Barney, un amable dinosaurio
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Barney y su mundo de colores . Libreto original: Lyons Partnership. Puesta en escena original: Miss Penny Wilson (Hit Entertainment). Versión Latinoamericana: Miss Penny Wilson y Esteban Grossy. Adaptación argentina: Paula Algamiz. Dirección artística: DT Enterteinment. Dirección general: Esteban Grossy y Pablo Glatti. Coreografía: Miss Penny Wilson. Escenografía y utilería: Estudio QVP Argentina y AD Telones. Edición y mezcla sonora: Gino Gelsi y Giorgio Gentile. Luces y sonido: Tedy Goldman. Diseño y operación de luces: Oscar Schurlein, Tito Romero y Esteban Grossi. Vestuario: Alejandro y Sara Bologna. Elenco: Daniel Basadone, Karina Brossio, Julio Cabrera, Luis Coitinho, Bárbara García, Pablo Glatti, Natalia Gómez Carrillo, Esteban Grossi, Alvaro Imbert, Christian Langelan, Rebeca Nelson y Juan Carlos Rodríguez; y niños argentinos. En el Opera. Sábados y domingos, a las 11 y 14.15. En vacaciones, todos los días. Entradas: desde $ 25. Duración, 75 minutos, con intervalo.
Nuestra opinión: buena
El simpático dinosaurio púrpura vuelve a estar en el teatro, frente a los chicos, hablando y cantando en el doblaje de la tira televisiva, bailando lo que el traje y la máscara le permiten, con una eterna sonrisa de saurio, y su suave y afectuosa conducción.
Porque Barney es amigo de los chicos pequeños y cuida mucho de ellos. Tal vez, en esto resida especialmente su atractivo. El espectáculo, que imita exactamente una emisión del programa, establece de inmediato el vínculo, supone (y en eso se apoya), que todos lo conocen y son sus amigos, de modo que emprenden juntos un paseo.
Como dice el personaje, una y otra vez, el juego se basa en el uso de la imaginación. Esta vez sirve para recorrer distintos lugares del mundo, donde predominan diferentes colores, que son presentados por las canciones del programa, muchas conocidas por los niños y las mamás, quienes las corean.
Algo bien pensado
La gran mayoría de las canciones tiene la música de las "nursery rimes" inglesas tradicionales, con letras nuevas que se utilizan en el programa. Esto es un acierto, porque son invencibles a la hora de dar ganas de moverse, hacer palmas, o bailar, a lo que el público es invitado.
Lo bueno es que el dinosaurio conserva un clima de alegría serena, con algunos efectos de luces de colores, lluvia de papelitos brillantes y burbujas, pero dentro de un cauce apropiado para que incluso los bebés presentes se asombren pero no se asusten.
Barney y sus amigos recorren el planeta, y van a la jungla, al Polo Norte, a la playa y al fondo del mar. Para eso viajan en avión, en barco o en ómnibus. La escenografía despliega los ambientes y logra una ilusión bastante completa de los distintos lugares, que, como se trata de viajar con la imaginación, pueden reunir al oso polar y al pingüino y la aurora boreal todos juntos en hermosos y simpáticos efectos.
En todo momento el público se ha sentido partícipe, jugando con los personajes, aplaudiendo y cantando, escuchando consejos simples de cómo cuidarse, celebrando la amistad, y también (algo que ya debe considerarse parte del espectáculo), el gran despliegue en la platea de camaritas y celulares que sacan fotos, llenando el ámbito con sus luces, reproduciendo la escena en pequeño, como otro aporte festivo. Es obvio que la concentración no importa. Se trata de una fiesta entre amigos y en ese juego participan todos.
Lo único lamentable es el estado en que queda la sala: con papeles, vasos, botellitas y envases. Una evidencia de la falta de conciencia comunitaria, de ganas de cuidar lo que todos usamos, en cierta parte del público adulto. Uno se pregunta si el costo del trabajo de limpieza (que se hace inmediatamente) no estará incluido en la entrada.






