Cuando todo estaba aún por inventar
Todos tenemos nuestra antología personal de Les Luthiers. La mía tiene mayoría absoluta de temas viejos. Por suerte, uno de ellos forma parte de ¡Chist! . "La bella y graciosa moza marchose a lavar la ropa", de 1977. Parece mentira, pero es cierto: aquella desopilante ensalada que se arma con la letra de un madrigal cuando a Mundstock se le caen los papeles al suelo tiene ya tres décadas y media. Eran los tiempos dorados del conjunto, cuando todavía todo estaba por inventar.
Ahora son más chistosos y están menos pendientes de sus increíbles instrumentos. Los artefactos se lucían muchísimo en otros cuatro temas de mi seleccionado: la "Cantata Laxatón" (una Pasión bachiana celestial sobre un texto de "purgatorio"), el "Concierto de Mpkstroff", las "Tristezas del Manuela" y la jazzística "Miss Lilly Higgins sings shimmy in Mississippi's spring", que incluye el siguiente coro vocal: "Papa, batata, barata, dirán. Tanta pavada taraba a un titán". La "Cantata Laxatón" (1965) tenía música de Gerardo Masana, el fundador, fallecido muy prematuramente, en 1973.
Es una maravilla que Les Luthiers sigan actuando. ¡Pasaron tantos años desde Viegésimo aniversario , aquel gran espectáculo de 1987! No hay derecho a esperar que la imaginación siga siempre en su clímax, pero así y todo yo me aferro a un pasado más o menos remoto cuando me vienen ganas de volver a reírme con ellos.
Con sólo mencionar el próximo título de mi antología, ya siento cosquillas en el estómago: la epopeya de Edipo de Tebas, que termina con este quinteto inolvidable: "Por no repetir/la historia nefasta/de Edipo y Yocasta/lo dicho, lo dicho ya basta./Por no repetir".
Nadie jamás volverá a pintar su terruño como lo hicieron los grandísimos Luthiers en la zamba "Añoralgias", y no habrá creativo publicitario que pueda superar los fuegos artificiales de "La tanda". La idea de que hay que ser compasivo con las polillas seguirá enterneciendo indefinidamente incluso a los impiadosos fabricantes de insecticidas: "Polillitas que volando aparecen, Nopol las fortalece...". Y, ciertamente, nadie volverá a leer los Comentarios reales del Inca Garcilaso de la Vega sin pensar en el siguiente puñado de dodecasílabos extraídos de la "Cantata del adelantado don Rodrigo Díaz de Carreras": "Somos los incas, un pueblo incansable/nuestras riquezas son incalculables./Abominamos de incautos e incapaces,/pero nuestras canciones son todas incantables".
Por no repetir, copiaré solamente una más en mi CD: la balalaika "Oi Gadoñayá". La letra podría figurar en cualquier antología surrealista: "Próspera piraña, ñoquis niña extraña, traza la cigüeña, la bestia primigenia, próstata en desgracia, cruda idiosincrasia. ¡Viva el zar Nicolaievich! ¡Vamos todos a Miami Beach!"
Ellos fueron los zares, y hay que seguirlos, en el estado en que estén y vayan donde vayan. Uno adora a los reyes, y ellos lo son, aunque se hayan burlado hasta de su propio reinado. Como decían en "El rey enamorado": "¿Qué importa una corona, si el resto de la dentadura está sana?"



