
Conversaciones con mamá
Dos grandes de la escena, en una propuesta sensible y deliciosa como una caricia
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Autor: Santiago Carlos Oves / Versión: Jordi Galceran / Adaptación: Fernando Castets / Intérpretes: Pepe Soriano y Luis Brandoni / Luces: Jorge Pastorino / Escenografia: René Diviu / Vestuario: Maribel Solá / Música original: Gaby Goldman / Peinados: Julieta Burgos / Producción general: Eloisa Cantón y Bruno Pedemonti / Asistente de dirección: Miguel Kot / Dirección: Santiago Doria / Sala: Multiteatro / Duración: 90 minutos
Nuestra opinión: buena
Quien busque una comedia con rasgos sentimentales, en esta obra la encontrará. Quien inquiera algunas consideraciones sobre la profundidad de la relación filial y los vínculos cotidianos, hallará en este material algunas reflexiones al respecto. Conversaciones con mamá es una comedia íntima, tierna, emotiva, cuyo eje narrativo aborda la relación entre un hijo maduro, desocupado reciente, a punto de separarse de su esposa y de convertirse en abuelo; y su madre, una anciana octogenaria, pícara, aggiornada y con la sabiduría que supo capitalizar en sus ocho décadas transcurridas.
Un planteo del hijo a la madre es el punto de partida para desandar la historia, el presente y, sobre todo, bosquejar el futuro familiar.
El título nació como pieza teatral, pero vio la luz por primera vez convertido en un film protagonizado por China Zorrilla, Eduardo Blanco y Ulises Dumont bajo la dirección del propio autor, Santiago Carlos Oves. Luego del paso por la pantalla grande, el texto fue versionado al teatro por Jordi Galcerán, autor de El método Grönholm , para ser presentado ante el público español. Finalmente, Fernando Castets es quien llevó a cabo esta adaptación orientada a la idiosincrasia argentina.
El texto es ideal para un director como Santiago Doria, quien se maneja con solvencia y sensibilidad en las aguas de lo nostálgico y bucea cómodo en la profundidad de los vínculos, especialmente en los establecidos entre distintas generaciones. El director sabe cómo potenciar a los personajes (y a los actores) mayores. Es meticuloso al explorar la riqueza que sobrevuela en esos universos, así como lo demostró en Camino a La Meca , El libro de Ruth o Visitando al Sr. Green , por sólo citar algunos ejemplos de su nutrida trayectoria. Santiago Doria saca partido de la madurez de los personajes y de la sabiduría que atesoran sus palabras. En Conversaciones con mamá sigue esa línea que es casi su sello en el orillo. Sale airoso en una puesta acertada y en la sutil marcación que le impartió a un Pepe Soriano que se muestra absolutamente entrañable desde el personaje de la madre lúcida, de joven vejez (y esto no es una contradicción).
Pepe Soriano se aleja de la macchietta y compone a una anciana inteligente y actualizada, quien, a pesar de su paso cansino, posee un espíritu aún más joven que su propio hijo. Vestuario, tono de voz, y sobrios movimientos corporales, le permiten a este gran actor construir a una abuela que, sin caer en el absurdo ni en los desbordes, rápidamente hace olvidar a quien se esconde detrás de la criatura de ficción.
Luis Brandoni, por su parte, da vida a Jaime, un hijo sumido en la derrota afectiva y laboral. Sus diálogos con la madre logran momentos hilarantes celebrados por la platea. La mesura de este personaje se contrapone con el desparpajo de la anciana con ganas de darle batalla a la vida a cada minuto.
Si bien el actor logra transmitir la pesadumbre de Jaime, su talento le permitirá con el transcurrir de las funciones dotar a su personaje de mayores matices y apartarlo de cierta linealidad. En Brandoni se trasluce más oficio que composición. Con todo, ese oficio es de tal magnitud que le permite ser efectivo y aplaudido.
Conversaciones con mamá es una propuesta que se disfruta, aún con cierta falta de tensión narrativa y profundización en el texto sobre cuestiones que hacen a la esencialidad humana. La soledad, la vejez, el amor a toda edad, la muerte, la razón de la existencia son tópicos que permiten, y exigen, un despliegue de reflexión más agudo, aun desde el humor. De todos modos, Pepe Soriano, Luis Brandoni y Santiago Doria lograron redondear un espectáculo que se convierte en un remanso delicioso, una caricia teatral en medio de la vorágine cotidiana.




