
El caso de un ratón sin historia
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"El Ratón Pérez, tu primer musical". Libro, letras y dirección general: Pepe Cibrián Campoy. Con: Nacho Medina, Alejandro Poggio, Lucas Arbues Seijas, Ana Fontán, Damián Iglesias, Lorena García Pacheco, Pamela Tello, Hugo Leiva y elenco. Música original: Angel Mahler. Diseño de escenografía y vestuario: René Diviú. Diseño de iluminación: Pepe Cibrián Campoy, Alejandro Cayrus y Ariel Greblo. En el Premier. Estreno: 21 de mayo.
Un grupo de padres busca desesperadamente a Pérez, el ratón que hace días dejó de cumplir su misión de premiar a los chicos por la pérdida de un diente. No aparece, está deprimido. Es que Pérez también perdió un diente y no tiene ratón que lo premie a él. Sus amigos los gatos lo convencen de iniciar la búsqueda de su propio ratón. Luego de varias peripecias, que incluyen un encuentro con un pirata, una bruja y un científico loco, todo termina en un encuentro consigo mismo.
Eso sí, se trata de un musical por lo que todo sucede a través de cuadros con canciones y coreografías, con una ausencia casi total de diálogos. Y no es un dato menor lo de los diálogos ya que tratándose de un espectáculo dirigido a niños pequeños su ausencia enmaraña un poco la historia por más lineal y sencilla que se la presente. Con la ayuda de distintos ritmos que van desde baladas melancólicas, hasta un pegadizo hip hop, pasando por canciones de cabaret y un carnaval, la dupla Cibrián Campoy-Mahler va contando esta historia que parece dejar de importar en sí misma, para darle paso al despliegue visual y coreográfico, cosa que no está mal.
Pero a la hora de contestar las preguntas de los más chicos, que apuntan a llenar algunos baches de la narración, un adulto también cae en la cuenta de que no termina de quedar en claro si el ratón ya perdió o está por perder el diente; si los premios que repartía eran otros dientes; si en la moraleja se habla de encontrarse a sí mismo solamente, o que el premio está en tener amigos. Nada grave, pero son datos que obligan a que los padres hagan uso de la imaginación. Quizá si la música no sonara tan estridente y tapara las letras de canciones, obviamente, desconocidas para grandes y chicos, la historia (literalmente) sería otra. Y los adultos saben qué produce la distracción en los chicos: lo menos problemático es que pregunten a los gritos "¿dónde está el ratón?", porque termina siendo Don Pérez el atractivo más fuerte, y no es casual, ya que es el personaje mejor definido hasta en lo que se refiere al vestuario. Por dar sólo un ejemplo, los gatos, demasiado humanizados y tan cargados de pieles, pinturas y chalecos, pierden un poco el perfil.
Cambio de pantalla
En cuanto a la promocionada escenografía digital, no es mucho más que una pantalla de fondo que cambia los escenarios en los que transcurre cada escena, y de la real es justo decir que cumple con su propósito, pero de la manera más sencilla y hasta rudimentaria. Y de los efectos especiales, no se puede dar crédito ya que el día del estreno hubo un problema técnico que coartó alguna iniciativa en ese sentido.
Lo que queda claro es que el ratón es muy poderoso como personaje, será por las historias personales a las que inevitablemente remite o por la enorme promoción publicitaria que ha tenido (hay que saber que este musical forma parte de un megapaquete ratonil que incluye una película, un circo, una casa en un parque de diversiones, rincones en varios restaurantes, giras en el interior y en el exterior). La cosa es que su sola presencia hace bramar a la platea infantil aunque cante, baile o trine.



