Auspiciosa reposición de "Lin Calel"

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31 de mayo de 2003  

Representación de la ópera "Lin Calel", de Arnaldo D´Espósito, con libreto de Víctor Mercante, inspirado en el poema homónimo de Eduardo Holmberg, por el Coro (dirección: Eduviges Picone) y la Orquesta Estable, dirigidos por Carlos Calleja. Dirección escénica: Daniel Suárez Marzal; coreografía: Omar Saravia; dispositivo visual escénico: María José Besozzi, Federico Bongiorno y Nicolás Trovato; vestuario: Horacio Pigozzi. Cuerpo de baile del Teatro Argentino, con coreografía de Omar Saravia. Cantantes: Patricia González, Juan Barrile, Juan Carlos Vassallo, Enrique Gibert Mellá, Alicia Cecotti y Luiz de Sa Leitaos. En la Sala Alberto Ginastera del Centro de las Artes, Teatro Argentino de La Plata. Próximas funciones: hoy, alas 20.30; mañana y el domingo 8 de junio, a las 17.

Nuestra opinión: muy bueno

Resulta grata y auspiciosa la reposición de la ópera "Lin Calel", de Arnaldo D´Espósito, en la temporada lírica del Teatro Argentino, a sesenta y dos años del estreno en el Colón, después de lo cual salvo esporádicas representaciones en otros escenarios con la dirección musical del compositor, se convirtió en otra de las obras de la lírica argentina caída en el olvido. "Lin Calel" posee el encanto de la leyenda, es una valiosa contribución al drama lírico musical argentino y una apelación ineludible a la identidad de la ópera nacional.

El enfrentamiento del indio con el hombre blanco en el sur argentino, además de enfocar un tema histórico -en una adaptación muy libre del poema homónimo original de Eduardo Holmberg, por Víctor Mercante-, seduce a quienes han abordado el tema de la identidad nacional. No resulta casual que esa búsqueda afanosa haya comprometido a compositores que en la generación de D´Espósito (1907-1945) hizo de la música un ejercicio profesional y artístico, por encima de todo empirismo o improvisación, inspirándose en las técnicas europeas de composición que aplicaron a temas locales indigenistas o de inspiración folklórica, ello significó -según algunos- la continuidad de un arte lírico local amenazado con extinguirse.

Si bien el libreto de esta ópera resulta endeble (originariamente en un acto y dos cuadros, en la versión ofrecida convertidos en sendos actos), D´Espósito aprovechó al máximo su tratamiento dramático, si bien éste resultó menos feliz que el musical.

No obstante apelar, ocasionalmente, al pentatonismo a fin de acentuar el fondo indigenista de la trama,que el compositor enhebra con la cantabilidad del verismo italiano y aun cuando carezca de unidad de estilo, revela en cambio una orquestación equilibrada, con una fuerza rítmica y notable sentido del color. Al respecto, la obertura, con densidad sinfónica, fue muy bien vertida por la inteligente batuta de Carlos Calleja, que durante la representación mantuvo un eficaz equilibrio entre el foso y la escena.

Patricia González

A pesar de la lentitud en que se desenvuelve el primer acto, la partitura contiene momentos de indudable interés y valor estético, principalmente en las partes confiadas a la protagonista, en esta oportunidad asumido por Patricia González, que acentuó el carácter lírico de su papel con buena identificación actoral y exhibiendo una excelente línea de canto. Su lucimiento fue total en el dúo de amor con Juan Carlos Vassallo (Coliqueo) y principalmente en la plegaria , de sencilla y espontánea línea melódica, donde alcanzó intensidad expresiva. Vassallo lució buenas dotes vocales y fue convincente en su papel de cacique del Este, opuesto a los designios de la bruja Parnopé para que el cacique de los Andes Auca-Lonco tomara por esposa a Lin Calel contra su voluntad.

Este último papel asumido por Enrique Gibert Mellá tuvo convincente presencia escénica y dio vibrante intensidad dramática a su personaje, en su invocación al Espíritu del Aire y en la culminación del drama.

Alicia Cecotti (Parnopé) desplegó su cuidada técnica vocal con excelente timbre en un papel que aunque no le sienta plenamente, tuvo acierto en sus esporádicas intervenciones escénicas. Juan Barrile (el cacique Tromen-Curá) fue escénicamente eficaz y su canto coincidió con el carácter conciliador del personaje.

Si bien no se han introducido innovaciones en la puesta de "Lin Calel", el espectáculo resulta visualmente atrayente por los recursos escenográficos empleados, la iluminación y el movimiento escénico de masas, apoyado por las excelentes intervenciones del coro. No es menor el interés que se puso en el vestuario y los atuendos indígenas, especialmente en las joyas y los adornos que fueron confeccionados sobre originales auténticos de los aborígenes sureños. Todo ello contribuyó a recrear la magia legendaria que envuelve a esta historia de enfrentamientos entre el indio y el hombre blanco ("huinca") sobre el que se engarza una historia de amor, que en la versión de Mercante logra triunfar sobre la tragedia del poema original.

Mención aparte debe hacerse del ballet estable que intervino en el interludio "El sueño", el baile que preside la gran ceremonia del Nguillatún, al cierre del primer acto. Si bien su extensión conspira un tanto contra la continuidad dramática, como creación coreográfica merece destacarse por la disciplina del cuerpo de baile y el sostén musical que la partitura le brinda, otro de los aciertos de la obra de D´Espósito, por sus combinaciones rítmicas y el clima fantasmagórico que evoca.

La ceremonia de Viñatum, en la que se bendicen las armas para la lucha que se aproxima, así como el concertante final, fueron otras de las escenas de conjunto logradas.

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