
Quién es Dimitris Papaioannou, el poeta de la escena
De formación inicial como artista visual, el bailarín y coreógrafo griego es una de las grandes figuras de las artes escénicas del mundo ("en verdad diría que soy alguien que escribe obras silenciosas", prefiere decir este gran creador).
1 minuto de lectura'


SANTIAGO, Chile.- Dimitris Papaioannou es uno de los grandes creadores de la escena contemporánea. En el Festival Santiago a Mil -que termina mañana- acaba de presentar Still Life, montaje de una poesía visual abrumadora que despliega infinidad de capas. Es, también, un trabajo sobre la materia en escena que, en su parte y su conjunto, reflexiona sobre la condición humana.
En ese mismo tren de cosas, el griego Dimitris Papaioannou es mucho más que un gran bailarían y un coreógrafo de fama internacional que, lamentablemente, nunca fue programado en Buenos Aires. Y agrego un dato personal sobre él: es un tipo amable, un tipo que acepta tener un diálogo con este enviado después de su última función en Santiago sabiendo que al otro día, a las 7 de la mañana, un micro lo pasa a buscar por su hotel para seguir su ruta. Still Life comienza con él sentado en el escenario observando cómo se va ubicando el público (toda una coreografía en sí misma).

-¿Qué pensabas durante esa media hora mientras la gente se iba ubicando en sus butacas?
-¡Uy! [se ríe]. Honestamente estaba pensando en las correcciones que me olvidé de hacerle al elenco como en esto de haber cumplido 51 años y estar sentando frente a tanta gente desconocida. También pensaba en mi cena, sobre unas butacas vacías del centro... Ya ves, tenía 30 minutos para mí.
En su primera visita a América del Sur se presentó en un teatro en una zona de Santiago que ha decidido copiar un estilo urbanístico propio de otros territorios poderosos económicos del mundo. Muy lejos de esa postal impersonal está contento con la naturaleza y la espontaneidad de los encuentros con desconocidos en la calle o en bares. En otro orden de los encuentros, dice: "Me gusta presentarme frente a un público que no conoce mi trabajo. Para mí es mucho mejor, me interesa que no hay en juego preconceptos". En ese encuentro entre su obra y el público chileno, la última función de Still Life terminó con el público aplaudiendo al elenco de pie.

