Con las ganas de actuar
El actor y dramaturgo estrenará en el Centro Cultural de la Cooperación su nueva obra "Variaciones Meyerhold", como un homenaje al teórico soviético del teatro, con la dirección de su hijo Martín
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Eduardo "Tato" Pavlovsky vuelve al ruedo y esta vez lo hace junto a su hijo, el músico Martín Pavlovsky, quien lo dirigirá por primera vez. La obra tiene fecha y lugar de estreno: el próximo viernes en el Centro Cultural de la Cooperación. Y como no podía ser de otro modo, la obra ya tiene nombre: "Variaciones Meyerhold". Pero cuando este nuevo proyecto todavía ni tenía la categoría de obra, el rumbo era apenas un balbuceo. "En algún momento me vino la imagen de una cara -dice uno de los actores y autores de mayor prestigio de nuestro país-. Se parecía al Papa o un abuelo ruso mío?. Pero no, era el Papa..."
En medio del bar de la sala, el gran Tato evoca esos primeros pasos. Fiel a su marca, su cuerpo habla, sus brazos se transforman en paletas y su tono de voz imita al de un sacerdote que se expresa en italiano.
Sigue él: "En medio de todo eso apareció Meyerhold, apareció la cara de este tipo clave en lo que se refiere a la dirección de escena y la teoría teatral. En pintura, Francis Bacon denominaba como «accidentes» o «manchas» a eso que surge cuando estás tirando cualquier cosa y, de repente, decís: «Por acá voy». Ese procedimiento lo aplico en todas mis obras como trabajo previo sin orientación ni teórica ni visual, ya ves que el Papa se transformó en otro. Y cuando apareció Meyerhold, apareció con todo lo que ya sabía de él, con lo que había leído en el 93 cuando la KGB abrió los archivos y desnudó la verdad de lo que había pasado con él."
No para ni hay forma de pararlo (tampoco vale la pena). "Fijate que yo tengo varios libros en los que se dice que Meyerhold desapareció misteriosamente. ¡Mentiras! -afirma-. Entonces comienzo a leer más. Así se me fue creando el personaje..."
En su relato, Pavlovsky habla de las enseñanzas del gran director ruso, de cómo consideraba que el actor debía utilizar cada músculo de la cara, del ritmo musical, de la importancia del público en el hecho creativo, de la teoría de la biomecánica, de cómo instauró el concepto de puesta en escena o de su postura en contra de la psiquiatrización del teatro.
Mientras habla, Martín lo mira atento. "En medio del proceso, apareció él -dice Pavlovsky padre señalando a su hijo-, que tiene una visión del teatro ligada a algo musical." Cuando comenzaron a pensar el trabajo, Pavlovsky padre le propuso a su hijo que actuara. "Pero para mí eso es un poco conflictivo. Me acuerdo de que cuando hice «Los siete locos», que fue un éxito, en un momento dado yo ya prefería estar tocando por ahí... De todas formas algunas veces haré un personaje. Tenía ganas de hacer algo, que tiene que ver con el espíritu de Meyerhold, que consiste en que en una función una escena esté y, en la próxima, no. Me gustaba esa idea muy meyerholdiana que me hace acordar a «Rayuela», de Cortázar, en el sentido de que las cosas nunca son iguales."
Es cierto, no son iguales. Tanto que si todos ven en su padre a un actor impresionante, él ve a un gran cantante de ópera frustrado. "El no lo sabe, pero es así", acota. Y, quizá por ser un músico, desde un principio a Martín le interesó "el desafío de dirigir este nuevo montaje", como le gusta decir.
-Un doble desafío porque, por un lado, estás dirigiendo a tu padre y, por otra parte, a un actor de un enorme talento. ¿No te pesó?
-Por suerte, y sin ánimo de ponerme a llorar o hacer una especie de terapia de grupo, tanto mi padre como mi madre son excepcionales. Yo aprendí teatro desde chico jugando, todo eso nos fue uniendo y no me pesa. Para mí es como un juego. Salvo espectáculos míos y una vez que monté una obra suya, no he dirigido otros montajes ni he dirigido actores. De todos modos, él es un tipo que escucha mucho. Por eso no sentí ningún peso. Creo que es mucho mayor peso si lo agarra otro director.
-Y para vos, ¿cómo es esta situación?
Pero a Eduardo "Tato" Pavlovsky no le interesa contestar, seguramente su mente se quedó pensando en otra cosa.
-Quiero completar la idea de por qué Meyerhold -dice reconociendo que algunas cuestiones le quedaron en el tintero-. Una cosa que admiro de él, y que le costó la vida, es que no sabía que en su momento las discusiones estéticas eran discusiones políticas. El muere porque no le interesaba más hacer propaganda política. Meyerhold era afiliado al Partido Comunista, hasta fue nombrado como mejor artista revolucionario, pero pensaba que el arma revolucionaria era la imaginación. Cuando comienzan a presionarlo, comienzan a generarse diferencias. Fijate que en el primer Congreso de Directores de la Unión Soviética, que se realizó en el 39, él ya no hacía teatro. El debía de tener unos 70 años, como yo, y en medio de ese congreso escucha las cosas más terribles en contra de él. Pero a lo largo de ese congreso no percibe que las cosas que se estaban hablando no eran del orden de lo político. Entonces, luego de escuchar las críticas que le hacen, levanta la mano y dice: "Ustedes son asesinos y cómplices del quiebre del teatro más importante del mundo, el teatro ruso, que fue anulado en la mediocridad más barata y chabacana. Han asesinado a la imaginación creadora...".
