
Cuentos convertidos en material teatral
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"Pica al cuento!", de Graciela Sverdlick. Música original de Carlos Gianni. Vestuario de Florencia Dávalos, Escenografía: Lourdes Oyanguren, Coreografía: Mariela Kantor. Intérpretes: Karina Hepner y Belisario Roman. Dirección: Santiago Doria. La Casona del Teatro de Beatriz Urtubey, Corrientes 1979, sábados, domingos y feriados, a las 15. Para los más chicos.
Nuestra opinión: Bueno
Pese a ser una propuesta meritoria, ya que busca integrar la lectura de cuentos en un espectáculo teatral, y tiene un buen nivel profesional de realización, al menos en la música y la dirección, "Pica al cuento!" no alcanza a captar la atención y el interés del público sobre lo que intenta contar.
Una escenografía simple y colorida, que se vale de escaleras que juegan a ser estantes de biblioteca, permite también armar coreografías verticales. Libros de todo tamaño y color están diseminados por los distintos espacios del escenario. En ese contexto, dos personajes, una chica y un chico, buscan un libro determinado. Ella quiere continuar leyendo una historia que le quedó incompleta y él necesita encontrar el final de un cuento.
Hay mucho que decir y explicar, lo que en parte se hace mediante los temas musicales, que lamentablemente, no se entienden. Al hojear los libros, ambos personajes comienzan a leer algunos relatos y los ilustran con disfraces, juegos y objetos. Finalmente, encuentran el libro buscado. La acción está acompañada de canciones y coreografías. Pero el interés decae muy pronto y se hace evidente que los chicos de la platea después de un rato comienzan a cansarse y se desconectan.
En el fondo, parece faltar la convicción, el motor que proporciona una buena historia. Los personajes no están bien delineados ni tejen una trama entre sí, el objetivo de la acción no parece suficientemente movilizador pese a la energía que ponen los actores. Los cuentos incluidos, que aparentemente se leen, sólo funcionan como momentos que paralizan la acción.
Esto suele ocurrir con frecuencia cuando se quiere llevar la narración al plano de una función teatral. Es posible que se organice un espectáculo de narración, con un encuadre teatral, nexos dramáticos, música, efectos, pero, para respetar ambos códigos y hacer que funcione, también se necesita una historia que se desenvuelva alternativamente en dos niveles: el dramático, concentrado en el escenario, y el de narración, que incorpora al público desde la actitud de quien cuenta.
El narrador sabe crear un clima de intimidad tejiendo un círculo sin solución de continuidad entre su persona y el resto de los oyentes, con sólo decir "Había una vez..." "¿Sabías que...?" o "Dicen por ahí que..." Su mirada y toda su expresión corporal se dirigen al espectador oyente para conducirlo al espacio de la fantasía y hacerlo su cómplice.
En el caso de este espectáculo la propuesta se complica, porque no tiene dramaturgia, y en vez de narración hay lectura. Esto produce un mayor alejamiento.
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