierno. En su barrido histórico caen unos y otros. De su ametralladora verbal (o de su pistola Taser, según los tiempos que corren) disecciona la actualidad siendo fiel a sí mismo, a su métrica, a sus desbordes, a sus puteadas, a su mirada crítica de la sociedad.
Hay que reconocer que en varios pasajes su pieza discursiva se torna oscura, dejando en un segundo plano al humor. Pero, conocedor del paño, sabe cómo remontar la situación hasta llegar al aplauso final. La propuesta podría haberse enriquecido con mínimas sutilezas en su puesta que le hubieran permitido a ese mismo monólogo tener más sustento, pero no. Tómalo o déjalo. Es la conocida maquinaria Pinti sin maquillaje.
Por fuera del humor político que él representa como pocos, Al fondo a la derecha.... deja una capa de lo sensible latiendo: la de toparse como espectador con un trabajador incansable de la escena decidido a cumplir el rito de habitar un escenario más allá del paso del tiempo, de los achaques. De eso no reniega, lo asume como tal con un grado de honestidad que lo dignifica, que se agradece y que emociona.
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