Voces y ecos
Las palabras de Meyerhold deben haber sonado con la misma convicción y firmeza que utiliza Pavlovsky, ahora, en el bar del Centro de la Cooperación. Con esa frase, Meyerhold se estaba cavando su propia fosa. Y tan literal es esa expresión que, al otro día, se lo llevan a la cárcel. Tan literal es que, a los quince días, matan a su mujer porque se había negado a hacer un retrato de Stalin. Metido como está Eduardo "Tato" Pavlovsky en esta historia trágica queda en claro una cosa: Pavlovsky no sólo está hablando de Meyerhold, sino que, por elevación, también habla de nuestra historia reciente como país y de la suya propia.
A Meyerhold lo torturan brutalmente, le hacen firmar cosas que no pensaba hasta que Stalin lo manda fusilar. Su nombre fue borrado de la historia oficial hasta 1955, cuando se levanta esa prohibición. En el 67 se publican dos libros suyos, en el 92 se le hace un homenaje en Moscú y en el 93 se descubren sus restos que descansaban (?) en una fosa en común.
"Yo hago un Meyerhold/Pavlovsky. Yo me identifico con su manera de defender la libertad. Acá hay mucho de afecto, de emoción y corporalidad. Como diría Deleuze, me siento afectado por su personalidad. Esto es lo que me lleva a poner en escena a este personaje que no puedo dejar de ligarlo a la castración de la dictadura militar, a la imposibilidad de hablar que afectó a muchos artistas nuestros, como Haroldo Conti, y que hizo callar a otros tantos. Me enamoré del personaje porque, de algún modo, todo eso me tocó a mí."
En medio de estos distintos niveles de relato, Martín intenta explicar lo que verá el público. "Creo que va a ser una especie de collage. Tengo ganas de probar cosas y pienso hacerlo con él. En este caso, el público se va a encontrar con Pavlovsky haciendo un monólogo, al principio del proyecto fue así. Pero como Susy Evans y Eduardo Misch se ve que tenían ganas de estar, se fue armando otra cosa. Susy hablará poco y Eduardo, nada. Mi viejo toma muchas cosas de Meyerhold, pero lo dice a su manera, y la mezcla es muy interesante. Me gustó jugar con cosas fantasiosas y fantásticas."
-"Variaciones..." no tiene un texto escrito. ¿Se podría decir que sólo cuenta con una estructura base?
Martín: -Está lo que él llama "mojones" de los cuales se agarra para improvisar. Esto es parte de un juego. Hasta puede haber cambios de actores aunque él es irreemplazable. Y no lo digo porque sea mi papá o porque sea un tipo grande. Su teatro ha cobrado una identidad y un lenguaje que hoy por hoy es muy atractivo de ver.
Al fin del encuentro, el autor y actor apunta otra clave para entender cómo viene la mano. "A esta edad, lo importante de hacer teatro es hacerlo con muchas ganas. Porque en el momento en que se me pasen las ganas voy a sentir que estoy tirando la plata".
Los personajes en las mil caras del intérprete
Las mil caras de Pavlovsky: desde la del teórico teatral al enorme porte de un ex campeón de estilo mariposa, pasando por el tono medido de un médico, por la variedad de tonos de un impresionante actor de teatro y cine o por su pluma de dramaturgo. Una galería de estampas que incluyen varios afiches con su cara como candidato a diputado por el socialismo o una voz componedora (y provocadora) de un psicoterapeuta y de un director de teatro.
Las mil y una caras de un ex boxeador de la categoría medio pesados, la del creador del psicodrama en Latinoamérica, la del autor de 27 libros y la de un verdadero fanático del deporte y de Samuel Beckett. También el que se las vio feas durante la dictadura o el que cada día parece decidido a no detenerse.
Con los años, se ha convertido en una de las figuras más importantes del teatro local. En sus primeras obras, un joven Pavlovsky marcó diferencias en relación con sus pares generacionales. En "La mueca" (1971) y "El señor Galíndez" (1973) ya indagaba en las debilidades y frustraciones de la burguesía. La segunda, una denuncia sobre las tortura en la que torturadores también son víctimas, se presentó durante tres temporadas en Buenos Aires y representó al país en la edición del 75° Festival Internacional de Nancy.
En un artículo en el cual hacía referencias a "El señor Galíndez", decía: "No denunciábamos primordialmente en la obra a los torturadores del Proceso. No hacíamos psicoanálisis de la personalidad de los torturadores. Denunciábamos una nueva monstruosidad social: la tortura como institución. La institución como patología".
En 1976, estrena "Telarañas", obra prohibida por la dictadura militar y que marcó el inicio de la persecución que sufrió durante los años del Proceso. La persecución tuvo su momento más crítico en 1978 cuando intentaron secuestrarlo. Entre ese año y 1980, Pavlovsky engrosa la lista de artistas que debieron buscar refugio en el exterior. Durante ese lapso escribe "Cámara lenta" y "Cerca". "Todo mi teatro es no realista pero, sin embargo, la realidad lleva a la exasperación. Por eso choca mucho", definió alguna vez. De regreso a su ciudad natal, su producción no cesa. Estrena "El señor Laforgue", "Potestad", "Pablo", "Paso de dos", "La muerte de Marguerite Duras" y "La gran marcha", entre otros.
De todos modos, Eduardo "Tato" Pavlovsky dice sentirse orgulloso de algo aparentemente mucho más terrenal: "¿Sabés qué? Hoy me mandé 25 largos. Eso está bueno", apunta mientras termina un cigarro.
Con la visa rusa
- Aunque todavía no se estrenó, "Variaciones Meyerhold" ya tiene previsto participar en diversos encuentros escénicos que tendrán lugar en México y España. Es más, todo haría suponer que el espectáculo desembarcará en la mismísima Moscú para romper el silencio que gira alrededor de Vsevolod Emílievich Meyerhold (1874-1942), figura fundamental del teatro ruso, que sufrió persecución, muerte y olvido.



