Alejandro Samek entra a escena
"Lo complejo es mover al paquidermo", reconoce el hijo de Alejandra Boero
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En medio de una serie de conflictos laborales, arreglos urgentes en su infraestructura y con la temporada artística porteña en suspenso, mañana asumirá como director general del Teatro Nacional Cervantes Alejandro Samek, teatrista de siempre e hijo de Alejandra Boero. Mientras tanto, hoy, a las 18.30, diversos organismos teatrales realizarán un acto en la puerta de la sala ubicada en Córdoba y Libertad para expresar su preocupación. "La comunidad teatral está preocupada por la parálisis que aqueja al Cervantes. Una maraña burocrática mantiene cerrada la única sala nacional del país", dicen en un comunicado firmado por Actores, sindicato de músicos y el MATE (Movimiento de Apoyo al Teatro).
"Si toda la vida estás trabajando en esto y quedándote por la situación, y un día te proponen que des una mano, es muy difícil decir que no", dice él, ya sentado en una oficina del Cervantes, ubicada al lado de la de Julio Baccaro y Eva Halac, director y subdirector, respectivamente, de la única sala nacional que tiene el país.
Samek conoce el Cervantes desde hace un tiempo porque a lo largo del año pasado estuvo trabajando ahí como enviado de la Secretaría de Cultura de la Nación.
-¿Cuál fue su trabajo hasta el momento?
-Reconstruir vínculos de comunicación con el personal porque los técnicos reclamaban que se les reconociera un escalafón propio. Estuvimos trabajando mucho tiempo, se llegó a firmar un decreto, pero los gremios, tanto ATE como UPCN, cuestionaron ese proyecto porque no encajaba dentro de las normas de la administración pública. Y no se pudo avanzar porque la estructura del Estado empleador es muy rígida. Afortunadamente, ahora se ha propuesto una nueva fórmula para arreglar esta situación.
-Dice que llegó para crear determinados vínculos de comunicación. Sin embargo, a muchos les llamó la atención que nadie lo presentara oficialmente.
-No lo había pensado; puede ser. Es que toda mi vida elegí el perfil bajo. No creo en los discursos, en los grandes anuncios. Sólo creo en el trabajo y en el esfuerzo que todos tenemos que hacer por entendernos. En medio de un conflicto, vos te das cuenta de que todos tienen razón, pero hay que encontrar un punto de equilibrio entre las partes. Eso es lo que trataré de hacer. Lo fundamental en todo esto es restaurar la confianza. Tenemos que creer en lo que estamos haciendo. Ustedes me tienen que creer a mí y yo creerles a ustedes. Por lo pronto, yo les creo.
-¿Por qué deberían creerle a usted o, en términos menos personales, creerle a la nueva gestión?
-Lo que quiero decir es que hay que construir una relación de confianza en la cual creamos un poco en todos. Queremos que el teatro funcione y sobre la base de ese convencimiento debemos trabajar. Hay que pensar que es la única sala nacional que tenemos.
-Pero si se realiza un análisis del presupuesto y de la infraestructrura durante el actual período democrático, pareciera ser que se viene aplicando un plan de vaciamiento.
-No. Con un presupuesto de 5.600.000 pesos, es difícil manejar el Cervantes, sobre todo cuando el 80 por ciento se va en gastos fijos. Pero tanto Baccaro como Eva Halac han comprado una consola de luces y de sonidos similar, según me han dicho, a la que tiene el Metropolitan, de Nueva York. Si se hace semejante inversión, no es para dejar el teatro parado. El tema es que hay tantas cosas que no están resueltas, que lleva tiempo.
-Pero también habría que recordar que el Cervantes tuvo que cerrar su temporada 2005 antes de tiempo por un conflicto gremial o que, por ejemplo, todavía no apareció la empalizada para cerrar la fachada de Córdoba. Fíjese: ni estamos hablando de su arreglo, sino de la empalizada.
-Mire: una vez decretaron que el Cervantes era un monumento histórico. Creo que no le hicieron ningún favor, y todos pensaron que iba a aparecer plata para mantener al monumento histórico. No. Cuando se firmó el decreto de autarquía, se pensaba que se iba a conseguir más plata, pero no, y todo se despatarró. Ahora hay que remontar la situación. El proyecto de la empalizada está en la Dirección de Arquitectura hace más de un año y medio y ahora nos enteramos que lo sacaron de la prioridad. Cuando asuma deberé recorrer las oficinas.
Perfil de gestión
Alejandro Samek promete también que no quiere estar encerrado en su despacho. "Trataré de juntar voluntades para redistribuir lo que hay. No pienso echar a nadie, ni siquiera a algunas personas que todo el mundo acusa de ñoquis. Lo que sí pretendo es que todos trabajen, que el Cervantes no sea una changa. Lo único que voy a traer es a un equipo directivo que todavía no lo puedo anunciar. El perfil que quiero es de gestión y administración, porque pensar en lo artístico es lo más divertido. Lo complejo es mover al paquidermo. Creo que con los esfuerzos que está haciendo José Nun [secretario de Cultura de la Nación], estamos cerca de resolver el problema con los técnicos.
-¿Esos problemas no forman parte de la maraña burocrática que denuncia el MATE?
-Entiendo que sí.
-¿En qué situación lo ponen a usted esas denuncia teniendo en cuenta que fue uno de los integrantes del MATE o que su madre es una de las fundadoras de dicho organismo?
-En realidad, siempre fui medio lateral al MATE. De todos modos, yo entiendo que todos quieren ayudar a que la cosa funcione; el problema es encontrar el punto de coincidencia en la mirada.
-¿Tuvo una reunión el viernes con los organizadores del acto para intentar desactivarlo, según salió publicado?
-No. Fui a explicar con lujo de detalles cuál era la situación. Y cuando terminé, me fui. Si ellos creen que de esa manera ayudan, tienen que hacer el acto.
-Le preguntaba sobre su situación porque, en otro momento usted contó con el apoyo del MATE. De hecho, fue una de las tres personas que ellos propusieron para que se hiciera cargo del Instituto Nacional del Teatro.
-Bueno, hubo varios candidatos y quedó Raúl Brambilla, que está haciendo un muy buen trabajo. El tema es no personalizar los conflictos.
-¿Le pidió algo a Nun?
-No, nada.
-¿Qué le pidió a usted?
-Nada. El quiere que el teatro funcione.
-¿Tuvo libertad para elegir a sus asesores?
-Me los aceptó sin ningún inconveniente.



