
Dos intérpretes en un mundo sombrío
1 minuto de lectura'
"Sigue la tormenta" , de Enzo Cormann. Traducción: Fernando Gómez Grande. Intérpretes: Omar Fanucchi, Iván Moschner. Diseño de sonido: Nicolás Diab. Diseño de iluminación: Héctor Martínez. Realización de títere: Alicia Rajlin, Oscar Muñoz. Diseño de escenografía y vestuario: Rafael Fernández. Asistente de escena: Natalia Freijo. Asistencia de dirección: Sergio Deva. Dirección: Rafael Fernández. En el Teatro del Abasto, Humahuaca 3549. Sábados, a las 23, y domingos, a las 17.
Nuestra opinión: bueno
Dos artistas se encuentran en un ámbito aislado. La casa de Theo Stainer, un viejo artista retirado de la profesión y, en apariencia olvidado, es el lugar elegido por el joven director Nathan Goldring para proponerle al primero un acercamiento artístico que podría redundar en una posibilidad de trabajo de ambos. Algo de fascinación por el viejo artista promueve un interés particular en Nathan. Theo ha sido un gran intérprete y su sapiencia bien puede ser aprovechada todavía.
El primer encuentro entre ambos posibilita al espectador tomar contacto con algo de las vidas de estos hombres, son detalles mínimos, particularidades que podrían justificar la edad y la actividad de cada uno. Pero como las visitas de Nathan se repiten, poco a poco, un mundo se devela y aquí no sólo entran a jugar unas historias artísticas sino también una realidad social que, a uno y a otro, conmueve y provoca profundamente.
El texto del francés Enzo Cormann es de una gran calidad. El autor construye a sus personajes con una singular precisión. Progresivamente ellos van dejando ver sus verdaderas conciencias y, sobre el final, una gran devastación habitará a los espectadores, como si en verdad Theo y Nathan fueran despojándose de sus mundos internos para dejarlos en la platea.
Personajes oscuros
La puesta de Rafael Fernández se define en la búsqueda de un clima de opresión que continuamente va acompañando a los intérpretes y a la vez se impone descubriendo algo de la vida de ambos, almas sombrías que esconden miserias muy conmocionantes.
Aunque heterogéneo, el trabajo interpretativo busca profundizar en esos complejos mundos internos, y mientras Omar Fanucchi construye a Theo Stainer sin terminar de apropiarse de él, Iván Moschner juega con la locura de Nathan Goldring a su gusto y resulta un coprotagonista ideal. Con fuertes sutilezas va definiendo a su personaje y con logros muy meritorios. Por su parte Fanucchi, en algunas escenas, se muestra muy dudoso frente a los parlamentos que le han tocado en suerte y esas dudas terminan perjudicando su composición, que no termina de resultar lo suficientemente inquietante. Es que se trata de un personaje con aristas muy complejas y mantenerlo en pie tiene sus dificultades.



