
Drácula, el musical
Juan Rodó ahora está acompañado de auténticas revelaciones en los papeles protagónicos
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Libro, letras y dirección: Pepe Cibrián Campoy. Música: Angel Mahler. Intérpretes: Juan Rodo, Candela Cibrián, Luna Pérez Lening, Leonel Fransezze, Adriana Rolla, Germán Barcelo, Emilio Yapor, Victoria de Vincentis, Diana Amarilla, Mariano Zito, Mariano DÍaz, Rodrigo Rivero, Florencia Spinelli, Gabriela Peyrano, Julieta Goncalves, Nahime Fernández, Ignacio Francavilla, Ezequiel Rojo, Leonel Sorrentino, Diego Rodríguez, Ezequiel Salman, Mauro Murcia, Penelope Bahl, Rodrigo Rivero, Sofía Petignat, Facundo Miranda, Eluney Salazar, Carolina Manfredi, Constanza Charro, Michelle di Russo, Lautaro Calzona y Germán Martins. Vestuario: Fabián Luca y Alfredo Miranda. Dirección Musical: Angel Mahler y Damián Mahler. Escenografía: Carlos López Cifani. Sonido: Osvaldo Mahler. Coros: Gabriel Giangrante. Asistente de puesta en escena: Hernán Kuttel. Teatro: Astral. Duración: 180 minutos.
Nuestra opinión: buena
Para quienes estuvimos presentes el día del estreno de Drácula, el musical, allá lejos, en agosto de 1991, es muy difícil olvidar algunas postales. El escenario del Luna Park era imponente. La escena de la tormenta, inmensa, que Cibrián resolvía con tan poco: decenas de actores corriendo debajo de una inmensa sábana que cubría las gradas del sector del estadio que da a Lavalle daban la sensación de un oleaje clamante. Esos gitanos que danzaban en la penumbra, cargando ataúdes; la sombra de Drácula ocupando la inmensidad del Luna Park y esos 64 artistas tan potentes. Todo era grande.
Fue una cosa y esta es otra. Este Drácula más íntimo, hecho para el pequeño escenario del Astral no tiene esa grandilocuencia creativa, está mucho más cerca, tiene más costuras. Pero sigue siendo Drácula .
Cuando sus hacedores hablaban de un nuevo montaje, de ajustes y cambios no se trataba sólo de un discurso de avance. Tanto Mahler en su partitura, como Cibrián en su libro han hecho modificaciones importantes. En la música es donde se ven los mayores cambios. Angel Mahler, con el aporte de su hijo Damián (jovencísimo talento en crecimiento feroz) ha sumado melodías, ha reinterpretado otras y se dio el gusto de hacer algunas exquisiteces instrumentales, como en el solo de Drácula. Los violines, en este montaje tienen un papel protagónico en lo musical.
Por su parte, Cibrián recuperó algunas escenas que había extirpado en su estreno original, como la del asilo de Whitby (lástima que no recuperó el baile de las mascotas, de melodía encantadora). Pero el mayor acierto entre todos estos cambios está en el mayor desarrollo que se le dio al personaje de Van Helsing. Ahora se sabe el origen de este personaje y el porqué de su obsesión. A su vez, también son muy acertados algunos cambios sutiles en algunas canciones. Esos arreglos enriquecieron la dramaturgia y le brindaron mayor poesía.
Pero lo mejor del regreso de este clásico de Cibrián-Mahler es el elenco protagónico, tal vez uno de los mejores que haya tenido este musical.
Juan Rodó deja en claro por qué es un sempiterno Drácula. Conoce a la exactitud a su criatura y sabe cómo cambiar su ferocidad por ternura en algunos tramos. Sus contrapuntos femeninos son dos gratísimas sorpresas. Candela Cibrián le da a Mina todo lo que necesita: drama, incertidumbre, ternura y valentía. Todo eso lo transmite en cuerpo y voz (qué hermosa voz). Como Lucy, Luna Pérez Lening también es una revelación. Fuerza dramática y seguridad plena.
Por su parte, Germán Barceló vuelve a destacarse en una verdadera composición, como Van Helsing. Le dio personalidad a su criatura y fuerte presencia escénica. Esta versión de Drácula es la reivindicación de Van Helsing. Entretanto, Leonel Fransezze tiene una potente voz, pero no le alcanza del todo en lo interpretativo.
Un párrafo aparte merece Adriana Rolla, como Nani. Su soliloquio cantado es un momento supremo. Difícil de olvidar. Conmueve, enternece y hace erizar la piel en esa plegaria que tan bien escribió Cibrián. Su trabajo es una clase magistral para cualquier intérprete de teatro musical: actriz intensa y cantante sublime.
El resto del elenco tiene altibajos y algunos -los que no saben bien qué interpretan- son presa fácil de la sobreactuación. Merecen destacarse Mariano Zito, Emilio Yapor, Victoria De Vincentis, Gabriela Peyrano y Florencia Spinelli.
Sin la majestuosidad del origen, sin tanto efecto especial, pero con profesionalismo, Drácula sigue vigente.
APOSTILLAS
Cecilia Milone, quien encarnó a Mina Murray en la versión original, no pudo asistir a la función porque está trabajando en la comedia ¿Y dónde está papá?, junto a Rodolfo Ranni, Alberto Martín y otra histórica de Drácula: Graciela Tenenbaum. Pero se acercó un rato antes de la función y pidió bajar al camarín de Candela Cibrián, la nueva Mina. Además de abrazarla (la conoce de chiquita) y desearle mucha suerte, le obsequió el mismo amuleto, de gran valor emocional para ella, que usó en el estreno. Fue la primera de las múltiples emociones que tuvo la joven intérprete en la noche del estreno. Al fondo de la sala, su tío Pepe lagrimeando; en uno de los palcos cercanos al escenario, sus padres hinchados de orgullo.