Still Life tiene infinidad de diálogos internos, de citas, de pinceladas y trazos que van armando un lienzo escénico de una poesía en constante y lenta transformación. También es, en ese juego de capas, un trabajo sobre la observación. "Es cierto eso. Sobre la forma que miramos y observamos. Sobre la ilusión óptica y qué evoca esa ilusión en nuestras mentes y en nuestros corazones. Sobre lo que sabemos del cuerpo humano y lo que percibimos de él. O sobre por qué un simple plástico transparente puede transformase en un planeta o en un océano. Y es cierto que cada una de esas imágenes necesitan de su tiempo. Es como hacer trucos de magia con cartas que tienen que tener su propio ritmo para que puedas creer en esa ilusión. Para que una imagen tenga su potencia tiene que encontrar su propio ritmo. Yo diría que ése es mi trabajo", dice como si fuera un René Lavand de la magia escénica en ese búsqueda por la lentitud, por la transformación de las cosas, por el asombro y su riesgo.
En Still Life hay otro círculo: el del mito de Sísifo. Ese hombre que engañó a la muerte y que, como castigo, los dioses le conceden la inmortalidad con una labor: empujar una roca hasta la cima de una montaña sólo para que vuelva a caer y volver a empezar. En el tránsito de ese otro juego de cartas se cuelan trucos que remiten a Beckett, o al cómic, o mínimas secuencias del circo en medio de un universo en que la materia, la ilusión y los cuerpos de los intérpretes encuentran un exquisito diálogo interno.
En Inside al tiempo de la observación la llevó a un extremo. Eso fue (es, porque se está indagando otro formato) una instalación performática que realizó hace poco. Duraba 6 horas. "Era una composición que se reciclaba a sí misma -explica-. Era una frase kinética que se revelaba como una fuga eterna y una forma de indagar cierto estado de meditación en una sala teatral. Ante esa panorámica vos podías dormirte en tu butaca, irte de shopping un ratito, volver, salir a comer y revisitar la obra con la sensación de que ese acontecimiento siempre estaba sucediendo. Claro que si reparabas bien te daba cuenta de que no era exactamente la misma acción, que había otras capas en juego."
Su propio juego artístico es amplio. Hablar de Dimitris sólo como un coreógrafo o bailarín es tan impreciso como injusto. "A esta altura diría que soy alguien que escribe obras silenciosas y que hago que eso suceda", dice en tono pausado. ¿Qué es una obra silenciosa? "Una obra sin palabras. A alguna gente insegura le gusta pensar que lo que hago es danza contemporánea. Puede ser. Sí es cierto que, para lo que hago, es mejor tener bailarines [se ríe), aunque en este obra también me valgo de actores. Es un tipo de teatro físico que se hace desde hace muchas décadas y que ya tiene un formato establecido. A lo sumo diría que soy parte de ese estilo", explica con total sencillez.
Dimitris Papaioannou creció y nació en Atenas en el contexto de una familia de clase media. Sus padres le pagaron su educación con esfuerzo. De esa casa una vez partió, como contó en otra oportunidad, porque ellos querían que su hijo viviera la vida de un típico arquitecto heterosexual. Pero no. Es gay y quería ser pintor (poco importa el orden de las identidades). Así fue como golpeó la puerta del taller de Yannis Tsarouchis, uno de los grandes pintores griegos del siglo pasado que también hizo trabajos escenográficos para los grandes teatros europeos. Declarado homosexual, en su pintura aparece su obsesión por el cuerpo masculino. En los comienzo, sus muestras fueron censuradas por cierto contenido homoerótico que fue considerado un insulto. Con el tiempo fue reconocido y respetado.
En perspectiva, los caminos entre uno y otro tienen varios vasos comunicantes. Dimitris se inició en la pintura y realizó cómics de imagen homoerótica con hombres sensuales y potentes que, desde otra óptica, suelen habitar sus espectáculos. Cuando devino en un artista escénico, con otros artistas tomó una casa abandonada que transformó en un teatro con sus 60 sillas diversas. Sin dudas que en 2004 lo hayan convocado para la realización de la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos implicó todo un reconocimiento tanto en el mundo del arte como en establishment.
"Mi experiencia en los Juegos Olímpicos permitió ejercitar mi herramienta. Diría que fue un buen ejercicio para la artesanía del teatro ya que venía de experimentar en pequeños espacios. Fue como sacarle punta a un lápiz. Me puso un poco fóbico por mi propia exposición. Igual nadie iba a ver mi trabajo, sino la ceremonia de apertura, eso tranquilizaba. Ahora la gente viene a ver mi trabajo y eso es una situación un tanto más honesta. Lo otro, si fuera un arquitecto, diría que me pidieron que construyera un enorme puente para que la gente lo cruce. Y eso siempre da miedo porque el puente no tiene que colapsar", dice el arquitecto de imágenes y situaciones imposibles.
Para no colapsar en ese proceso que implicó la realización de apertura de esos Juegos Olímpicos en su ciudad de origen tomó contacto con dos artistas que admira mucho: Laurie Anderson y Björk. Anderson se convirtió en su coach y, con el tiempo, su amiga ("eso es lo que mejor me salió de aquello"). Björk cantó una canción. Cuatro años después, como entablando un puente con su maestro de los inicios que había hecho la escenografía de Medea, hizo su propia versión de Medea. Un año después montó Nowhere, cuya escena principal es un homenaje a Pina Bausch. Hace tres años fue el turno de Primal Matter, en la que actúa. La escena final de Still Life termina con el escenario cubierto de ladrillos destruidos iluminado por un cielo cargado de nubes que parece anticipar una tormenta.
-¿Esa imagen es Grecia actual?
-Mucha gente piensa eso.
-¿Y vos?
-También. Me gusta que esa escena sea leída como una síntesis del drama actual griego, aunque no sea sólo eso. Pero no soy la persona adecuada para poder explicar otras lecturas. Es como contarle a alguien qué tipo de amante sos, otros deberían hablar de eso.
Y se ríe con ganas. Mañana a la mañana, temprano, lo pasarán a buscar para ir a un aeropuerto que lo dejará del otro lado del Atlántico, en donde Dimitris cumplirá con el rito de seguir asombrando al mismo asombro.
1- 2
Ámbar de Benedictis se dio un chapuzón en las playas de Punta del Este y sorprendió por el parecido con su madre, Juana Viale
- 3
El apoyo de la esposa de Julio Iglesias, Miranda Rijnsburger, con un discreto mensaje en redes
4El álbum de fotos de Pampita desde el Caribe y la llamativa bikini que eligió
