"Alcestes", reflexión sobre los sacrificios
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"Alcestes" , de Eurípides. Versión y dirección: Miguel Guerberof. Intérpretes: Carla Peterson, Carlos Lipsic, Carlos da Silva. Luminotecnia: Mabel Rosati. Edición de sonido: José Ríos. Escenografía: Carlos Lipsic, Carlos da Silva. Vestuario: Pablo Ramírez. Música: Arnold Schönberg. Asistente de dirección: M. Laura Carcano. En Beckett Teatro. Funciones: lunes y miércoles, a las 21.
Nuestra opinión: buena
A partir del texto de Eurípides, Miguel Guerberof concibe una propuesta escénica en la que su máxima intención es recuperar el discurso del autor griego para proponer una fuerte reflexión sobre ciertas responsabilidades que parecerían corresponderle a un humano ante la muerte de un ser querido. Por un lado, ¿qué dios puede ser tan poderoso como para decidir quebrar la vida de una familia y, sobre todo, el amor de una pareja? ¿En qué medida el sacrificio por alguien dignifica a quien lo lleva a cabo? Estas son algunas de las cuestiones que movilizarán al público, pero hay muchas más.
La historia de Eurípides descarga en la tragedia su leit motiv: Admeto, rey de Frere, debe morir en un día establecido a menos que encuentre a alguien que quiera sustituirlo. El rey pide ese sacrificio a sus padres, pero ellos se niegan. Solo Alcestes, su bella esposa, está dispuesta a morir. La pelea entre Admeto y su padre deviene en acusaciones respecto de la muerte de Alcestes. Pero es Hércules quien frente a tamaño panorama desolador rescata a la mujer de la muerte y la entrega a su esposo.
Reducción de personajes
Guerberof recorta en su versión a algunos personajes, potencia sus actitudes y profundiza en sus discursos, para conducir al espectador a una fuerte toma de conciencia acerca de los acontecimientos que van desarrollándose en la escena. Carla Peterson (Alcestes), Carlos Lipsic (Admeto) y Carlos da Silva (padre del rey) van transformándose en diferentes personajes y así completan el mundo de individuos que alimentan la trama. Si bien en los roles protagónicos cada uno de los intérpretes consigue una muy definida recreación, no sucede por momentos lo mismo cuando mutan sus conductas para prestarles sus cuerpos y sus voces a otros seres.
Aun así el espectáculo no decae en su tensión porque es la palabra la que inquieta la atención del público y sólo ella la que propone preguntas y promueve encontrar múltiples respuestas. La experiencia también va construyéndose sobre imágenes potentes -aunque la escenografía está compuesta por unos pocos pero muy definitorios objetos- que la música de Arnold Schönberg complementa aportando un rico marco poético.




